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de December de 2012

El verdadero “Chapo”

El cartel de Sinaloa es tan violento como los demás, y no hay razones para pensar que un acuerdo con Guzmán reduciría la violencia en el país, según este análisis de Stratfor.

Por Scott Stewart*
PROCESO

Sin dar ni pedir cuartel. Joaquín Guzmán Loera no es muy diferente en sus métodos de ataque y defensa a sus rivales con fama más violenta.


Un mito ampliamente propagado nos trata de convencer de que Joaquín “El Chapo” Guzmán, uno de los mayores capos del narcotráfico en México, y su cartel de Sinaloa son menos violentos que sus competidores. Expertos y periodistas afirman que el de Sinaloa tiene un perfil más empresarial que el de los Zetas, cuya reputación de brutalidad está fuertemente documentada, y que su conocimiento del negocio hace de aquél un grupo relativamente benigno. Esto, a su vez, ha llevado a que muchos consideren que el gobierno mexicano podría llegar a un acuerdo con el líder de una de las organizaciones criminales más grandes de México.

Un examen detallado de la evolución del cartel de Sinaloa demuestra, sin embargo, que el grupo del Chapo está lejos de ser un ejemplo de civilidad. De hecho, la historia de las guerras entre los carteles durante la última década revela que Guzmán, la Federación de Sinaloa, y varios de sus grupos aliados, han sido territorialmente más agresivos que cualquier otro cartel.

Expansión y Escalada

Las incursiones del cartel de Sinaloa alteraron el equilibrio del poder establecido por Miguel Ángel “El Padrino” Félix Gallardo establecido a finales de los años ochentas, cuando les asignó territorios criminales a Guzmán y sus otros lugartenientes. Decenas de miles de personas han muerto en las guerras que brotaron tras este desequilibrio.

Esto es así porque los esfuerzos de expansión de Guzmán involucraban necesariamente la jurisdicción de un rival. A comienzos de los noventas, Guzmán envió fuerzas de Sinaloa a Tijuana, en el estado de Baja California –controlado, en ese entonces, por los hermanos Arellano Félix–, a comprar caletas y construir un túnel para cruzar la frontera con drogas. Los hermanos Arellano Félix torturaron y asesinaron a los operarios de Sinaloa en Tijuana –intentaron inclusive matar a Guzmán–. El cartel de Sinaloa tomó represalias en noviembre de 1992, cuando sus hombres trataron de asesinar a Javier y Francisco Arellano Félix en una discoteca de Puerto Vallarta. 

La guerra Sinaloa-hermanos Arellano Félix marcó el comienzo de una brutal escalada de la guerra entre los carteles de México. Éstos empezaron a contratar policías como pie de fuerza. Eventualmente, el cartel del Golfo creó a los Zetas, un grupo primordialmente formado por ex soldados de las Fuerzas Especiales Aerotransportadas Mexicanas. De hecho, la guerra de los carteles se militarizó. Los grupos en guerra ya no eran curtidos criminales comunes con armas, sino escuadras de combate capacitadas en maniobras militares y el uso de armamento.

Buscando refugiarse de los hermanos Arellano Félix, Guzmán huyó a Guatemala, pero fue arrestado en junio de 1993. Fue extraditado a México, donde continuó con sus actividades criminales desde la seguridad de una celda, hasta que se escapó en enero de 2001.

La guerra de las drogas: segundo tiempo

Cuando el líder del cartel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén, fue arrestado en marzo de 2003, Guzmán vio la oportunidad de incursionar en el territorio de ese cartel, en especial en la lucrativa plaza de Nuevo Laredo, el portal de ingreso más transitado por camiones hacia Estados Unidos, con acceso directo al corredor de la Autopista Interestatal 35.

La incursión de Guzmán a Nuevo Laredo fue liderada por los hermanos Beltrán Leyva, quienes convencieron a pandillas locales, como los Chachos, de traicionar al cartel del Golfo. Sicarios de Beltrán Leyva reforzaron las pandillas locales y crearon un grupo híbrido cuando un ciudadano estadounidense miembro de los Chachos, llamado Edgar “La Barbie” Valdez Villareal, asumió el comando de la escuadra del cartel de Sinaloa llamada los Negros.

Los Zetas reaccionaron con firmeza a la incursión de los de Sinaloa a Nuevo Laredo y se desató una sangrienta lucha por el control de la ciudad. Para mediados de 2005, la ley y el orden eran ya casi inexistentes en Nuevo Laredo, y el entonces presidente Vicente Fox desplegó a la policía federal y a unidades del Ejército para retomar la localidad. Pero esas fuerzas fueron insuficientes para detener la violencia que persistió durante tres años hasta que se hizo evidente que los Zetas no serían derrotados. Para ese entonces, Guzmán había empezado a enfocarse en otros lugares para su expansión. 

Jefe de muchos grupos

El 11 de septiembre de 2004, sicarios del cartel de Sinaloa acribillaron a Rodolfo Carrillo Fuentes, líder de la organización de Vicente Carrillo Fuentes, también conocida bajo el nombre de cartel de Juárez, en momentos en que salía de un teatro en Culiacán, en el estado de Sinaloa. Vicente, el hermano de Rodolfo, reaccionó ordenando el asesinato del hermano de Guzmán que se encontraba en prisión. Esta cadena de eventos derivó en una guerra entre las dos organizaciones por el control de las plazas de Juárez y la ciudad de Chihuahua, pugna que continúa hasta la fecha. (Aun cuando el cartel de Juárez es tan sólo una sombra de lo que llegó a ser –y el cartel de Sinaloa no ha logrado consolidar su control sobre la entidad– Chihuahua se mantiene como uno de los estados más ensangrentados de esta batalla en México).

Entre tanto, el cartel de Sinaloa ha continuado en sus esfuerzos por controlar Tijuana. Una cadena de arrestos y las muertes de los hermanos, que eran el núcleo de liderazgo de la Organización Arrellano Félix, redujo de manera severa la capacidad operacional del grupo. A comienzos de 2008, las luchas internas entre la facción leal al sucesor de los hermanos Arellano Félix, Luis Fernando “El Ingeniero” Sánchez Arellano, y aquellos leales al principal lugarteniente del grupo, Teodoro “El Teo” García Simental, debilitaron aún más a la organización. Este conflicto generó altos niveles de violencia en la región, hasta que las fuerzas de la Policía Federal desmantelaron la facción de García.

Buscando apoyo en contra de Sánchez Arellano, García procuró la protección de la Federación de Sinaloa, que estaba tratando de apoderarse de Tijuana desde hacía varios años. La estrategia fracasó pero la batalla dejó la estructura Sánchez Arellano extremadamente débil. En la segunda mitad de 2010, la Federación de Sinaloa aprovechó la brecha abierta por García para consolidar su control sobre partes importantes de Baja California, principalmente en las regiones de Tecate y Mexicali, posicionándose estratégicamente para adjudicarse Tijuana.

A sabiendas que no podría sostener otra larga batalla contra un grupo mucho mayor y con más recursos, la organización de los Arellano Félix llegó a un acuerdo con el cartel de Sinaloa, según el cual ambos grupos operarían de manera independiente ciñéndose a un pacto de no agresión. Con Tijuana bajo control, el cartel de Sinaloa controlaba las plazas desde Juárez hasta Tijuana.

En un escenario similar, el cartel del Golfo buscó al de Sinaloa y a La Familia Michoacana en busca de ayuda en su lucha contra los Zetas, que se habían separado del grupo madre a comienzos de 2010. Las tres facciones formaron una alianza que se autodenominó Nueva Federación. La atención de Guzmán se posó nuevamente en el lucrativo negocio de los corredores de contrabando en el nororiente. Con la ayuda de sicarios del cartel de Sinaloa y de La Familia Michoacana, el cartel del Golfo logró presionar la salida de los Zetas de Reynosa, y para mediados de 2010 éstos se encontraban bajo fuerte ataque de las fuerzas de la Nueva Federación. Sin embargo, varios hechos de ese año, incluyendo la muerte el 29 de julio de un cercano aliado de Guzmán, Ignacio “El Nacho” Coronel, y la muerte del líder de La Familia Michoacana Nazario “El Más Loco” Moreno González el 10 de diciembre, le dio a los Zetas la oportunidad de recuperarse.



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