/::
               
      

El último turismo de a verdad

Esta historia de éxito comenzó con un baño. Así ingresó la comunidad de Racchi en el turismo vivencial o turismo rural comunitario, y su experiencia es hoy ejemplo en todo Sudamérica.

Por Rafo León
Foto: Promperú / Renzo Giraldo

HERRAMIENTAS

Llega usted por la mañana, mañana ciertamente muy fría, pero iluminada por la luz dorada de un sol que recién se anima a salir. El bus turístico —o su propio vehículo si usted está haciendo el viaje por su cuenta— se parquea a unas decenas de metros de una hermosa placita pueblerina, rural, llena de puestos en los que artesanos ofrecen su mercadería, la mayoría hecha en el lugar y con diseños propios, ancestrales. Los viajeros tienen tiempo suficiente como para observar, evaluar, comprar. Un buen número de vendedores se maneja en inglés —un problema menos, una venta más—. Los turistas, por su parte, se ahorran el gasto de contratar en Cusco a un guía especializado para un servicio en el conjunto de Racchi. No hace falta. Jóvenes de la comunidad se han entrenado para hacer un tránsito por el maravilloso sitio arqueológico inca, en el que al rigor de la información se suma el carácter vivencial de lo explicado: no hay que olvidar que estos muchachos están relatando no solo lo que leyeron en libros, sino y básicamente lo que han escuchado al interior de sus familias, desde que tuvieron capacidad de comprensión. Es la historia de sus abuelos.

Racchi es un conjunto inca muy importante. Está situado exactamente a la mitad entre las ciudades de Cusco y Puno, y se llega a la comunidad vecina por la excelente carretera que une ambas localidades. La comunidad de Racchi, compuesta por unas ochenta familias, no se puede decir que sea agrícola o ganadera. La cantidad de tierra que posee cada comunero es tan pequeña que las papas, ocas, tarwi y quinua que producen quedan para el consumo doméstico. Por otro lado, Racchi está espacialmente muy próximo a Sicuani, donde abundan los centros de enseñanza superior y un instituto pedagógico, oportunidades privilegiadas para cambiar el horizonte del campo a la ciudad, sobre todo entre los jóvenes. Y la población de Racchi es joven. No debe ser casual que por estas variables el noventa por ciento de los adultos de la localidad tenga educación superior. La mayoría son maestros, pero hay también artistas plásticos, guías de turismo, programadores de computación… en fin.

El pueblecito de Racchi está al lado del conjunto arqueológico. Hasta hace cosa de diez años, los turistas llegaban en sus buses, bajaban, miraban unos diez minutos el mercado artesanal, por ahí que se llevaban algo y luego pagaban su entrada al INC para ingresar al conjunto arqueológico, con sus propios guías traídos desde Cusco. La afluencia de turistas era grande, cada vez mayor y, sin embargo, el esquema del destino estaba mal diseñado porque a la comunidad, propietaria del recurso, no le quedaba un cobre. Este factor, más la migración de los jóvenes, había producido pérdidas aparentemente irreparables en la cultura tradicional de Racchi, como el trabajo en arcilla. Desde tiempos preincas, las tierras arcillosas del entorno de Racchi, y una especial arena presente en el volcán Quimsachata, hicieron de esta comarca un punto especializado en la elaboración de piezas, sobre todo de las raquis, grandes recipientes de chicha. El quechua se empezó a esfumar de la zona; ya no hacía falta. Los tejidos también. La venta de tejidos y piezas de cerámica originales bajó tanto —debido a que son de alta calidad y no se había creado una demanda entre los turistas—, que los grandes artesanos terminaron por hacer productos de baja calidad hasta la mitad del proceso, para venderlos a medio centavo a artesanos de la ciudad del Cusco, que los terminaban con acabados sintéticos y sin ningún cuidado.

En la década del noventa entró a trabajar al corredor Cusco Puno un proyecto conjunto de FIDA (organismo de Naciones Unidas dedicado a la promoción del desarrollo) y Foncodes. La idea era bastante convencional: poner a las comunidades a concursar en cuanto a empeño y capacidad, para acceder a proyectos de mejora de pastos, huertos comunales, engorde de cuyes. Más de lo mismo. Una noche, el equipo del proyecto se reunió en asamblea con la población de Racchi y presentó su estrategia. De pronto, un comunero pidió la palabra para decir que, si de verdad se quería enriquecer las condiciones de vida de Racchi con una actividad sostenible, la mejor idea sería construir un baño para los turistas. Se armó la pampa, algunos reían, otros movían la cabeza con escepticismo, lo que llevó al comunero a continuar con su argumentación: “Nuestra comunidad y nuestro templo de Huiracocha están a la mitad entre Cusco y Puno, y cuando los buses llegan, los turistas han estado por lo menos dos horas sentados viajando. ¿Ustedes saben qué es lo primero que piden cuando llegan? Piden un baño. Y no tenemos un baño. Si tuviéramos un buen baño, que nosotros mantendríamos limpiecito, con su papel, su jabón, podríamos cobrar un sol a cada turista y sacaríamos, por lo mínimo, trescientos soles diarios. Eso quería decir”.

 

Destino:

- Racchi: es una comunidad ubicada en el Cusco, provincia de Canchis, distrito de San Pedro.

- Cómo llegar: haciendo la ruta Cusco-Puno-Arequipa, por la carretera troncal o por la vía férrea. Con automóvil particular: 117 km hacia el sur de la ciudad del Cusco (2 horas).

- Recomendado a: amantes del turismo vivencial y aventureros que quieren conocer y recrear las antiguas tradiciones del Cusco profundo.

 

Si deseas leer el artículo completo, adquiere la versión impresa de PODER o suscríbete a la versión digital a través de App Store.

COMENTE ESTE ARTICULO

Nombre
Email
Comentario
   
Sea el primero en Comentar este Artículo!