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Terrorismo, nunca más: Pacto por la Paz

Un “Pacto por la paz” podría ayudar a eliminar las ideas que originaron a los grupos terroristas y, en el largo plazo, llevar a la disminución del terrorismo en el Perú.

Por Beatriz Merino
Ilustración: Katherine Sandoval

HERRAMIENTAS

Hace más de treinta años se inició en nuestro país una cruenta ola de violencia desencadenada por los grupos terroristas Sendero Luminoso y MRTA, que se detuvo en 1992 con la captura de Abimael Guzmán. A pesar de los veinte años transcurridos, las heridas permanecen abiertas y las ideas, que originaron la muerte de más de 69 mil peruanos, continúan rondando vigentes entre nuestros ciudadanos, especialmente en las universidades y en las zonas más excluidas y agrestes de nuestro país.

 

Para erradicar la ideología de estos grupos con éxito no basta con atacar a sus principales voceros; es necesario, también, ofrecer una respuesta articulada y contundente al perverso uso de términos como pobreza, desigualdad, exclusión y discriminación, presentados actualmente como coartadas para justificar la violencia e insania terrorista desplegada durante la década del ochenta.

De tal forma, hablar de una estrategia que combata al terrorismo de forma realmente efectiva supone, primero, ir resolviendo realmente los problemas sociales antes indicados; segundo, construir un discurso que señale ese trabajo en progreso, que enfrente la prédica del terror a todo nivel y destaque que ninguna violencia, sistemática o no, puede justificarse, menos aun en los supuestos ideales que dicen inspirarla y, tercero, que la libertad, la fraternidad y la paz son los valores que motivan un verdadero bienestar de la sociedad.

En ese sentido, el equilibrio que han descubierto los países que han llegado a un desarrollo más avanzado, con mayores cuotas de igualdad, menor pobreza, más inclusión y menos discriminación, mantienen en primer lugar el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, la institucionalidad democrática, la separación y alternancia pacífica de los poderes, así como la aceptación de las reglas del juego democrático. Estos mismos países, como demuestran todos los índices de libertad económica, democracia e institucionalidad publicados en nuestros días, observan como centro de sus políticas públicas la condena a la discriminación, la violencia y la impunidad, lo cual resulta en una cultura de paz que no alberga ideologías violentistas.

A su vez, los países que más crecen —en base a una ecuación de más paz y menos violencia— se componen del “triángulo de hierro” conformado por el Estado de Derecho, la Democracia y la Economía de Mercado. De este modo, toda acción política que conduzca a fortalecer estos tres factores en el Perú contribuirá a la derrota de los agentes del terror. Todo discurso o argumento que afirme dicha triangulación de poderes logrará que evitemos un nuevo baño de sangre. Pero ¿cómo lograr un objetivo tan ideal?
Considero que sería viable proponer un “Pacto por la Paz” en el Perú, cuyo objetivo último sea promover el ejercicio de una ciudadanía equitativa, segura y amigable por parte de todos los peruanos. Sin discriminación, garantizar las libertades políticas, económicas y los derechos humanos, sancionar a los responsables y brindar mecanismos de reparación a las víctimas de graves violaciones de derechos humanos.

El éxito del “Pacto por la Paz” solo se logrará con el compromiso de todos los líderes políticos y sociales, que expresen un total rechazo a la ideología terrorista, con ideas y propuestas para un mejor gobierno y una sana cultura cívica. Por este medio los ciudadanos exigimos a las autoridades y a los líderes políticos y sociales, madurez y responsabilidad para no permitir en sus filas a personas que alberguen el mal denominado Pensamiento Gonzalo y promuevan, dentro de sus organizaciones, discursos en beneficio de los terroristas.

 

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