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Agenda de reformas

Alfredo Thorne

HERRAMIENTAS

 Las reformas estructurales como instrumento para estimular un mayor crecimiento e inclusión social han sido un tema recurrente en las recientes giras del Presidente electo Enrique Peña Nieto. Ha dejado claro que sus preferencias son por la reforma energética, la fiscal y la de competencia o desmonopolización de la economía. Claro, además de la laboral, que se encuentra en discusión en el Senado.

Los énfasis en crecimiento económico e inclusión social son los adecuados y pocos estarán en desacuerdo. Desde los años sesenta, México no ha logrado retomar la senda del crecimiento sostenido y ha sido rebasado por sus similares en América Latina y Asia. Algunos han culpado la exposición comercial a Estados Unidos, pero lo cierto es que desde ese entonces la economía estadounidense ha tenido un desempeño ejemplar y sólo ha sido desde la crisis de 2008 que su dinamismo se vio comprometido. Más aún, desde esa crisis global México ha logrado diversificar exitosamente su comercio y penetrar muchos otros mercados.

Lo cierto es que los factores que han impedido un mayor crecimiento son más internos que externos. De hecho, uno podría argumentar que quizás México necesita una mayor apertura y exposición al sector servicios. Las reformas que ha planteado el presidente electo abordan los factores que han impedido el crecimiento. Es notable la abundancia de recursos energéticos –petróleo y gas natural–, pero también es evidente que Pemex por sí solo no puede explotarlas y necesita ayuda técnica y financiera. También es cierto que existe poca competencia, sobre todo en los sectores de servicios que producen para el mercado interno. Esto es evidente en la fijación de precios y en la competitividad en estos segmentos. Es notable la diferencia de competitividad entre las empresas exportadoras y las que producen para el mercado interior. Finalmente, el sistema tributario y de gasto gubernamental necesita ser redefinido a favor de la simplicidad y la eficiencia.

Hay tres reformas más que es fundamental abordar y son claves para el desarrollo. Primero, la educativa. México se encuentra muy retrasado en sus niveles de desempeño educativo, más aún cuando se compara con países exitosos como los famosos tigres asiáticos. Es conocido que niveles adecuados de entrenamiento son la clave para atraer las recientes tecnologías y adaptarse a las nuevas inversiones. Segundo, las empresas públicas, que concentran gran parte de la oferta de servicios. Éstos son de dudosa calidad, con precios elevados y niveles de eficiencia muy por debajo de los estándares internacionales. México tiene un gran reto en servicios por las características de la economía de Estados Unidos, donde el sector servicios representa más de 60% de su producción. Tercero, el clima de violencia, que no hace otra cosa que desalentar la inversión. La sorpresa es que México logre mantener su desempeño económico a pesar del nivel de violencia que existe. Esto sólo habla del potencial de la economía.

El mayor reto, sin embargo, es el político: la capacidad para consensuar las reformas entre los partidos políticos y la población. México aún no encuentra la fórmula mágica para convencer a sus políticos y a la ciudadanía en general de los beneficios de las reformas propuestas. Algunos lo explican por la renuencia de los grupos de poder –económico, sindical o de gobierno– a perder su beneficios. Esto se ha visto claramente en la discusión de la reforma laboral que ha resultado en una lucha férrea por defender sus posiciones monopólicas. Lo sorprendente es que la mayoría de la población, que es la beneficiaria finales, no se han convencido de las ventajas de estas reformas. Es cierto que es una proposición un tanto vaga porque los beneficios sólo serán evidentes cuando sean implementadas. Pero también es verdad que la experiencia no ha sido positiva porque la población no se ha visto favorecida con las reformas pasadas que terminaron favoreciendo a unos pocos. A no ser que el nuevo gobierno enfoque las reformas en su ángulo popular y convenza a los ciudadanos de lo benéfico, será difícil avanzar. 

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