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¿Dos décadas de Chávez?

Michael Reid

HERRAMIENTAS

 Habían muchas razones para creer que Hugo Chávez estaba en riesgo de ser derrotado en las elecciones presidenciales de Venezuela. La oposición se unió para respaldar a un buen candidato, Henrique Capriles. Durante los casi 14 años de Chávez, los venezolanos han estado cada vez más expuestos a su mala gestión del país, evidenciada en el aumento del crimen violento, el colapso de la infraestructura y una corrupción generalizada. Y, por encima de todo, en la América Latina democrática moderna el electorado ha tenido la tendencia de cansarse de hombres fuertes y salvadores luego de algo más de una década. Éste fue, por ejemplo, el caso del Perú de Alberto Fujimori.

Todas estas razones explican por qué Capriles logró aumentar los votos de la oposición del 36% al 44%, recortando la brecha entre los dos bandos de un enorme 26% a sólo 11%. Pero la de Chávez sigue siendo una victoria clara –un margen superior al logrado, por ejemplo, por Enrique Peña Nieto.

Independientemente de lo que uno pueda pensar de Chávez, en términos netamente políticos su victoria fue un logro impresionante. Desde luego que el dominio que ejerce sobre los medios ayudó, pero no es la única razón de su triunfo. Venezuela es una sociedad relativamente abierta. Los venezolanos saben que el crimen está fuera de control y que  las interrupciones en el servicio de suministro de fluido eléctrico son algo recurrente fuera de Caracas. Pero no culpan de ello específicamente al presidente.

Esto se debe en gran parte a su habilidad para convencer a los venezolanos del común de que él es uno de ellos. Y, sobre todo, porque ha contado con los recursos financieros para equiparar sus destrezas de comunicación con beneficios en forma de salarios más elevados, programas sociales, lavadoras de ropa de origen chino y la promesa de viviendas económicas.

La razón por la cual Chávez ha podido desafiar las reglas básicas de la política democrática latinoamericana es sencilla: ha tenido la inmensa buena fortuna de gobernar un petro-Estado durante la mayor bonanza petrolera de la historia. Ha sido tan grande el volumen de ingresos por el hidrocarburo que muchos venezolanos se han visto beneficiados a pesar del mal manejo de los mismos. El gobierno fue capaz de aumentar el gasto público durante los últimos 12 meses en casi 30% en términos reales, según Francisco Rodríguez, economista venezolano del Bank of America.

Sin la bonanza petrolera no habría ninguna posibilidad de que Chávez continuara en el poder. Y ésa es la razón por la cual su posición es potencialmente más frágil de lo que aparenta. No hay razones para creer que el crudo se vuelva a abaratar. Pero la posibilidad de aumentar la producción a partir de fuentes no convencionales –esquisto o extracción de aguas profundas– y una economía china en desaceleración, hacen que sea igual de factible que los precios caigan o sigan subiendo. En teoría, Venezuela podría incrementar su producción, gracias, por ejemplo, al petróleo pesado de la franja del Orinoco. Pero las petroleras extranjeras que tienen contratos allí están renuentes a efectuar las altas inversiones necesarias por temor a que Chávez pueda cambiar las reglas del juego.

En su lugar, un mayor endeudamiento con China –hipotecando al país– sería la mejor apuesta de Chávez para contrarrestar cualquier caída de los precios. Pero la deuda externa se ha más que duplicado desde 2009 y el déficit fiscal se aproxima a 12% del PIB. Lo más probable es que Chávez se vea obligado a devaluar su moneda el año entrante y a restringir el gasto público, minando de paso el nivel de vida.

La segunda razón por la cual la permanencia de Chávez en el poder puede ser menos sólida de lo que parece es, desde luego, su estado de salud. Se le veía más fuerte a medida que avanzaba la campaña y quizá se recupere del todo. Pero quizá no. Chávez ha desafiado tantas veces las predicciones acerca de su mortalidad, tanto personal como política, que es riesgoso especular si logrará alcanzar las dos décadas en el poder que le otorgó su victoria. Más temprano que tarde, esa posibilidad puede comenzar a agotarse.

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