Por su cercanía con el Presidente de la República, y por el papel que desempeñó en la pasada campaña electoral, la mayoría de los analistas coinciden en que Luis Videgaray Caso habría podido escoger el cargo que quisiera en la administración de Enrique Peña Nieto. Desde una poderosa jefatura de la Oficina de la Presidencia, al estilo de José Córdoba Montoya o Liébano Sáenz, hasta la dirección de Pemex, pasando por cualquiera de las secretarías que conforman el gabinete presidencial. Al final, se quedó con la secretaría de Hacienda y Crédito Público. “La decisión no la tomé yo. La decisión la tomó el Presidente. Yo acepto esta designación con enorme alegría y con profunda responsabilidad por el reto que significa y espero estar a la altura de la confianza del Presidente para llevar ésta que es una de las posiciones más complejas y más importantes de la administración pública federal”, le dijo Videgaray a PODER. Trató de dejar muy en claro en donde reside en este momento el verdadero poder.
Sentado en el sillón que eligió como su preferido en la oficina asignada al secretario de Hacienda en el ala norte del Palacio Nacional –con vista al Zócalo de la capital–, Videgaray recibió a PODER en medio del ajetreo relacionado con la discusión en el Congreso del presupuesto federal para el año 2013. Dos hermosos libreros empotrados en la pared, embellecen la oficina hexagonal rodeada de tallas de madera con reminiscencias del estilo plateresco, a la cual se tiene acceso por salones adornados con una pequeña parte del tesoro pictórico que guarda el palacio construido a comienzos del siglo XVI. En el escritorio del secretario, tres smartphones perfectamente alineados son los únicos y contrastantes testigos –por su modernidad en medio del histórico escenario– de la agitada agenda del hombre que hace apenas un mes dirige los destinos económicos de México.
Videgaray es un reputado economista, con un doctorado por el MIT. Pero en los últimos años se ha revelado también como un político avezado. Primero dirigió con éxito la campaña de Eruviel Ávila a la gubernatura del Estado de México, y después coordinó la campaña que llevó a la Presidencia de la República a Enrique Peña Nieto. Por eso, no pocos le ven un futuro brillante en la política. Él, sin embargo, quiere e darle tiempo al tiempo. Al preguntársele si se ve en el futuro sometiéndose al veredicto de las urnas, prefiere responder con elegancia: “Yo me veo sirviendo al Presidente de la República y sirviendo a México en lo que el mandatario disponga. Estoy honradísimo con esta responsabilidad. Como economista con especialización en finanzas públicas no puedo aspirar a mayor distinción y a un cargo más honroso que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público”.
Lo siguiente es la conversación de PODER con el secretario de Hacienda y uno de los hombres fuertes del actual gabinete.
En los últimos años la economía mexicana ha crecido por debajo de su potencial. PODER publicó hace algunos meses un informe sobre el tema, en el que usted colaboró con un ensayo. ¿Cuáles cree ahora, desde su nueva posición, que son los tres obstáculos más grandes que ha tenido México para el crecimiento en los años recientes y cuáles se pueden remediar en este sexenio?
Yo creo que, históricamente, el mayor daño para el crecimiento de México ha sido la recurrencia de episodios de crisis. Haciendo un recuento amplio, yo creo que el principal riesgo para el crecimiento sostenido son estos episodios en que los países emergentes podemos entrar de un momento para otro. Hoy hemos construido una estabilidad que antes no teníamos. Han pasado ya 17 años desde la última crisis macroeconómica autogenerada. Vivimos como el resto del mundo la crisis del año 2008 y 2009, pero han pasado ya 17 años desde aquella famosa crisis del efecto tequila. Los mexicanos aprendimos, con un muy alto costo, el valor de la estabilidad. Hoy tenemos un Banco Central autónomo, tenemos un gran consenso sobre el manejo de las finanzas públicas, y creo que no debemos de perder de vista que el principal riesgo para el crecimiento económico sería perder esa estabilidad. De ahí la importancia de tener un presupuesto equilibrado y continuar por la ruta de un manejo responsable de la hacienda pública de México.
El segundo reto que tiene México tiene que ver con las variables que no controlamos, las variables internacionales. Y creo que en ese sentido estamos en una posición que puede ser alentadora si hacemos la tarea que nos toca. En la primera década de este siglo, del año 2000 al 2010, nos enfrentamos con retos que nos hicieron perder terreno en el entorno internacional, como la entrada de China a la Organización Mundial de Comercio. El hecho de que nuestra industria manufacturera de exportación compite en buena medida con la industria china, implicó un enorme reto para la economía mexicana y nos restó dinamismo en el crecimiento económico. México no es un país cuyo crecimiento esté basado en la exportación de commodities como pasa en otras economías de América Latina. Para los países cuyo modelo de exportación se basa en commodities, el crecimiento de China y la incorporación de China a la economía mundial, y también el de la India, fueron una gran ayuda. En nuestro caso China representa un reto de competencia. La industria mexicana ha recobrado mucho de su competitividad. Hemos aprendido ya como país a competir en esta nueva realidad, y hacia delante tenemos una perspectiva interesante de seguir compitiendo exitosamente. Vemos ya muchas decisiones de inversión que hace cinco o 10 años hubieran tenido a Asia como destino natural y hoy vienen a México.
El tercer reto importante tiene que ver con que tenemos algunos frenos internos a nuestro potencial de crecimiento. Por ejemplo, tenemos una banca muy sólida, que sin embargo presta poco. Necesitamos tener una banca que siga siendo muy sólida, pero que preste más. El crédito en México representa el 26% del Producto Interno Bruto. En Brasil, esta cifra es superior al 50% y en Chile es superior al 100%. Es decir, tenemos hoy bancos, afortunadamente muy sólidos, y en nuestro carácter de autoridad seguiremos haciendo las cosas que tengamos que hacer para sostener su solidez. México es uno de los primeros países que se incorporará a Basilea III. Pero también tenemos que tomar medidas que activen el crédito. Y debemos tener una economía con mayor competencia. Tenemos altos niveles de concentración en algunos sectores clave de la economía, en transporte, telecomunicaciones y en algunos sectores de alimentos, por ejemplo, donde necesitamos mayor competencia.
Y, por supuesto, tenemos el tema energético. México tiene un enorme potencial en materia energética que no lo estamos aprovechando lo suficiente por tener restricciones que tal vez ya no responden al sentido práctico que debe tener el mundo actual y tal vez estamos atados a ciertas consideraciones de otra época que tenemos que superar. No se trata de privatizar Pemex. No se trata de privatizar las reservas de hidrocarburos que tiene México, pero sí de tener un margen mucho más flexible que permita a la iniciativa privada trabajar junto con Pemex de una manera más inteligente en beneficio de los mexicanos. Si tomamos estas medidas, y otras, creo que México tendrá la capacidad de crecer más rápido. Pero crecer a partir de mayor productividad. No vamos a hacer una apuesta de crecimiento a partir de la manipulación macroeconómica o de estímulos de corto plazo. La apuesta para el crecimiento de México es a partir de cambios en la estructura económica a partir de reformas que incrementen la productividad de la economía mexicana.
Señaló usted como primer reto el de las crisis externas. ¿Qué tan blindado está México contra la crisis actual?