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Hecho a sí mismo

Jorge Hernández de la Garza, autor de Casa Suntro, pasó de ser una promesa mundial a un arquitecto debidamente consolidado.

Por Marcela Rodríguez Loreto

HERRAMIENTAS

"Elementos simples logran grandes cosas”. Ésa es la premisa del arquitecto Jorge Hernández de la Garza quien, como ocurre con las obras que realiza, está en proceso de construcción. Tiene 35 años. Fundó su estudio después de trabajar una temporada en el despacho del arquitecto Abraham Zabludovsky, y otro periodo en la empresa ICA.

Durante el levantamiento de la Torre Mayor, donde Hernández de la Garza se desempeñó en el proceso de obra relativo al nivel -4 a planta baja, “ICA me dio la visión de obra, cómo  resolver  la aplicación de un gran presupuesto; estaba en el área de estimaciones, atendía los avances de obra contra flujos y presupuesto”. 

La revista especializada Wallpaper, en su edición inglesa del año 2007, catalogó a Hernández de la Garza dentro de los 100 arquitectos con mayor futuro en el mundo. PODER hizo el ejercicio de visitar al profesional en su estudio, con el ánimo de conocer la trayectoria que ha tomado esa joven promesa de la arquitectura mexicana.

“Yo le diría a un joven que si quiere poner un despacho, lo haga desde el principio, que tome el toro por los cuernos; conforme vamos creciendo adquirimos más responsabilidades que no nos permiten arriesgar. A los 24 años no tienes grandes responsabilidades. Yo pude aventurarme porque ni estaba casado ni tenía que mantener  una casa. Cuando puse mi despacho no tenía siquiera un cliente, yo era mi secretaria, y yo mismo dibujaba”. 

Su pasión por la arquitectura se gestó, según él, cuando de chico acompañaba a su papá a visitar la obra de la casa en construcción que se estaban costeando, y recuerda que jugaba con módulos de madera a hacer “conjuntos de casitas”.

Casa Suntro

Si en la intervención que hizo en Casa 14 ya había elementos que afianzaría en 11 años de trayectoria, como los ventanales de doble altura para conectar el interior y el exterior, el manejo de la luz como un elemento armónico y los muros que, desnudos, parecen envolver el edificio, en Casa Suntro (Oaxtepec, Morelos, 2007) resumió su propuesta arquitectónica.

 “Lo que importaba en esa casa era obrar con pocos elementos, haciéndola confortable al usuario. Es una casa elegante y austera –reflexiona Hernández de la Garza­–, es muy simple, carece de elementos que la adornen”. Sin embargo, ubicada en medio de la naturaleza, las sombras creadas por los árboles se reflejan en los suelos, paredes y techos, como si fueran tapicería natural.

A raíz de Casa Suntro, el arquitecto tomó consciencia de que el despacho comenzaba a consolidarse: “Me empezaron a buscar publicaciones europeas y asiáticas. Esa casa ha gustado mucho; puede ser que haya sido el parteaguas”. Y agrega que siempre trató de demostrar profesionalismo y seriedad: “Los clientes depositan lo que ahorraron en años, su patrimonio, en el arquitecto. Depositan su futuro en el arquitecto. Se debe ser exigente con la calidad del diseño; existe bastante competencia, hay muchos despachos buenos, incluso de jóvenes consolidados”.

Hay una generación joven que está haciendo obra importante, y  hay una generación que está haciendo arquitectura mexicana contemporánea, dice, “a la que no pertenezco si hablamos del uso de elementos clásicos, como pérgolas, muros de colores. Mi exploración va hacia una arquitectura global, que no se siente identificada con algunos rasgos de la típica arquitectura mexicana”.

Centro Vladimir Kaspé

A la espera del fallo del concurso internacional para la construcción de la Biblioteca Central de Helsinki, un proyecto de 30,000 metros cuadrados, Hernández de la Garza dice que incorporó en ese plan características de sustentabilidad, proponiendo una piel exterior al edificio: “Incorporando un diseño paramétrico, por medio de la computadora, manipulamos aberturas que nos permitieran tener mayor o menor ingreso de luz natural”.

Hernández de la Garza explica que, obviamente, “tratamos de proyectar para ganar”. Más importante para él, sin embargo, es seguir vigente en la arquitectura internacional y poder proyectar a mayor escala. “Tener obra mía en el extranjero dependerá, hasta cierto punto, de ganar un concurso internacional”, dice. 

Ganador del concurso para diseñar el Centro Cultural Vladimir Kaspé (DF, 2006) confiesa: “Ojalá le peguemos, como le pegamos al Vladimir Kaspé,  a pesar de que en este caso el reto es más ambicioso; en los concursos internacionales a veces participan hasta 2,000 despachos.  Somos conscientes de que hay mucha calidad en los despachos internacionales y que dependemos del gusto de personas que no conocemos”.

El proyecto del Centro Cultural Vladimir Kaspé está inspirado en la arquitectura racionalista de este creador, originario de Manchuria y naturalizado mexicano, con elementos que lo sitúan en la época contemporánea: “Flotamos una caja modernista dejando una planta libre y con modulaciones verticales en nuestra fachada de cristal, características de la arquitectura de Kaspé. Cuando nos referimos a un arquitectura racional en este proyecto, hablamos de la estricta modulación de la estructura de acero, tratando de tener el menor desperdicio posible de materiales”.

Smooth Building

Al arquitecto lo inspira lograr diseños con mucha belleza, “de gran valor estético”; la luz, los espacios limpios, “cuando el proyecto tiene el potencial de integrarse con la naturaleza”. Podría haber sido veterinario. Ama a los animales. Tiene a Vito y Camilla, dos bulldogs franceses, pero se decantó por la arquitectura, “la mezcla entre los detalles técnicos de una obra y la inspiración, el gusto por el diseño, por proyectar”.

El Smooth Building (San Pedro Garza García, Nuevo León, 2010) es un edificio de líneas suaves y continuas. “Iluminado de noche –dice– es como un objeto escultórico que destaca respecto a los otros proyectos vecinos, anclado en el terreno de manera sólida”.

Antes de encargar lo que sería el Smooth Building el cliente  había visto la Casa Suntro y conocía algunos gestos arquitectónicos propios del despacho de Hernández de la Garza, quien recuerda que viajó a Monterrey: “El cliente me mostró la ciudad, los edificios que le gustaban, con la intención de que recibiera alguna influencia de sus gustos. Cuando regresé al Distrito Federal, me habló para decirme que olvidara todo lo que me había mostrado. Me dio su voto de confianza. Me dejó resolver con libertad el programa arquitectónico que él necesitaba”. 

Según Hernández de la Garza, “empieza a tener un rasgo la arquitectura que estamos haciendo. Una arquitectura de trazos muy limpios, elegante, clara. En mis muros no hay ornamentación. No es arquitectura pura en cuanto a geometría, sino que con pocos elementos crea una riqueza espacial. Con alguna connotación escultórica implícita”.

Casa perfecta

De formación lasallista desde sus primeros estudios, lo natural para Hernández de la Garza fue cursar la universidad en La Salle donde, asegura, se cuenta con una buena escuela de arquitectura. Después tomó el diplomado en Diseño en la que se considera la mejor escuela de arquitectura, la AA The Architectural Association, en Londres, Inglaterra.

Hernández de la Garza dice que no siente presión por las expectativas creadas. Que hace lo que le gusta, incluso rechazando ofertas jugosas económicamente, como construir vivienda de interés social, para enfocarse en lo que en verdad le gusta: el diseño arquitectónico. “Si vuelvo atrás en el tiempo –afirma– me doy cuenta de que, de forma inconsciente, los proyectos van ligados unos a otros. Un proyecto se relaciona con el anterior y van evolucionando’.

“Por supuesto –comenta quien ha recibido el premio a la composición arquitectónica Mario J. Pani– que puedo platicar de cantidad de inmuebles que, en el camino para llegar hasta aquí, tuve que proyectar o construir para alimentar la nómina del despacho.  A veces los proyectos no nos dan satisfacción arquitectónica, sino la posibilidad de mantenernos para generar otro tipo de arquitectura. De este despacho dependemos siete cabezas directamente, en obra llegamos a tener hasta 100 trabajadores”.

Merecedor del Premio al Mérito por su propuesta del Museo de la Prehistoria de Gyeonggi-do, Corea, Hernández de la Garza se califica de sumamente exigente: “Digo a la gente del despacho sobre la casa que estamos proyectando en estos días en Bosques de las Lomas, que debe ser una casa perfecta. En cuanto a la resolución, a los requerimientos de nuestro cliente, a la construcción, los materiales”.

Además del español Alberto Campo Baeza y el japonés Shigeru Ban, Hernández de la Garza admira a los portugueses Álvaro Siza y Aires Mateus. “Puede ser que, dado que es una economía similar a la nuestra, que no cuenta con recursos de alta tecnología como los países de Primer Mundo, me sienta identificado con este tipo de arquitectos, que con elementos simples logran grandes cosas”. 

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