“Comportamiento de la inflación en 2008 en Latinoamérica y últimas noticias del caso de Zimbabue”.
Por Rodrigo Alcázar Silva
En la presente editorial se presentarán las últimas noticias acerca del comportamiento de la inflación en México y en algunos países de América Latina, con la finalidad de realizar una breve comparación de los resultados obtenidos por las autoridades mexicanas de política monetaria en el año 2008. De igual forma, se presentan también cifras de inflación de Zimbabue, ya que dado su actual desempeño con respecto a esta variable se considera un caso de interés, además de que existen noticias recientes al respecto, por lo que se considera un tema de actualidad.
El Banco de México ha publicado recientemente el ‘Informe sobre la Inflación del último trimestre de 2008’, en que se da cuenta de una inflación creciente durante el referido trimestre, lo cual arrojó una cifra de 6.53% de inflación general acumulada durante todo el 2008 (la más alta registrada desde el año 2000), muy lejos de los objetivos impuestos por la misma institución de 3%. El último trimestre del año contribuyó al aumento anual con un crecimiento en precios del 0.7% respecto del trimestre anterior.
Lo anterior podría ser sorpresivo en principio, ya que debido a la desaceleración económica sufrida por la problemática global presente, se esperaría que la inflación marcara tendencias deflacionistas, como ha venido sucediendo en los Estados Unidos desde Octubre (-1.13% en promedio entre Octubre y Diciembre de 2008, según el ‘Bureau of Labor Statistics)
Éste crecimiento de 0.7% se debió, según explica el Banco de México a:
· Cambios en los precios de los energéticos, principalmente del Gas LP y las gasolinas. Si bien las referencias internacionales cayeron en el periodo, sabemos que en México esos bienes son ‘administrados’, o sea que su precio es establecido en base a estrategias gubernamentales, por lo que su precio en el país no tuvo un comportamiento igual a los precios internacionales.
· Incrementos en precios de alimentos, bebidas y tabacos. Esto como consecuencia de climas desfavorables que limitaron ciertos alimentos, así como probablemente del tipo de cambio que hubiera podido encarecer la carne de res (cuya importación ha crecido en los últimos años, según cifras del INEGI)
· Mercancías no alimenticias. Su aumento de precios esta probablemente asociado al tipo de cambio, así como a subidas previas en precios de materias primas.
· Otro tipo de servicios, como restaurantes y aerolíneas. Se cree que sus incrementos de precios estuvieron determinados por la subida en los precios de los insumos alimentarios y la ya aludida subida en precios de energéticos.
No obstante, el 16 de enero del presente año el objetivo de la tasa de referencia de interés de corto plazo fue reducido por el Banco Central en 50 puntos base, lo cual se debe a que se prevén menores presiones inflacionarias, para inicio de año, debido a la ya mencionada caída en la producción y las exportaciones, así como en las recientes políticas de congelamiento de precios de gasolinas, y reducciones en tarifas de gas LP y electricidad. Sin embargo, el Banco Central, no dio muestras claras de continuar con dichas reducciones al manifestar que:
“… la inestabilidad en los mercados financieros continúa siendo un factor de riesgo para la trayectoria inflacionaria. Por consiguiente…las acciones adicionales que decida la Junta de Gobierno en materia de política monetaria estarán condicionadas en que se vaya cumpliendo la trayectoria prevista de la inflación…”
Sumado a lo anterior, se tienen las declaraciones recientes de Guillermo Ortiz, Gobernador del Banco de México, acerca de que habrá un decrecimiento del PIB entre un rango de -0.8% hasta -1.8% (González Amador, 2009) en el 2009, las cuales podrían tomarse como indicativo de pocos recortes futuros en la tasa de interés de referencia, en el sentido en que la tasa de interés guarda una relación contraria con la inversión y, por lo tanto, con el crecimiento productivo. Sin embargo, debemos recordar que el mandato único del Banco de México es la preservación de los precios y el poder adquisitivo de la moneda y no la consecución del crecimiento, por lo que no se le puede exigir, cuando menos no legalmente, un recorte en las tasas que impulse la inversión productiva.
Después de una breve visión del comportamiento de esta variable en el país, conviene hacer un breve análisis regional de la variable, con el propósito de realizar un breve comparativo sobre la situación actual mexicana con la de países similares. Para este efecto, se presentan en la Tabla a continuación los niveles de inflación obtenida por algunos otros países latinoamericanos en 2008.
Inflación acumulada en 2008 (%)
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Venezuela |
30.9 |
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Bolivia |
11.85 |
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Ecuador |
8.83 |
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Colombia |
7.67 |
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Argentina |
7.2 |
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Chile |
7.1 |
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Perú |
6.65 |
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México |
6.53 |
|
Brasil |
5.9 |
Fuente: Bancos Centrales y/o Institutos de Estadística de cada país.
Se debe señalar el hecho de que, de los países aquí seleccionados, el dato que corresponde a Argentina es el único sobre el cual existe desconfianza sobre su veracidad, ya que diversas consultoras como Espert y Asociados, Orlando Ferreres y Asociados o Ecolatina, sitúan la inflación durante 2008 en niveles entre 20 y 23.5% (Reuters, 2009). A ello se ha sumado la desconfianza poblacional con recientes manifestaciones afuera del edificio del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y además se ha formado una ‘Campaña Nacional por el Millón de Firmas por Estadísticas Confiables’.
De tal manera, aun cuando en México la inflación es la más alta registrada en los últimos años, también se observa que en comparación con países similares de la región, es de las más bajas. Esto como reflejo de la política monetaria adecuada que el país ha venido observando a lo largo de más de una década, en contraste con países como Venezuela, cuya tasa de inflación es la segunda más alta del planeta únicamente por debajo de Zimbabue.
Zimbabue, país del sur africano, se encuentra azotado por la hiperinflación desde hace varios años y cuyas consecuencias se han agravado en los últimos meses. El gobierno del presidente Robert Mugabe quitó en agosto de 2008, 10 ceros al dólar zimbabuense, medida que se acompañó de la emisión de nuevos billetes y monedas de denominaciones desde 1¢ hasta $500. Sin embargo, el fenómeno de hiperinflación en el país ha sido tan deficientemente combatido que el día 16 de enero del presente año se imprimieron billetes de hasta 100 billones[3] de dólares zimbabuenses (BBC News, 2009). Por supuesto, sobra decir que las monedas de 1¢ no son utilizables ya, a lo que se suman los hechos paradójicos como el que sea más rentable utilizar los billetes de baja denominación como papel higiénico que comprar dicho papel o que una pieza de pan pese menos que los billetes necesarios para adquirirla (Quintero, 2008).
La cifra de inflación estimada por el profesor Steve Hanke del Cato Institute es del 89,700,000,000,000,000,000,000 % (89 mil 700 trillones por ciento) entre Enero de 2007 y Noviembre de 2008 y la tasa de paro es de alrededor de 96% según algunas fuentes (Libertad Digital, 2009). Lo anterior ha traído como consecuencia la utilización de moneda extranjera para la compra de ciertos bienes, declarado como legal el pasado 29 de Enero. De esta manera, las mercancías se fijan en dólares norteamericanos y por ende el Dólar Zimbabuense tiende a convertirse en moneda inutilizable dentro de poco tiempo.
A la crisis económica se debe sumar la política, definida por la ausencia de democracia (Mugabe ha sido el único presidente del país desde su independencia en 1980), así como la atroz epidemia de cólera que azota el país y la crisis de desabastecimiento. El cólera, al 28 de enero de 2009 había cobrado según la ONU casi 3,000 muertos y 56,000 afectados desde mediados de agosto pasado (Agencia de Noticias EFE, 2009). Hasta diciembre de 2008 el presidente Mugabe negaba la epidemia y uno de sus ministros la calificó como una arma bioquímica utilizada como “ataque genocida de los británicos contra la gente de Zimbabue” (BBC News, 2008). Por su parte la crisis de desabastecimiento de alimentos estaría afectando, también según cifras de la ONU, a cerca de 7 millones de personas (más de la mitad de la población) que necesitan en este momento algún tipo de ayuda alimenticia. (AFP, 2009)
Desafortunadamente, el gobierno de Mugabe ha financiado su déficit con la impresión de billetes, debido a que no tiene otro sustento sino sus medidas y declaraciones populistas, como las adoptadas hace algunos años cuando imprimió billetes para duplicar y hasta triplicar los salarios de ciertos grupos poblacionales; la redistribución de las tierras de los blancos a los negros, o como la mención constante de una unión de todos los países occidentales en su contra. No es difícil la comparación con otros líderes políticos del mismo corte, los cuales, como Mugabe, inician como grandes héroes, luchadores contra la hegemonía de los poderes económicos y políticos de una época, y terminan al fin constituyendo eso mismo contra lo que lucharon. No cabe duda, que en esta como en otras comparaciones, que de poco sirve que Zimbabue sea uno de los países con mayor tasa de alfabetización en África, si no se tienen como complemento políticas públicas y económicas responsables.
Sin embargo, a últimas horas se han oído medidas que podrían cambiar la situación actual en Zimbabue. Una de ellas es que desde mediados de febrero, finalmente existe un gobierno de unidad en el que algunos de los cargos son ocupados por gente del opositor Movimiento por el Cambio Democrático.
La otra medida que recién se ha tomado, se mencionó ya antes y es la aceptación del dólar estadounidense como moneda de curso legal, medida enfocada a la lucha contra la inflación rampante, que, dicho sea de paso representa el impuesto más regresivo de la sociedad. Esperemos pues que estas y otras medidas sirvan para paliar los grandes problemas que existen en el país surafricano.
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