/::
               
      

Qué Hacer: Hernando de Soto 1980 - 1990

El otro sendero de Hernando de Soto comenzó en madre de dios cuando fue a visitar las concesiones mineras que tenía con socios interesados en la explotación de oro. Transcurría 1979.

Por Ricardo Uceda
Foto: El Comercio / Richard Hirano

HERRAMIENTAS

De Soto observó que en los territorios a cargo de su empresa en las orillas del río había numerosas personas lavando oro. —¿Quiénes son? —preguntó. Sus acompañantes le informaron que eran pequeños mineros artesanales que lavaban oro ilegalmente. Se les conocía como chichiqueros. —¿Y por qué no los botamos? —insistió De Soto—. No tienen derecho a estar aquí. Le respondieron que era imposible. En la zona había como dos mil chichiqueros y los de la compañía eran solo cincuenta personas. Fue su primer contacto con la informalidad. Y una de sus primeras experiencias con el Perú porque De Soto por entonces de 38 años acababa de regresar al país después de haber vivido casi toda su vida en el extranjero. Era hijo de un diplomático. Desde 1948 cuando tenía 7 años vivió en el exilio con su familia luego del golpe de estado del general Manuel Odría con quien su padre había trabajado cercanamente. Se hizo economista y comenzó su vida laboral en Europa donde alcanzó posiciones destacadas. En 1970 Universal Engineering Corporation la más grande de su tipo en Europa lo hizo director de operaciones internacionales. Aprendió a tratar con presidentes ya fueran autoridades electas o jeques. De Soto no sabía nada sobre la ejecución de los proyectos de ingeniería que debía vender pero aprendió a identificar en cada país quién era quién y dónde estaba.

Cuando decidió volver a Perú, a finales de la década, no había escrito ningún libro y no conocía ni el fenómeno de la informalidad ni tenía una teoría al respecto. Decidió ser empresario minero y en sociedad con David Ballón se dedicó a explotar varias concesiones. Al mismo tiempo, se propuso organizar una presentación por todo lo alto del pensamiento liberal. En 1981 fundó con Mario Vargas Llosa el Instituto Libertad y Democracia (ILD) —el nombre lo puso el escritor— cuyas primeras actividades fueron simposios en los que participaron figuras como Friedrich Von Hayek, Milton Friedman y Jean Francois Revel. En el primer simposio estaban invitados los chichiqueros, ambulantes de Lima y buena parte de la izquierda. Sin embargo, la idea de que los marginales querían un lugar en el capitalismo no estaba aún fundamentada. Abandonó la actividad minera en 1983, cuando ya estaba dedicado a investigar el fenómeno de la informalidad.

No sabía aún cuánto se conocía del asunto, así que se puso a estudiar. Cuatro profesores fueron contratados por el naciente ILD para buscar cuanto hubiera en las bibliotecas del Perú y Washington. Encontraron un ensayo cuyo enfoque le gustó a De Soto, hecho por el antropólogo Douglas Uzzell, de Rise University, Texas. Para hacer su trabajo había vivido con un transportista informal. De Soto trajo a Uzzell a Lima e hicieron nuevas entrevistas de campo: descubrieron que los informales tomaban terrenos para justificar nuevas rutas de microbuses y luego todo lo formalizaban a medias en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Los locales de las cooperativas de transporte no existían: en realidad el cooperativismo, alentado durante el gobierno militar, era la manera más fácil de obtener licencia debido a las dificultades para constituir una empresa tradicional. El ILD consiguió reconstruir la ruta que seguía la actividad informal en el Estado: qué pasaba con los títulos, con las licencias, con los trámites. En El otro Sendero, el libro que De Soto escribió con Enrique Ghersi y Mario Ghibellini (en Barranco, 1986), se explica que el fenómeno de la informalidad funciona en una democracia de grupos de presión mercantilista. El libro tuvo impacto antes aún de haber sido publicado. A finales de 1984 Caretas dio un adelanto, y Fernando Belaunde llamó a De Soto: quería saber si podía comenzar a hacer algo.

 

 

Si deseas leer el artículo completo, adquiere la versión impresa de PODER o suscríbete a la versión digital a través de App Store.

COMENTE ESTE ARTICULO

Nombre
Email
Comentario
   
Sea el primero en Comentar este Artículo!