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La larga marcha: mujeres, género y migración

                                        *Por Ana Echeverri

 

El fenómeno migratorio femenino marcado por el proceso de globalización no sólo ha tenido consecuencias en el ámbito global, sino que ha representado cambios significativos a nivel local. La transferencia de los roles tradicionales femeninos de lo local a lo global, la discriminación de las mujeres como migrantes y la problematización del papel del hombre en hogares y familias transnacionales, son sólo algunos ejemplos que ponen de manifiesto las dimensiones específicas generadas por la migración femenina y la necesidad de un análisis de desarrollo que tome en cuenta la perspectiva de género .

 

El estudio de la migración en relación al género es relativamente reciente. La migración de mujeres era estudiada como algo adicional, y los cambios en las relaciones de género eran constantemente evadidos o no tratados específicamente. Si bien las mujeres eran consideradas como elemento demográfico, estas entraban en la categoría de dependientes económicos, ya fuera de sus esposos o de sus padres.

 

El primer paso para hacer visible la migración de mujeres fue a partir de la teorización de la feminización de la migración, por medio del análisis de los datos específicos de movimientos femeninos. El punto de partida es, por lo tanto, estadístico: en 1960, las mujeres constituían el 47% de la población migrante. En la actualidad, casi el 50% son mujeres, provenientes principalmente de países en vías de desarrollo.

 

Porcentaje de Mujeres migrantes en total de migrantes internacionales, por áreas. 1960 – 2000

Área

1960

1970

1980

1990

2000

Mundial

46.6

47.2

47.4

47.9

48.8

Regiones más desarrolladas

47.9

48.2

49.4

50.8

50.9

Regiones menos desarrolladas

45.7

46.3

45.5

44.7

45.7

Europa

48.5

48.0

48.5

51.7

52.4

América del Norte

49.8

51.1

52.6

51.0

51.0

Oceanía

44.4

46.5

47.9

49.1

50.5

África del Norte

49.5

47.7

45.0

44.9

42.8

África Subsahariana

40.6

42.1

43.8

46.0

47.2

Asia del Sur

46.3

46.9

45.9

44.4

44.4

Asia del Este y el Sureste

46.1

47.6

47.0

47.0

50.1

Asia Occidental

45.2

46.6

47.2

47.9

48.3

Caribe

45.3

46.1

46.5

47.7

48.9

América Latina

44.7

46.9

48.4

50.2

50.5

Fuente: Zlotnik, Hania (2003). The Global Dimensions of Female Migration.

 

Una vez que la feminización de la migración internacional fue sacada a al luz como fenómeno que debía ser pensado independientemente de la migración en general, los estudios e investigaciones han resaltado que las razones por las cuales un hombre y una mujer toman la decisión de emigrar son diferentes y estas dependen de aspectos que van desde el mismo rol de género, hasta las experiencias de pobreza, desigualdad, vulnerabilidad, conflicto, desarrollo local y opciones económicas a las que como hombre o mujer se esta expuesto. (Boyd, M. y Grieco, E. 2003).

 

La relación entre migración, género y el potencial para el desarrollo ha sido analizada tangencialmente (A. Pérez Orozco et al, 2008). Muchos estudios se han reducido a desagregar los datos por sexo, sin profundizar en las causas de la feminización de la migración y las consecuencias de la misma para el desarrollo. Otros han asumido un acercamiento puramente económico, conceptualizando a individuos homogéneos, es decir, sin género, clase o raza. Además, entienden el  desarrollo como aumento de riqueza, y asumen que las decisiones de migrar son determinadas únicamente por diferencias de salarios entre países de origen y de destino, ignorando así, los aspectos sociales y culturales (Jolly et al, 2003).

 

Las investigaciones se han realizado a partir de diferentes preguntas. Entre las líneas de interés están: el análisis de las características que hacen que las mujeres migren como individuos independientes (problemas de seguridad, subdesarrollo, falta de opciones o empoderamiento), pasando por los problemas a los que se enfrentan en el proceso migratorio (trata, tráfico o violencia entre otros) (Gallager, A. 2001); las características de los países de destino (marco de derechos de las personas migrantes, condiciones de trabajo, mecanismos de envíos de remesas); y los mecanismos de retorno y como éste afecta las relaciones de género en las comunidades de destino.

 

También se han estudiado los efectos positivos de la migración femenina en cuanto a las posibilidades de desarrollo derivadas de las remesas tanto económicas como sociales. Se habla del empoderamiento de las mujeres migrantes, del aumento de su calidad de vida y la de su familia, así como las posibilidades de mejor educación, salud y recreación (Jones-Correa, M. 1998). Por otro lado, se analizan los efectos negativos de la migración femenina tanto en términos reales como desde el punto de vista de la percepción social de la mujer como migrante y por lo tanto desde las implicaciones en las relaciones de género.

 

El objetivo de vincular migración y desarrollo es el de disminuir la necesidad de migrar en el largo y corto plazo, y mejorar la calidad de vida de las personas que se quedan en su país de origen. Algunas preguntas serán, basándonos en la definición de desarrollo como capacidades, ¿Qué estrategias de desarrollo se pueden proponer para disminuir la necesidad de migrar ¿Cómo aumentar las capacidades de las mujeres a través del proceso migratorio?

 

Una forma de aumentar el potencial de la migración para el desarrollo, sin perder de vista los problemas que acarrea, así como los aspectos sociales de la misma, es adoptar una perspectiva de derechos humanos (DAWN, 2001).

 

Una primera propuesta consiste en  enmarcar las políticas públicas relativas a la migración en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas. Los ODM son considerados por muchos gobernantes como la agenda de desarrollo más pertinente para la disminución de la pobreza, lo que permitiría introducir el tema de la migración como una de las variables a tomar en cuenta.

 

La disminución y erradicación de la pobreza es una de las ocho metas de los ODM, pero se considera como el fin último al que deben tender los esfuerzos para alcanzar las otras siete. La Declaración del Milenio en la cual se basan los ODM afirma la igualdad de género y los Derechos Humanos, acordados en previos documentos de las Naciones Unidas, como centro de los compromisos de los gobiernos.

 

Sin embargo, existen algunas críticas que subrayan las posibles consecuencias negativas del claro énfasis económico en las agendas nacionales para la erradicación de la pobreza como en los programas internacionales orientados a cumplir con los ODM para 2015. Si bien uno de los factores detonantes de la migración es la pobreza, y al mismo tiempo, la búsqueda del desarrollo de una comunidad tiene que ver con la disminución de la misma, la pobreza debe entenderse desde una perspectiva holística o integral. La medición cuantitativa de la pobreza conocida como la línea de pobreza, al basarse en los hogares como unidad de análisis, deja por fuera las dimensiones femeninas de la misma y cómo esta afecta de forma diferente a hombres y mujeres (S. Chant, 2003). Si la migración ha de ser analizada como positiva para el desarrollo, dichos análisis deben tomar en cuenta la percepción de las mujeres y sus necesidades.

 

En cuanto a la generación de alternativas de desarrollo con miras a revertir la tendencia de necesidad de migración que vayan más allá de la provisión de las necesidades básicas en la comunidad de origen con alto índice de migración, Las políticas públicas y programas de desarrollo deben estar encaminados a mejorar la calidad de vida de quienes se quedan en el país de origen en principio, pero también de quienes retornan. En este sentido si, por ejemplo, el foco de atención es la entrada de dinero (remesas) es necesario que el apoyo para la creación de negocios tenga perspectiva de género. Es decir, las iniciativas deben tomar en cuenta los roles que las mujeres desempeñan y deben estar pensadas para servir de vehículo de empoderamiento de la población femenina. Si los negocios que se generen tienen como punto de partida la valoración de los roles masculinos como necesarios para el triunfo de las iniciativas, -por ejemplo, en el área de la construcción-,las mujeres quedarán nuevamente por fuera.

 

Se deben apoyar iniciativas que valoren el conocimiento femenino para luego generar diferentes tipos de conocimiento. El empoderamiento sólo será posible si desde la planificación, las mujeres encuentran espacios de liderazgo en los cuales puedan negociar. Aunque el potencial de la migración para la transformación de los roles de género al interior de la familia ha sido analizado anteriormente, las iniciativas de desarrollo no deben quedarse en el ámbito de la familia sino que deben traspasar la división entre lo público y lo privado que ha servido para segregar a las mujeres. Para lograrlo es necesario que tanto las iniciativas gubernamentales como las acciones de organismos multilaterales y organizaciones de la sociedad civil encaminen sus esfuerzos a lograr la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres como derecho humano contemplado en múltiples tratados internacionales y principalmente en CEDAW y la plataforma de acción de Beijing.

 

 

El contenido de este artículo es responsabilidad de la autora y no necesariamente refleja la visión de Fundación Ethos o de su equipo.

Para consultar las fuentes: info@ethos.org.mx

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