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El tercer sector

PODER presenta su primer informe sobre Fundaciones de Gran Compromiso, aquéllas con mayor impacto y que buscan su plena profesionalización.

Por Ismael Jiménez Márquez

HERRAMIENTAS

(Ver información sobre las fundaciones en la Galería de Imágenes)

 

De acuerdo con el Centro Mexicano para la Filantropía, Cemefi, existen en este momento en el país cerca de 5,100 fundaciones con iniciativas que buscan contribuir a paliar algunas de las necesidades más sentidas de la comunidad. Pero son todavía pocas las que lo hacen de una manera profesional y transparente, con informes sobre sus resultados y rendición de cuentas a sus financiadores.

A partir de este año, PODER realizará un informe anual con el fin de destacar aquellas fundaciones que hayan logrado profesionalizar sus estructuras, transparentar sus acciones y asumir un compromiso claro con la comunidad. Para ello invitó a las organizaciones más importantes del país a responder un cuestionario sobre su estructura y sus actividades. Finalmente se seleccionaron las 22 que presentaron la información más consistente.

Sin embargo, no queremos dejar de mencionar interesantes iniciativas de compañías como Unilever, Acir, Kellogg’s, MVS, GNP, HSB, Cinépolis, ADO, Azteca, Kaluz, Henkel y Merck, por mencionar algunas de gran calado, que se encuentran trabajando para llegar en buenas condiciones para comunicar sus logros de cara al siguiente listado.

Comprometerse con el entorno y devolver “un poco” de lo que han obtenido de la sociedad, es el enfoque que las empresas le están concediendo a la filantropía. Ya son muchas las firmas que tienen una fundación, a través de la cual canalizan proyectos y recursos para apoyar aquellos sectores de la sociedad más desprotegidos y que carecen de los recursos más elementales para tener una vida digna.

En México hay un amplio número de personas comprometido con la filantropía, entre los que destacan personas de negocios que, por su prestigio y abolengo, han sido fuente de inspiración y modelo a seguir por otros empresarios de renombre. A ellos se suma a una lista importante de compañías que están cambiando el modelo en que se realizan actos de filantropía –o de Responsabilidad social empresarial (RSE), como muchos prefieren que se nombren los apoyos y programas dirigidos a las Organizaciones de la sociedad civil (OSC).

Primeros ejemplos

La filantropía es una actividad practicada en el mundo por gente acaudalada desde hace al menos 100 años. En México, no obstante, la “filantropía corporativa” como hoy es conocida la responsabilidad social de las empresas, data apenas de 1991, cuando Grupo Cifra (que era dueño de la cadena Aurrerá) se erigió como el primer corporativo en asumir un compromiso con la sociedad y hacer de éste parte de sus prácticas empresariales.

Pero ya existían algunos antecedentes. La Fundación Carso, hoy Fundación Carlos Slim, nació en 1986. La familia Slim –una de las más ricas del mundo–, realiza a través de ese organismo actividades en apoyo a diversos sectores de la sociedad, las cuales han sido reconocidas por entidades como la Universidad George Washington o la Iniciativa Global Clinton –presidida por Bill Clinton–, que entregará el Premio Liderazgo Filantrópico al empresario.

Klaus German, director general de Acces y especialista en la materia, explica que la filantropía ha evolucionado y hoy las fundaciones están catalogadas en patrimoniales, comunitarias y corporativas. Las dos primeras son esfuerzos de particulares que se consolidan a partir de herencias y patrimonios donados, o que operan con recursos de las ONG y de grandes filántropos que prefieren no formar una fundación. Las corporativas, en cambio, son creadas por las empresas y forman parte de su organización.

México aún está lejos de alcanzar el nivel y compromiso social que se observa en Estados Unidos, en donde hay alrededor de 1.5 millones de fundaciones y en el cual personajes como Bill Gates o Warren Buffet, se comprometieron a donar 50% de sus respectivas riquezas.

La cantidad de fundaciones de este lado de la frontera es por mucho inferior, y las de perfil corporativo significan menos de la mitad del total. Aunque su número, es verdad, ha venido creciendo: de acuerdo con el informe 2010 del Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), de 1995 a 2010, de 1,500 pasaron a las más de 5,100 mencionadas al comienzo de este artículo.

El informe Filantropía y sociedad, realizado por el Instituto Autónomo de México (ITAM), revela que las donaciones realizadas por las distintas entidades en México durante 2009, significaron apenas 0.18% del PIB, cifra 40 veces menor a la de Estados Unidos. Los números también revelan una amplia brecha entre México y los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), al situarse entre una de las naciones con los niveles más bajos de aportaciones para causas filantrópicas.

Profesionalización

El tema de la filantropía no está debidamente conceptualizado en México. Aún se discute cómo debe nombrarse la acción de participar, apoyar, donar recursos y contribuir al mejoramiento de las comunidades. Para algunas corporaciones, el término adecuado debe ser filantropía corporativa, mientras hay quienes prefieren llamarle ciudadanía corporativa; para otros, la palabra filantropía no cabe, y su compromiso con la comunidad significa responsabilidad social empresarial, la ya mencionada RSE. 

Gustavo Lara, director de Fundación BBVA Bancomer, señala que la RSE es una idea que aplica más a las fundaciones corporativas, al estar éstas encaminadas a apoyar a las distintas organizaciones de la sociedad civil, “y no se limita únicamente a otorgar recursos, sino que va más allá; la profesionalización de las fundaciones corporativas se enfocan en el monitoreo de resultados, la selección de los proyectos a apoyar y la entrega de informes al consejo de la fundación, compuesto por personas con experiencia en RSE y que son independientes de la empresa”.

Bajo el concepto de profesionalización, las fundaciones buscan cambiar la imagen que por mucho tiempo se ha tenido de ellas. Su objetivo es dejar de ser vistas como entes de caridad. Sin bien es cierto que su origen se encuentra en la donación de recursos hacia sectores desprotegidos de la sociedad, y que su razón de ser hoy día tiene que ver con la falta de capacidad del gobierno para hacer frente a todos rezagos sociales, “el papel de las fundaciones debe entenderse como un promotor del desarrollo de las comunidades desatendidas”, menciona Marcela Rovzar, coordinadora de Procura, institución dedicada a capacitar y profesionalizar a los actores de las del organismo.

Hoy, las fundaciones llevan a cabo un proceso de selección de esas organizaciones. Los proyectos a ser apoyados deben estar alineados a los objetivos y principios de la fundación. Así, se busca que los recursos se canalicen a programas sociales de calidad cuantificables y que contribuyan a la solución de problemas. Así, los recursos destinados a proyectos sociales, están dirigidos a proyectos estratégicos para que se conviertan en una resolución y no se queden sólo en programas asistencialistas. 

Los consejos que presiden las fundaciones se encargan de evaluar, discutir y diagnosticar el posible impacto de los proyectos apoyados con recursos monetarios y en especie.

En México la ayuda a los sectores y comunidades con rezago es una gran tarea; por ello, tanto fundaciones como OSC y demás entidades involucradas en impulsar el desarrollo de las comunidades buscan generar alianzas y asociaciones que permitan tener mayores y mejores resultados de los programas y recursos aplicados. Para Carlos Ramos, director de Desarrollo Social Empresarial de Grupo Televisa, “el impacto del trabajo de las fundaciones se debe reflejar en la mejora de la calidad de vida y en un mayor desarrollo económico como resultado de mayores oportunidades”.  

La duda fiscal

Fundaciones y organizaciones de la sociedad en México cargan una sombra de duda sobre sus obligaciones fiscales; de hecho, en algunos sectores persiste la idea de que estas figuras son creadas exclusivamente con la finalidad de evadir impuestos por parte de sus creadores.

Al igual que las fundaciones corporativas, el marco jurídico bajo el que operan en la actualidad las OSC, no se remonta más allá de la década de los noventa; asimismo, había un antecedente en el que las asociaciones civiles (las famosas AC), se consideraban como no lucrativas, por lo que se encontraban exentas del pago del Impuesto sobre la renta (ISR), situación que cambió luego de una iniciativa de la Secretaría de Hacienda (SHCP) en 1989, con la que se buscaba gravar las actividades de las OCS a fin de aumentar la recaudación del Estado.

Lo anterior dio como resultado la revisión del marco jurídico bajo el cual operaban las organizaciones civiles, y aunque la propuesta de la SHCP no prosperó, las OCS ya existentes trabajaron junto con el gobierno para dar mayor certeza jurídica a estas instituciones, lo que derivó en la promulgación de la iniciativa de Ley de Fomento a las Actividades de la Organización Civil en 1998.

No obstante, es hasta 2004 que el Poder Legislativo dio validez a dicha ley con algunas modificaciones para crear la Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil (LFF).

La normativa establece que las OSC deberán cumplir con el objeto social para el que fueron creadas; no distribuir los remanentes de sus actividades económicas; poner a disposición del dominio público la información financiera –sobre todo cuando son apoyadas por recursos públicos–; abstenerse de promover actividades políticas o religiosas y mantener el interés público y de beneficio a terceros en todas sus actividades.

La susodicha ley establece en su artículo sexto como derecho de las OSC, recibir donativos y aportaciones, acceder a los apoyos y estímulos públicos, y gozar de los incentivos fiscales, entre otros. Por su parte, la Ley del Impuesto Sobre la Renta (LISR), reconoce como personas morales sin fines de lucro a todas aquellas OSC que se constituyan y funcionen exclusivamente como entidades dedicadas a cualquiera de los fines y actividades estipuladas en el artículo 95 de dicha ley, en las fracciones de la VI a la XX.

Para muchas OSC, la interpretación entre ambas leyes ha generado confusión en cuanto cómo y cuándo dar aportaciones y cómo se deben recibir donativos, así como bajo qué condiciones quedan o no exentas del pago de ISR. Esto contribuye a generar una percepción de falta de transparencia de sus actividades y obligaciones.

Ramos, de Televisa, menciona que ese tema, el fiscal, es de gran relevancia porque bajo condiciones idóneas, genera un marco de incentivos y de reglas para la actuación de las OSC. “Es por ello que las fundaciones deben mantener un perfil activo, que permita que la opinión pública tenga información de la labor que las fundaciones realizan, con el fin de que se integre a la discusión de cómo se deberá mejorar el trabajo de éstas”.


METODOLOGÍA:
Para el primer  informe de las Fundaciones de Gran Compromiso realizado por PODER, se seleccionaron las 22 organizaciones y empresas que presentaron la información más consistente de un total de 50 respuestas recibidas. La idea es poder elaborar, en un futuro cercano, un ranking de las fundaciones más importantes del país, en el que se destaque su transparencia y su compromiso con la sociedad. Por ahora, el informe busca destacar los resultados tangibles del trabajo de algunas de las fundaciones más importantes del país, la sistematización de sus cifras y el impacto que tienen en la sociedad civil.
Listado I. Presenta un marco general del trabajo de las fundaciones: los montos anuales con que operan, el perfil de la población que apoyan y las distintas fundaciones que apoyan o con quienes tienen alianzas de trabajo para la consecución de objetivos afines.
Listado II. Comunidades beneficiadas, perfil de los sectores en los que trabaja cada fundación en las comunidades que atiende y porcentaje del presupuesto anual canalizado hacia esas comunidades. Este listado deja ver el eje de los objetivos de cada fundación.
Listado III. Entidades en las que las fundaciones realizan trabajos de apoyo a las comunidades, programas aplicados y objetivos a los que se enfoca cada programa. Este listado refleja el perfil de cada fundación y las entidades objetivo hacia donde se canalizan los esfuerzos del trabajo realizados por los consejos que preside cada fundación.


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