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REFERENTE: El mundo según Pato Navia

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Patricio Navia es profesor asistente adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Nueva York y profesor de ciencia política del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales.

Estudió en la Universidad de Illinois, en Chicago, donde obtuvo un B.A. en Ciencias Políticas y Sociología en 1992. Dos años después obtuvo un Master of Arts en Ciencias Políticas por la Universidad de Chicago. En mayo de 2003 obtuvo un PhD en la Universidad de Nueva York

 

Diciembre 5, 2009

Por qué voto por ME-O

Patricio Navia

The Clinic, jueves 2 de diciembre 2009

El 13 de diciembre, voy a votar por Marco Enríquez-Ominami. Sea cual sea el resultado de la primera vuelta, mi voto habrá ayudado a cambiar Chile para mejor. Naturalmente, me gustaría que ME-O pasara a segunda vuelta, que su candidatura siguiera provocando cambios y que sea el próximo presidente. Pero su irrupción en la carrera presidencial ya se justifica con creces. Después de esta elección, Chile no será el mismo país. Buena parte de esos cambios se deben a su candidatura.

Soy concertacionista. Estoy con ME-O porque creo que la Concertación tiene que cambiar para enfrentar los desafíos de hoy. Marco puede liderar exitosamente ese proceso. La democracia chilena es lo suficientemente sólida como para sobrevivir a una derrota de la Concertación. Así como en 1988 era ilógico que el dictador Pinochet amenazara con el “yo o el caos”, es antidemocrático que desde la Concertación adviertan sobre inestabilidad social y política en caso de ganar Piñera. No me gustan esos “nosotros o el caos”. Para que la democracia funcione, debe haber al menos dos opciones razonables. La decisión no puede ser entre mi opción y el caos. Si las opciones son la Concertación o el caos, Chile no tiene democracia. Estoy con Marco porque rechazo ese chantaje moral que pretenden algunos en la Concertación.  Si la Concertación ha de seguir en el poder, debe ser porque demuestra ser mejor y no porque la gente tenga temor a las alternativas.

La Concertación lo hizo muy bien en estos 20 años. Sus aciertos superan con creces sus errores. Hubo errores garrafales (entre los más recientes, la seguidilla que terminó con la renuncia de ME-O al PS y que ha inducido a tantos concertacionistas a apoyar a un candidato que corre por fuera). Pero el balance final es enormemente positivo. Chile es hoy un país mucho mejor que cuando terminó la dictadura. La alegría de la democracia y el desarrollo llegaron. Pero es evidente que hay que seguir avanzando. Falta desarrollo, más oportunidades, una cancha pareja, un mejor Estado, mejores marcos regulatorios. Mientras niños pobres sigan en escuelas que los preparan para el Baile de los que sobran, no podemos sentirnos satisfechos. Mientras haya hospitales con un servicio miserable y gente sin oportunidades, no podemos sentirnos ganadores.

Voto por Marco porque siento que la Concertación perdió esa sensación de urgencia. Después de 20 años, parece más preocupada de las excusas que de los sueños, cargada más a los tecnócratas que a los poetas. Por cierto, me identifico con los tecnócratas. En cierto modo, soy uno de ellos. Los tecnócratas son capaces de hacer realidad los sueños; no ganan elecciones ni construyen sueños de país. Los poetas son los que convocan a soñar. La Concertación se quedó sin sueños. La inclusión social, la igualdad de oportunidades, la educación de calidad para todos, acceso igualitario a la salud y una cancha pareja son sueños que se sienten más en Marco que en el candidato oficial de la Concertación. Esos sueños existen en el concertacionista, pero no en los líderes de los partidos. La candidatura de Marco refleja y simboliza esos sueños.

No estoy con Marco porque sea un candidato perfecto. No existen los candidatos perfectos. Sus debilidades son evidentes. Su mala dicción, su lado frívolo, su personalismo exacerbado, su irreflexiva personalidad, su afán por provocar y su falta de experiencia son debilidades que lo deberían hacer el más improbable de los candidatos. Pero Marco tiene una buena chance de pasar a segunda vuelta pese a que la gente conoce sus debilidades. Su fortaleza radica en su entusiasmo, en su voluntad, en su convicción de creer que es posible, en su valentía de atreverse a intentarlo, en ese sentido de urgencia. Su fortaleza es que él posee en abundancia muchas de las cosas que la Concertación perdió.

En parte, su éxito se explica porque el electorado quiere enviar un mensaje de protesta a la Concertación. Los cambios en las reglas de primarias (que devinieron en primarias truchas), la equivocada lógica de que la democracia le hace daño a la Concertación (con empujones de por medio) demostraron que la Concertación había extraviado el camino. Ni Eduardo Frei, ni los arrepentidos pre-candidatos Ricardo Lagos o José Miguel Insulza demostraron preocupación por la voluntad del pueblo concertacionista. Lagos condicionó su candidatura a no tener primarias y a influir en la lista parlamentaria. Insulza ni siquiera se atrevió a competir. Frei guardó cómplice silencio cuando la Concertación cambió las reglas del juego para asegurarle la victoria.

Las críticas que emanan desde el comando de Marco hacia la candidatura de Frei y las que salen desde el comando de Frei hacia Marco son verdades a medias. Han sido injustas en ambas direcciones. Frei es un buen hombre. No creo que sea el más apropiado para liderar el próximo cuatrienio, pero sé que debe ser un aliado para promover reformas. Me duele cuando Marco  lo critica directamente. Tampoco me gusta que desde el comando de Frei critiquen injustamente a Marco o cuando el propio Frei se niegue a reconocerlo como candidato legítimo. Al ignorarlo, Frei muestra no entender las razones que explican su irrupción.

Cuando Marco es denostado por haber sugerido privatizar parte de Codelco, sus críticos olvidan que Andrés Velasco pidió lo mismo y que el propio Frei abrió empresas públicas a capital privado. Las sanitarias, concesionadas a privados, entregan mucho dinero al fisco, pero entregarían más si fueran totalmente públicas. Claro, de haber seguido siendo públicas habría habido menos inversión y su manejo sería menos eficiente. Pero por las mismas razones que Frei abrió las sanitarias a inversiones privadas, es saludable que con Codelco se haga lo mismo. Frei no reconoce eso porque termina siendo preso de intereses creados que van contra el pragmatismo que demostró como presidente. Cuando Marco es criticado por sumar adherentes de derecha, sus críticos olvidan que para ganar hay que sumar, convocar gente nueva, aunar voluntades, ir más allá de los mismos de siempre, incluir. ¿No sería bueno acaso que Frei también sumara apoyo de una derecha liberal?

Si Marco pasa a segunda vuelta, necesitará el apoyo de Frei y de la Concertación. Pero no se podrá desoír la voz de la gente. Los líderes de los partidos concertacionistas deberán abrirse a un recambio generacional (no necesariamente de edad, pero sí de actitudes).

Si Frei logra el segundo lugar, necesitará los votos de Marco. Pero el mensaje del electorado será claro. No podrá haber negociación tras bambalinas, sino a la luz del día. Para llegar a La Moneda, Frei deberá sumar las demandas que personifica y representa Marco. Una buena parte del electorado concertacionista vota por Marco porque quiere que Frei y los partidos entiendan que hay que incluir y abrir espacios para la participación ciudadana y hay que fortalecer la democracia interna en los partidos.

Voto por Marco porque conozco sus imperfecciones y me tranquiliza saber que él también las reconoce y acepta. No me dice con soberbia que va a ser presidente, sino que humildemente pide mi voto.

Creo que la Concertación tiene futuro, pero debe ser profundamente remecida para despertarla, renovarla y liberarla de una elite que se ha apropiado de sus partidos y que crecientemente se ha olvidado de la gente. Voto por Marco porque creo que de los tres candidatos del mundo concertacionista, es el que mejor puede liderar ese cambio que necesita la Concertación.

No quiero descalificar a Frei, quien tampoco es perfecto. Quiero que Frei vote por Marco en segunda vuelta. Si Frei pasa a segunda vuelta, quisiera que Marco vote por él. Pero en ambos casos, habrá que hacer concesiones y escuchar la voz de la gente.  Los candidatos del mundo de centro-izquierda deberán acatar la voluntad popular y comportarse con la responsabilidad que sus votantes demandan. Tampoco creo que los líderes de los partidos se deban ir para la casa. Ellos tienen un rol que jugar para construir un país mejor. Pero el liderazgo de la Concertación lo deben ejercer aquellos que gocen de auténtico apoyo popular y no sólo aquellos que hayan capturado las maquinarias de los partidos.

El 13 de diciembre voy a votar por Marco confiado en que es el mejor candidato para liderar la renovación que necesita la Concertación y el mejor para liderar a Chile. Sea cual sea el resultado, estaré satisfecho de que hice algo para ayudar a rescatar a la Concertación, para darle nueva energía. Espero que la primera vuelta lleve a Frei y Enríquez-Ominami a escuchar y acatar la voluntad del electorado de centro-izquierda, y anticipo que apoyaré al candidato de centro-izquierda que pase a segunda vuelta. Lamento que esto haya llegado hasta diciembre cuando se pudo solucionar en primarias abiertas y vinculantes meses atrás. Pero no me arrepiento de haber apoyado un candidato que se atreve a soñar y comparte ese sentido de urgencia de saber que, pese a que hemos hecho tanto, falta todavía tanto por hacer.

Mayo 29, 2009

¿Es Chávez o es Obama?

La desigualdad obstinada, una gerontocrática y agotada coalición de gobierno, y una Alianza que no practica la libertad con igualdad de oportunidades, hacen que Chile pida a gritos un líder que prometa recambio, libertad e igualdad. ¿Será Marco Enríquez-Ominami esa persona?
Por Patricio Navia

http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=1891

Mayo 24, 2009

Discurso 21 de mayo: ¿A repetirse el plato?

La Tercera, mayo 21, 2009

Aunque no logre superar el entusiasmo y el simbolismo histórico de su primera rendición de cuentas al país, el 2006, el último 21 de mayo de Bachelet será el más dulce para la primera mujer en llegar a La Moneda.

Pese a que ha sido un período discreto en términos de producción de leyes, con más errores (Transantiago, fallidas reformas educacional y política, democracia participativa) que aciertos (red de protección social), Bachelet se encamina a la recta final con la frente en alto.

La Concertación está en peor estado que cuando ella llegó y podría cargar con su primera derrota electoral. Las relaciones con los países vecinos han empeorado bajo su gobierno y la tasa de crecimiento de la economía es la más baja desde el retorno de la democracia. Medido respecto de los ejes que ella misma enarboló en su discurso de 2006 (pensiones, educación, innovación y emprendimiento, y calidad de vida en las ciudades), su legado sólo logró nítidamente uno de los objetivos: la reforma de pensiones.

Pero Bachelet es querida por la gente y su desempeño actual es aprobado por el 70% de la ciudadanía. Y esa popularidad se debe, en buena medida, a lo providencial que resultaron las posturas que asumió la Presidenta -aunque no tan convencida- en los primeros años de su administración. Cuando el cobre alcanzaba precios astronómicos,

Bachelet no accedió a las demandas por gastar más que provenían de la Concertación y optó por la disciplina fiscal de su ministro de Hacienda.

Pese a esas presiones de los partidos oficialistas, Bachelet mantuvo a Velasco en Hacienda. Y aunque públicamente también apoyó a Osvaldo Andrade en Trabajo -desde donde regularmente se torpedeaban las iniciativas de Hacienda-, en todas las pugnas relevantes se impuso siempre la visión de Velasco.

La propia Bachelet reconoció no estar convencida de la estrategia de disciplina fiscal cuando confidenció  que regularmente le preguntaba a Velasco por qué no se podía gastar más. Pero los cambiantes vientos del mundo dieron la razón a Hacienda y ahora la Mandataria tiene una billetera llena para repartir en un país que pasa por su peor crisis económica desde 1982.

En campaña, Bachelet se autoimpuso la meta de que en su gobierno nadie se repitiera el plato. Ahora, el círculo más íntimo de la Presidenta comienza a emitir señales de que el síndrome de platos repetidos podría reaparecer y especula sobre un posible retorno a Palacio en 2014.

Porque el ejercicio del poder acostumbra a todos los políticos, tengan faldas o pantalones,  puede que la popular Presidenta, sus cercanos y sus re-convencidos aliados piensen que tal vez este no tiene por qué ser el último discurso de Bachelet un 21 de mayo.

Mayo 7, 2009

Brasil adelante, México atrás

Infolatam
Nueva York, 6 de mayo 2009

Mientras México ha mirado a Norteamérica y parece haberse olvidado del resto del mundo, Brasil mira mucho más al resto del mundo que a Norteamérica. De hecho, una mayor integración comercial con Norteamérica probablemente constituya una oportunidad adicional de desarrollo para Brasil en los próximos años.

Hace 20 años, México parecía avanzar más decididamente en reformas y consolidación democrática que Brasil. Por eso, aunque la situación ahora sea inversa, México puede retomar el liderazgo que alguna vez tuvo en América latina. De hacerlo, además de beneficiarse a sí mismo, México impulsaría el desarrollo del resto de América latina”.

Sigue en: http://www.infolatam.com/entrada/brasil_adelante_mexico_atras-13777.html

Mayo 6, 2009

la ruta de Frei

Ya proclamado candidato de la Concertación, Frei todavía tiene la tarea de convencer que lo suyo no es sólo un intento desesperado de su coalición por mantener el poder.

El hecho de que Eduardo Frei Ruiz-Tagle tenga una razonable chance de ser el primer chileno en ser reelecto Presidente desde Arturo Alessandri en 1932, demuestra que en política las campañas y las coyunturas importan, y que la tenacidad y la perseverancia a veces rinden frutos. Porque ha puesto una razonable cuota de incertidumbre a lo que hasta hace poco parecía una victoria segura para Piñera, el despegue de Frei es la noticia política más importante en Chile en estos últimos seis meses.

Sigue en:
http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=1779

Mayo 3, 2009

Andrés Velasco, Jefe de campaña

La Tercera, Mayo 3, 2009

A tres semanas del último discurso de Bachelet ante el Congreso, crecen las expectativas sobre un nuevo estímulo económico. En tanto la Presidenta logre que el esperado paquete de medidas contraste las prioridades de su gobierno con las de la Alianza y demuestre que la Concertación sí sabe conducir al país, el principal beneficiado del nuevo estímulo fiscal será el candidato oficialista Eduardo Frei.  Por eso, cuando Bachelet anuncie sus medidas el 21 de mayo, el conductor de la política económica, Andrés Velasco, se convertirá involuntariamente en el jefe de facto de la campaña presidencial concertacionista.

Así como Pinochet tuvo un Jaime Guzmán que dotó de un contenido ideológico y de legado institucional al régimen militar, Bachelet ha contado con Velasco para dar sustento a sus promesas de una red de protección social e igualdad de oportunidades.

Es cierto que el mérito es del mandatario que decide seguir los consejos de su asesor. Cuando mayor presión recibió de la propia Concertación para sacarlo, Bachelet mantuvo a Velasco. Esa decisión, más que sus atributos personales, explica por qué Bachelet termina su gestión con una popularidad impensada en un contexto de crisis. Después de todo, la Presidenta es igual de simpática hoy que cuando arreciaban las protestas estudiantiles o el Transantiago ocupaba la agenda y su popularidad estaba por el piso.

Pero ya que en la época más dura optó por apoyar las políticas contra-cíclicas defendidas casi exclusivamente por Velasco, Bachelet puede ahora anunciar ambiciosos paquetes de estímulo económico y ser aclamada tanto  por la izquierda más recalcitrantemente estatista, como por los organismos y observadores internacionales militantemente neoliberales.

A diferencia de Guzmán, cuyo legado no ha dejado de ser controversial y cuyos postulados han sido criticados por disonantes con los principios democráticos, Velasco ha salido fortalecido de su travesía del desierto y reconocido como visionario. Como el relato bíblico de José en Egipto, supo ahorrar en años de vacas gordas para enfrentar los años difíciles. Casi bíblicamente también, su compleja hazaña política fue coronada con un verdadero milagro en su seno familiar del que todo el país fue emocionadamente testigo y que le permitió comprometerse sentidamente a trabajar para que todos los niños de Chile tuvieran las mismas oportunidades que tuvo su hija tras un casi fatal accidente.

En su último año, Bachelet inevitablemente mira más hacia la construcción de su legado que hacia la política cotidiana. Su lugar en la historia estará parcialmente definido también por los resultados de la elección de diciembre. Precisamente porque ya ocupará un lugar destacado como la primera mujer en llegar a La Moneda, Bachelet no quiere ser también quien cierre la era concertacionista.

Sus incentivos están perfectamente alineados con la agenda electoral de Frei. Nada coronaría mejor su cuatrienio que entregar la banda presidencial a otro concertacionista. Esa victoria la pondría incluso en la lista corta de presidenciables para 2013.

Las posibilidades de Frei dependen, primero que nada, de la capacidad del gobierno para enfrentar la crisis. Hasta ahora, la impecable conducción de La Moneda ha impulsado las opciones del senador DC. Las medidas a anunciarse el 21 de mayo podrían terminar de catapultarlo como favorito para ganar en diciembre. Si logra asociar su campaña con la popularidad de Bachelet y con las medidas paliativas del gobierno, Frei tendrá la mitad del camino recorrido. Y Velasco-el mismo a quien Frei reprochó sus políticas de austeridad y ahorro fiscal en 2007-se habrá convertido en el principal activo sobre el que construya su camino de regreso a La Moneda.

Mayo 3, 2009

El despegue de Frei

Revista Poder, #14, mayo de 2009

El hecho que Eduardo Frei Ruiz-Tagle tenga una razonable chance de ser el primer chileno en ser re-electo presidente desde Arturo Alessandri en 1932 demuestra que en política las campañas y las coyunturas importan, y que la tenacidad y perseverancia a veces rinden frutos. Porque ha puesto una razonable cuota de incertidumbre a lo que hasta hace poco parecía una victoria segura para Piñera, el despegue de Frei es la noticia política más importante en Chile en estos últimos seis meses.

Pese a haber realizado un gobierno bastante exitoso—5,5% de crecimiento promedio anual y 6,2% de inflación—Frei quedó marcado por la recesión de su último año de gobierno. La crisis asiática—ayudada por una errática respuesta de la Moneda, que falló en la coordinación con el Banco Central y en demostrar liderazgo—dejó en la memoria colectiva un amargo recuerdo de un sexenio que tuvo más luces que sombras. Pero los problemas de Frei no fueron sólo económicos. Comenzaron bastante antes de la crisis asiática. Ya en 1997, Frei tenía sólo un 33,3% de aprobación (y un rechazo de 37%). El estilo privilegiado por Frei, de un presidente ausente que empoderada a sus ministros pero que no estaba constantemente ante las cámaras, le pasó la cuenta. Su incapacidad para comunicar, para dialogar y presentar sus iniciativas activamente ante el país le restaron popularidad. Cuando las cosas iban bien, los chilenos no asociaron el éxito con Frei. Cuando las cosas empezaron a andar mal, todos culparon al presidente.
La percepción de presidente ausente se evidenció en la infundada creencia de que Frei se la pasaba viajando. Aunque no realizó más viajes internacionales que Ricardo Lagos, Frei dejó esa impresión por su estilo gerencial de liderazgo. La Concertación también entró en el callejón de una crisis política de la que no ha podido salir hasta hoy. El alto abstencionismo y la elevada tasa de votos nulos en las parlamentarias de 1997 justificadamente generaron preocupación en el oficialismo. Los chilenos habían perdido ese idílico primer amor con el proyecto de transición a la democracia.

Cuando las rencillas internas reemplazaron el discurso de unidad, cuando las peleas por controlar los aparatos de partido ocuparon el espacio que antes tenía Pinochet y los temores a una regresión autoritaria, la Concertación descendió de la épica transicional a la vulgar normalidad  política. Frei estaba al mando cuando la Concertación dio el inevitable paso hacia el realismo las razones de Estado. Adicional, y equivocadamente, el gobierno de Frei intentó acallar la deliberación en la coalición oficial. Los autocomplacientes y los autoflagelantes vieron frustrados desde La Moneda sus intentos por debatir el futuro de la coalición. El arresto de Pinochet en Londres en octubre de 1998  y la recesión de 1999 pusieron fin a un sexenio que empezó mucho mejor de lo que terminó.

Si bien ocupó inmediatamente un escaño vitalicio en el Senado, a Frei le costó sacarse de encima el recuerdo de un gobierno que terminó mal. Sus aspiraciones presidenciales se complicaron por la mala evaluación que de él tenía la gente. En la encuesta del CEP de julio de 2004, un 54,4% señalaba que “en ningún caso” votaría por Frei para presidente. Esa encuesta catapultó a Soledad Alvear como la abanderada mejor posicionada de su partido. Después de un difícil enfrentamiento con Adolfo Zaldívar, Alvear fue proclamada candidata DC a comienzos de 2005. Ante la creciente popularidad de Michelle Bachelet, Alvear abandonó la carrera antes de las primarias, permitiendo que Bachelet se consagrara como candidata concertacionista a mediados de 2005. Frei se concentró en la elección senatorial en Valdivia, donde alcanzó un decepcionante segundo lugar con un 35,9%. Su compañero de fórmula, un desconocido candidato radical obtuvo un 16% de los votos. Frei quedó dos puntos por debajo del RN Andrés Allamand, que corría sólo en la Alianza.

Pero, contrario a lo que normalmente ocurre con políticos derrotados, Frei pareció transformarse positivamente en la adversidad. En el Senado, demostró independencia y sentido común. Cuando estimó conveniente, criticó duramente al gobierno. Pero con igual soltura, esgrimió fuertes defensas de Bachelet. Sus críticas al Transantiago y al ministro de Hacienda fueron duras, pero leales. Utilizando mucho sentido común y pragmatismo—aunque posiblemente una mala selección de términos y conceptos—Frei llamó a “nacionalizar” el Transantiago a mediados de 2007. El presidente que más había privatizado sugería pragmáticamente que el Estado se hiciera cargo del sistema de transportes hasta que se arreglara y pudiera ser privatizado. Aunque su idea hubiera atraído más apoyo si hubiera hablado de intervención temporal o salvataje, Frei dejó en claro que a la hora de diseñar e implementar políticas públicas su norte era siempre el pragmatismo.

A comienzos de 2008, cuando sus aspiraciones presidenciales eran evidentes, Frei aparecía detrás de Lagos, Insulza y Alvear en las encuestas y en las apuestas. Pero a medida que los favoritos fueron cayendo o dejando la carrera, la persistencia de Frei rindió fruto. Pero su crecimiento se debió más que nada a que los favoritos fueron cayendo, no a un sorpresivo aumento en su popularidad.

Ya proclamado candidato de la Concertación, Frei todavía tiene la tarea de convencer que lo suyo no es sólo un intento desesperado de su coalición por mantener el poder. Si bien las encuestas lo ubican en un promisorio segundo lugar, se hace complicado que un ex presidente bien conocido en el país pueda raspar la olla para subir su intención de voto. Aunque ha demostrado que puede sorprender con propuestas y declaraciones, Frei también se ha visto forzado a tener que defender y explicar el legado de su sexenio. Aunque está mucho más extrovertido, sigue siendo Frei, un hombre más bien parco, con dificultades para comunicar claramente sus ideas y poco telegénico. Cómo líder de una coalición agotada y más preocupada de mantener granjerías y privilegios que de realizar propuestas que entusiasmen al país, Frei no es el candidato más adecuado para enviar una señal de renovación.

Para la Concertación, Frei es lo que hay. Para la gente, Frei deberá mostrarse como un candidato que sin tener todas las luces que despega con exceso Piñera, posee muchos menos pasivos que las evidentes debilidades y conflictos de intereses que sus propios aliados reconocen en el candidato de la Alianza. Ya que la Concertación se esforzará en resaltar las debilidades de Piñera—porque además resulta difícil intentar presentar a Frei como un candidato de cambio, renovación y nuevas energías—esta campaña presidencial tendrá muchos elementos negativos y de descalificaciones.

Ya proclamado candidato presidencial de la Concertación, con un gobierno políticamente más entusiasta que efectivo, con una situación económica difícil que convertirá a La Moneda en la principal promotora del empleo en 2009, Frei inicia una difícil campaña. Pero como el avión presidencial de la Concertación ha presentado problemas técnicos y la tripulación parece cansada y carente de ideas, el piloto sabe que buena parte de su suerte depende de que el helicóptero de Piñera no se eleve tanto. Así, el éxito del despegue de Frei tiene tanto que ver con su propia capacidad para convocar apoyos como con la habilidad de la Concertación para lograr un aterrizaje forzoso de un Piñera cuya campaña despegó—no sin problemas propios—hace ya bastante tiempo.

Mayo 3, 2009

Cuoteo político: Las verdades del eterno vocero

La Tercera, abril 25, 2009

En una democracia saludable, los partidos son útiles para reclutar funcionarios aptos, porque las propias colectividades se esmeran en no recomendar ineptos para puestos clave. No hay mejor mecanismo para asegurar la calidad de los funcionarios que un control ejercido por partidos que se benefician cuando sus nominados hacen bien la pega y son castigados cuando éstos caen en escándalos.

La polémica desatada esta semana por los dichos del ministro de Defensa, Francisco Vidal, reconociendo el cuoteo, es más de forma que de fondo. Las declaraciones de rechazo de muchos políticos que presionan para que los suyos ocupen puestos de confianza son frases para la galería y la opinión pública otorga poca credibilidad a esas rasgaduras de vestidos.

Desde que entró al gabinete a expresa petición de la DC, el ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, por ejemplo, ha demostrado que los partidos pueden recomendar personas idóneas para puestos clave. En democracias consolidadas con coaliciones multipartidistas, los ministerios se reparten según el peso relativo de cada partido. Los presidentes escogen su gabinete respetando los equilibrios y escogiendo los que creen mejores entre los propuestos por los partidos.

El problema central está en cuáles son los puestos de confianza para los cuales los partidos pueden proponer nombres. Si el ministro del Interior no tiene apoyo de su partido, difícilmente hará bien la pega. Lo mismo aplica para otros puestos cuyo éxito depende de un buen manejo político. Pero cuando los puestos de confianza incluyen Chiledeportes, la dirección de un hospital o un puesto donde el único criterio debiera ser la aptitud profesional, la influencia partidista se torna nefasta. Los puestos de trabajo y presupuestos públicos se convierten en botines de guerra e instrumentos para financiarse, dar empleo a los militantes y pagar las campañas.

Vidal no dice nada nuevo al reconocer el cuoteo. Pero sí deja al descubierto que, al escoger ministros entre las propuestas partidistas, Bachelet no privilegió personas capaces de disciplinar sus palabras para avanzar los objetivos políticos del gobierno.

Abril 19, 2009

Cuestiones de familia y las trampas de la política

Patricio Navia
La Tercera, abril 19, 2009

Una de las trampas más peligrosas y comunes de la política – un juego donde siempre es necesario estar dispuesto a sacrificar alfiles y peones- es asignar importantes cuotas de poder a parientes.

Cuando un candidato reúne a familiares en su círculo íntimo, corre el riesgo de dar una señal de gran desconfianza en sus partidos y, peor, de que no controla su coalición y que su capacidad de construir equipos meritocráticos es limitada.

La política chilena, como la de otros rincones del mundo, se desarrolló en torno a grandes dinastías familiares, una tendencia que ha disminuido a lo largo de las últimas décadas. Un estudio publicado por La Tercera en mayo del 2008 consignó que a principios del siglo XX uno de cada tres parlamentarios estaba vinculado a esos clanes, cifra que había caído a uno en 10 el año pasado (en su mayoría ahora pertenecen a la Concertación).

El tema ha vuelto a ocupar la agenda del oficialismo con las quejas, siempre en privado y en voz baja, de personeros que ven una excesiva influencia de la esposa y las hijas de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En ese terreno, sin embargo, la carrera del ex presidente y actual candidato presenta una paradoja.

Si bien el parentesco con su padre fue decisivo para su ingreso a la política, durante su gobierno desarrolló una singular capacidad para ejercer el poder con frialdad y distancia. Incluso sus amigos cercanos – que habían llegado a La Moneda con el aura de todopoderosos- fueron removidos cuando se convirtieron en pasivos políticos. Eso lo saben bien Genaro Arriagada y Edmundo Pérez Yoma, por ejemplo. Pablo Halpern, quien volvió a ser su principal asesor comunicacional y puede ser considerado, lejos, uno de sus hombres más cercanos, tampoco ostenta el poder de antaño.

Los próximos pasos definirán hasta qué punto el candidato concertacionista le está dando un espacio mayor a su familia o son otros factores los que están sobre la mesa. Sus hijas eran mucho más jóvenes en su primer gobierno, por lo tanto el rol que podían jugar era más limitado que ahora, que son profesionales. También está la posibilidad de que se haya agudizado la desconfianza hacia los partidos que siempre lo caracterizó y, lo que se ve como una mayor influencia de la familia, no sea más que una mayor concentración de poder en sus propias manos.

“No es nada personal, es estrictamente negocios”. Esa frase de El Padrino, tan repetida en el mundo político y empresarial, refleja algo más que el ingenio del guionista de la película de Francis Ford Coppola.

Como otras esferas, la política es una actividad particularmente inconveniente para distribuir responsabilidades basadas en relaciones afectivas. Ningún asesor o colaborador importante -del cual en determinado minuto el candidato podría tener que desprenderse- puede estar blindado por lazos de sangre. Eso es válido incluso en los casos en que los parientes son personas altamente calificadas para cargos de gobierno.

¿Hasta qué punto las quejas en la Concertación reflejan más bien el nerviosismo de quienes están ansiosos por ser incluidos en el equipo de campaña? ¿El candidato no está simplemente apoyándose afectivamente en su familia, como cualquier otra persona que enfrenta un desafío de envergadura?

Ahora que está organizando sus equipos de campaña y en los meses que quedan para medirse en las urnas con Sebastián Piñera, Frei tiene la oportunidad de dar respuesta a esas preguntas con señales claras sobre el lugar que ocuparán sus familiares en el comando.

Para apropiarse del discurso de meritocracia frente al candidato de la Alianza, su mensaje debe ser que el profesionalismo y la capacidad de delegar y construir confianzas es lo que cuenta a la hora de escoger colaboradores y tomar decisiones políticas.

Abril 17, 2009

Una Cumbre sobre Cuba y para conocer el terreno

EL ANÁLISIS DE INFOLATAM
Patricio Navia

Infolatam
Santiago, 16 de abril de 2009

(Especial para Infolatam).- “.. La aceptación incondicional de Cuba en la comunidad de naciones del hemisferio debilitaría la cláusula democrática y establecería un inconveniente precedente de irrespeto por los valores esenciales de la democracia.

Cuba fue la única castigada en un periodo cuando varios otros gobiernos dictatoriales también merecían serlo. Pero poco ayuda a la democracia abrir los brazos a un gobierno que se niega a avanzar decididamente hacia una transición democrática”.

http://www.infolatam.com/entrada/una_cumbre_sobre_cuba_y_para_conocer_el_-13428.html

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