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Qué hacer: Mario Vargas Llosa 2000 - 2012

Férreo defensor del respeto al estado de derecho promoción de la inversión y apertura hacia el mundo el nobel de literatura del 2010 es una influencia enorme en ideas de gobierno hoy en el país.

Por Ricardo Uceda
Foto: Reuters / Henry Romero

HERRAMIENTAS

La influencia de Mario Vargas Llosa en la política peruana tuvo su momento más alto cuando fue candidato presidencial, rivalizando con Alberto Fujimori en 1990. Ya antes había dirigido masas en las calles, cuando lideró la resistencia contra la estatización de la banca. El movimiento fue una catapulta que lo lanzó irremediablemente a la política. En el grandioso mitin que encabezó en 1986 en la plaza San Martín lanzó las ideas liberales que después, en los catastróficos años finales del primer gobierno de Alan García, acompañarían su candidatura. En las dos décadas precedentes también había sido un intelectual influyente, por ejemplo cuando rompió con el régimen de Fidel Castro o se opuso a la expropiación de los diarios. Pero fue a partir de los años ochenta que su incidencia se hizo poderosa y sus opiniones constituyeron un referente incisivo de la política nacional. Esto siguió así por más de 25 años, de modo que es difícil determinar en cuál de las décadas Vargas Llosa tuvo mayor gravitación: si en los ochenta los noventa o a partir del 2000. Es, en lo fundamental, una influencia en ideas de gobierno: respeto al estado de derecho, promoción de inversiones apertura hacia el mundo.

Pero también Vargas Llosa juega en el área chica, en una posición en la que participa en jugadas definitorias. Lo comprueba este breve repaso de su relación con tres presidentes: Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala.

Antes de que Alejandro Toledo se convirtiera en presidente se había visto con Vargas Llosa en un par de ocasiones, pero no tuvieron mucho trato personal. El primer encuentro a profundidad ocurrió en el 2000, cuando Toledo era candidato y organizó un acto de homenaje a Vargas Llosa en el Coliseo Amauta. Era un reconocimiento a su papel como líder cívico contra la corrupción y el autoritarismo de Fujimori. Tras su victoria electoral, Toledo eligió como premier a Roberto Dañino, con quien Álvaro Vargas Llosa lo había puesto en contacto en Washington, cuando buscaba recursos económicos para su candidatura. En aquella ocasión, Toledo le propuso sin éxito a Dañino hacer de recaudador. Una vez en el gobierno, cuando le pidió que fuera primer ministro, lo hizo sin intervención de los Vargas Llosa. Dañino concluyó su periodo en julio del 2002, siendo sucedido por Luis Solari, quien, a su vez, no cumplió el año. Toledo gobernaba magullado por una crisis de credibilidad y necesitaba un premier independiente y muy fuerte. Fue entonces que le propuso el cargo al escritor.

Aunque no aceptó, Vargas Llosa le recomendó a quien a su juicio era la persona idónea para la coyuntura: Beatriz Merino. El consejo produjo que Merino se convirtiera en primera ministra en junio del 2003. Es destacable que esta incidencia de Vargas Llosa en la gestión política se produjo mientras persistía la ruptura de su hijo Álvaro con Toledo, ocurrida en el 2001por el caso Zarai, cuando este era candidato presidencial. Diez años después, Álvaro y Toledo se reconciliarían con ocasión del dilema electoral entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Álvaro fue a buscarlo con el periodista Gustavo Gorriti, y entre ambos lo convencieron de que apoyara al hoy presidente.

 

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