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Las verdaderas verdes

Cada vez más empresas revelan su compromiso de cuidado del medioambiente. PODER presenta las cifras de 30 buenas candidatas.

Por Ismael Jiménez Márquez

HERRAMIENTAS

(Vea el listado de empresas y sus acciones verdes en la Galería de Imágenes)

 

Por tercer año consecutivo, PODER realiza su informe sobre las verdaderas empresas verdes. Este año el listado incluye a 30 firmas de diversos sectores que enfocan esfuerzos importantes para mitigar sus impactos en el ambiente. Hubo, desde luego, llamados a muchas más compañías que las mencionadas, pero algunas por múltiples motivos, decidieron no participar en este ejercicio de evaluación. Otras más entraron pero sus datos fueron insuficientes para ser consideradas en la lista final.

Con todo, que las empresas participen demuestra que van en la ruta sustentable. El presente informe no podría ser posible sin esa contribución, interés y compromiso. Al divulgar sus avances, las firmas revelan un gran esfuerzo en la implementación de políticas sustentables, que ya forman parte de su estructura organizacional.

Este trabajo irá evolucionando conforme un mayor número de compañías esté en condiciones de dar a conocer sus esfuerzos en esta materia. Porque, es de suponerse, el camino de la sustentabilidad (del “verdor”, si se nos permite la expresión) está lleno de vicisitudes, de amplia inversión y de larga culturización. El camino para las firmas que quieran consolidarse como auténticas verdes no está libre de escollos.

Esa senda fue trazada hace apenas unos años, 14 de hecho. En enero de 1999 en Davos, Suiza, en el marco del Foro Económico Mundial, el entonces secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Kofi Annan, propuso un “pacto mundial” entre este organismo y todas las corporaciones empresariales y de negocios del mundo, una iniciativa en la cual las empresas se comprometían a alinear sus operaciones y estrategias con base en los 10 principios universales que forma dicho pacto, regido por cuatro temas: derechos humanos, estándares laborales, medioambiente y anticorrupción.

La promulgación de ese Pacto Mundial conjuga la búsqueda de mecanismos y tecnologías que ayuden a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), de entes públicos y privados.

El pacto es una iniciativa “voluntaria”, por lo que se asume que las empresas que se adhieran a ésta comparten la “convicción” de que sus actividades deben estar encaminadas a la conformación de un mercado global más equitativo y justo. El cambio climático, provocado por las emisiones de GEI, es por mucho el verdadero reto al que deben hacer frente naciones y empresas, así como revertir los efectos que ya se dejan sentir.

El dilema de ser amigable

La escasez de recursos naturales disponibles “presiona desde ahora a los gobiernos y empresas, lo que podría sentirse con mayor fuerza en el futuro, en los costos y operatividad de los negocios”, comenta Jesús González, socio a cargo del área de sustentabilidad de la firma de consultoría KPMG.

Esta firma se planteó varias cuestiones para calcular el impacto actual de las empresas en el mundo. Por ejemplo, cuántas piezas componen un automóvil; cuántos kilómetros deben recorrer los alimentos para llegar al hogar, o cuál es cantidad de materiales que se requieren para la construcción de una casa o la oficina en la se que labora.

Según el informe Construyendo valor para el negocio en un mundo cambiante de KPMG, durante los últimos 10 años los costos de las compañías a nivel global se incrementaron 50%.

Bajo ese escenario, el seguimiento de la huella de carbono cobra gran relevancia para las empresas, ya que no sólo implica el monitoreo de las emisiones propias de GEI, sino también el de toda su cadena de suministros. El reto que significa el impacto sobre el ambiente y los costos que implican los seguimientos y las medidas para controlar y mitigar las emisiones de GEI, son significativos.

Ello es tan así que muchas compañías han debido trabajar a paso acelerado en el diseño e innovación de nuevos productos y materiales que les permitan ser más eficientes, tanto en el proceso de producción como en el uso de materiales.

En General Motors de México (GM), por ejemplo, la misión es “responder a la necesidad de diseñar y resideñar sus productos, bajo nuevas normas de eficiencia ambiental”, dice Arnulfo Verlanga, gerente de grupo ambiental.  En este mismo sentido, Martín Rincón, director de sustentabilidad y competitividad de Biopappel, menciona que su firma revolucionó la industria al replantear todos sus procesos para la fabricación de papel, al grado que hoy no cortan un solo árbol para hacer sus productos. Mediante el concepto Bosque Urbano, la empresa recolecta y recupera papel de los rellenos sanitarios para reciclarlo, de tal suerte que recicla más 1.5 millones de toneladas anuales de ese material.

Recliclar al 100% se dice fácil, pero no lo es. Los costos en los que incurre una firma para implementar programas de cuidado del ambiente, no sólo radican en comprar e implementar tecnologías, sino en la realización de un diagnóstico de las operaciones para identificar puntos críticos de emisiones de GEI. Sólo después de ello se pasa a la etapa de implementación de soluciones.

Luis Lara, gerente de la oficina de calidad ambiental de Ford Motor Company, menciona que las acciones correctivas encaminadas a disminuir los impactos al medioambiente, deben ser resueltos desde el principio del proceso y no al final del mismo, “ya que de esta manera se pueden adecuar todos los pasos de un proceso, ayudando así a mitigar las emisiones de GEI y hacer eficiente la producción de la planta”.

Por ello, los programas de cuidado al ambiente deben mantener un monitoreo constante, que permita corregir el desgaste natural para poder corregir a tiempo, señala Jorge Hagg, gerente de desarrollo de productos de Buildings de Schneider Electric México.

Hay de verdes a verdes


En los últimos años se ha suscitado un boom de certificaciones medioambientales, además de prácticas de sustentabilidad de las empresas. Certificaciones como la LEED, el Círculo Verde, los ISO14000 y 14001, más el reciente ISO50001 –que certifica el uso eficiente de energía eléctrica en un edificio–, o el Principio de Ecuador, iniciativa de la Corporación Internacional Financiera al que se adhieren las instituciones financieras para el fomento de inversiones sustentables del sector privado en países en desarrollo, con el fin de medir el nivel de riesgo socioambiental de los proyectos a financiar; son apenas algunos ejemplos de certificación que hoy buscan las compañías.

Pero hasta ahora las certificaciones y programas de validación mencionados, al igual que las particulares de cada país, en su mayoría son voluntarias, al igual que el Pacto Mundial de la ONU.

Con todo, cada vez existe mayor presión por parte de diversos grupos defensores del medioambiente que promueven la generación de leyes y regulaciones que eventualmente impactarían la operación de las empresas.

Y a escala interna se ha hecho eco de esa conciencia: en junio pasado entró en vigor la Ley General de Cambio Climático en México.

En tal contexto, González de KPMG sabe que algunas empresas aún no tienen idea por dónde comenzar el proceso de monitoreo para medir sus emisiones de GEI. Menciona que “de entrada, las empresas deben pensar en un consultor interno o externo, el desarrollo de un sistema para monitorear y cuantificar la información recopilada e implementar un sistema para emitir reportes de resultados que ayude a identificar áreas de oportunidad de mitigación, son módulos todos ellos, que de entrada implican un costo extra en la operación de las compañías”.

Hagg, de Schneider Electric, no puede obviar que la implementación de programas y tecnologías para el cuidado ambiental “deben estar encaminados hacia la búsqueda de la eficiencia operativa más que a la inversión realizada, ya que ello significa un costo menor que seguir operando bajo condiciones que generen un alto impacto a su entorno natural”.

Como parte del contexto local en este rubro, la Bolsa Mexicana de Valores recientemente comenzó a estructurar lo que será el índice de empresas sustentables en el mercado de valores local. La firma inglesa Experts in Responsible Investments (Eiris) es la encargada de aplicar la metodología de evaluación que compondrá dicho indicador, y junto con los parámetros del Global Reporting Initiative darán forma al índice sustentable de compañías mexicanas.

Eiris monitorea actualmente 3,000 empresas en el mundo y da seguimiento a 7,000 más con la metodología aplicada, compuesta de 300 indicadores basados en los 10 principios del Pacto Mundial. Clasifica a las empresas en tres sectores de impacto al medio ambiente (ver cuadro adjunto, a la derecha). En México, no más de 80 empresas están sujetas al programa mundial de Reporte voluntario de emisiones de GEI, y por el momento, menos de 40 compañías componen el índice de sustentabilidad de la BMV. Aunque existe un número importante que realizan algún tipo de “actividad a favor del medioambiente”, no todas las corporaciones que operan en México están en condición de medir y reportar esfuerzos en la protección del ambiente.

De hecho, la ONU concibe al Pacto Mundial como un marco de acción encauzado a la “legitimación social” de las empresas y de los mercados. En ese sentido, el apartado de medioambiente señala que las empresas deben mantener un enfoque preventivo que minimice sus impactos al entorno, promueva la responsabilidad ambiental y favorezca el desarrollo y difusión de tecnologías amigables con el ambiente.

Sin duda, “la cuestión no es sólo ‘ser verdes’ u optimizar procesos para ser más eficientes y competitivos; el compromiso de las grandes corporaciones empresariales con el cuidado del medioambiente es una cuestión conciencia, más que de buenas intenciones”, afirma Hagg.

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