/::
               
      

Perfil Cultural: ¿Voz para mudos?

El diseñador gráfico peruano Lucho Chumpitazi, colaborador de PODER, obtuvo el premio en la categoría Gráfico en la III Bienal Iberoamericana de Diseño. Con veinte años de experiencia y varios reconocimientos en su haber, busca incentivar la reflexión en la sociedad. Liberar a los oprimidos. A aquellos cuya voz se ha vuelto inaudible.

Por Diana Hidalgo
Foto: Karen Zárate

HERRAMIENTAS

Para planear su presentación ante los diseñadores e invitados de Iberoamérica, Lucho Chumpitazi se instaló en un café madrileño y trabajó por largas horas. Acababa de llegar a la capital española, donde la III Bienal Iberoamericana de Diseño lo premiaría en la categoría Gráfico por su campaña Conciencia problemática de la niñez en Latinoamérica. Además, junto con sus compatriotas y colegas tenía la misión de elaborar la presentación de “La noche peruana”, en el marco de dicho encuentro.

La BID, muestra de diseño iberoamericano que se celebra cada dos años en la capital española, es una de las citas más importantes de promoción del diseño contemporáneo que se realiza en Latinoamérica, España y Portugal. En esta ocasión, cientos de diseñadores de 22 países se reunieron, del 26 al 30 de noviembre último, para discutir, crear y hablar sobre lo que más saben y disfrutan: el diseño. La delegación peruana estuvo integrada por 12 representantes, aunque fueron convocados 33. Presentaron 21 trabajos, de los cuales cinco fueron premiados y tres recibieron menciones.

—Una noche peruana en Madrid, qué interesante —inicio la conversación.

—Ah, sí, salió súper bacán la verdad.

—¿Y en qué lugar fue?

—En Matadero.

—¿Matadero?

—Sí, así se llama. Es un lugar que a inicios del siglo XX fue un matadero de reses, luego estuvo mucho tiempo en abandono y desde hace algunos años funciona como centro cultural. Es uno de los más importantes de Madrid.

Luego de una semana de arte y diseño en la capital española, Lucho Chumpitazi acaba de pisar suelo limeño. Está sentado en un café de Miraflores con un espresso en un costado y un desayuno americano en el otro. Mira su computadora y de rato en rato a la gente que transita por la vereda. Viste jeans, zapatillas deportivas y un polo oscuro de manga corta. Lo acompaña una maleta llena de regalos que ha traído para su familia, y lleva también el certificado en la categoría Gráfico que le fue otorgado por sus afiches para la campaña Conciencia problemática de la niñez en Latinoamérica. Chumpitazi logró su objetivo.

A diferencia de la mayoría de sus colegas, Lucho la tuvo clara desde que era adolescente. Sabía que quería estudiar diseño gráfico. No anhelaba ser pintor, dibujante o escultor. Diseñador gráfico y punto. Era la década de los ochenta.

—¿Cómo llegaste a estudiar diseño en esa época? —continúo la conversación, sentados los dos en este café miraflorino.

—Bueno, esa es otra historia. Más linda, todavía. En 1984 yo tenía catorce años y salía con una chica. Su papá me paraba hablando de sus amigos diseñadores gráficos y toda esa nota. Un día me llevó al estudio de Julio “Huilo” Sotomarino. Y fue un romance —hace una pausa—. No, romance no; amor a primera vista.

—¿Y cómo era ese taller?

—Era locaso. Los tíos eran unos bohemios locos que tendrían como la edad que tengo yo ahora. Fanáticos de Pink Floyd y Carlos Santana. Me acogieron muy bien y desde ahí comencé a ir.

—¿Cada cuánto ibas?

—Mmm… como dos o tres veces por semana. Eran las vacaciones de verano del colegio.

—¿Y qué hacías allí?

—Bueno, rayas.

—¿Rayas?

Sí, acuérdate de que no habían computadoras. Raya por raya en unas hojas de papel. Así se aprendía en ese entonces.

 

Si deseas leer el artículo completo, adquiere la versión impresa de PODER o suscríbete a la versión digital a través de App Store.

COMENTE ESTE ARTICULO

Nombre
Email
Comentario
   
Sea el primero en Comentar este Artículo!