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“Mis monstruos y yo vivimos una vida armoniosa”

A punto de estrenarse Rise of the Guardians, el nuevo proyecto de DreamWorks, PODER habló con Guillermo del Toro.

Por Alejandra Musi
EFE / ZUMA PRESS

HERRAMIENTAS

 De pequeño veía monstruos que lo asustaban por las noches. Hasta que un buen día decidió hacer un pacto con ellos y les prometió contar sus historias y darles vida siempre y cuando se hicieran sus amigos. Desde entonces, Guillermo y sus monstruos son inseparables. Tanto, que hoy en día es considerado un gurú en el tema y la propia DreamWorks lo buscó para que colaborara con ellos en proyectos como El gato con botas y Rise of The Guardians, próxima a estrenarse en México. En esta última, Del Toro no sólo aportó su experiencia como productor ejecutivo sino también su imaginación al diseñar su propia criatura: el conejo de Pascua. Y es que Rise of The Guardians da vida a todos aquellos mitos de la infancia entre los que no pueden faltar figuras tan emblemáticas como Santa Claus (Norte), el hada de los dientes (Tooth), etcétera.

Guillermo también se caracteriza por ser un artista que ayuda a los nuevos talentos produciendo sus proyectos. “Llámalo gratitud a la vida o una forma de devolverle el favor a tantas personas que creyeron en mí cuando comenzaba”, nos dice desde el otro lado de la línea telefónica el director al que los actores y equipo con los que trabaja siempre lo describen como un hombre que sabe crear sets felices.  Y es que al igual que el personaje de Norte en Rise of the Guardians, el artista mexicano es un optimista empedernido. Algo que lo hace identificarse mucho con esta interpretación de Santa Claus “porque tiene una gran capacidad para permanecer optimista en los momentos más adversos”, cuenta Del Toro con sinceridad y también refiere cómo el director, Peter Ramsey, siempre le dice que se inspiró en él para crear a este peculiar Papá Noel.

“Me gusta muchísimo que Norte se describe a sí mismo como alguien que tiene una mirada con la que puede encontrar la magia en el mundo porque yo creo que el principio de mi trabajo es tratar de encontrar lo mágico en un mundo que cada vez lo es menos”, agrega el creador que vive corriendo de una junta de producción a otra, entre pausas escribe sus ideas y hace algún dibujo en su libreta y desarrolla tres proyectos a la vez (Pinoccio, Alma, Pacif Rim).

Y de vez en cuando este realizador incombustible también concede alguna entrevista, como la que ofrece a PODER. Un respiro en el que Del Toro comparte su mundo con su habitual generosidad.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con DreamWorks?

Me siento como en una familia. Ya son tres años con ellos y ha sido una experiencia estupenda. Me siento con mucha libertad y apoyo. Rise of The Guardians es la primera película en la que pude estar involucrado desde el inicio y siento que la llenamos de un terreno de fantasía sincero, potente y logramos crear un filme muy bello para toda la familia, cargado de imágenes poderosas. 



Peter Ramsey me comentó en una entrevista que usted fue el creador de El conejo de Pascua…

Sí, había que rediseñar al conejo desde el principio porque no transmitía el poderío del personaje. Lo realmente bello de esta película es poder representar estos mitos de la infancia, pero con una característica muy diferente que es darles un poder y una estatura casi mitológica. Al conejo de Pascua lo reinventamos como una fuerza de la naturaleza, un personaje muy potente con un diseño majestuoso.



Usted apoya mucho a los nuevos talentos. ¿Qué tiene que tener un proyecto para que apueste por él?

Lo único que puedo hacer es interesarme por películas que me gustaría ver y que creo que si no me involucro no se podrán hacer de ninguna otra forma. Y eso no significa que el proyecto sea bueno o sea malo, sino que simplemente es una reacción muy personal que tengo hacia él.  



Nombres como el suyo le han dado un espaldarazo muy importante al cine mexicano y le han abierto camino a otros cineastas. ¿Es consciente de todas las puertas que ha abierto?

Cuando nosotros empezamos a buscar trabajo internacional, y con nosotros me refiero a Manuel Navarro, Emmanuel Lubezki, Alfonso Cuarón y yo mismo, entre muchos otros, la actitud hacia los mexicanos era otra. Vivimos anécdotas realmente ofensivas y chocantes en las que la gente no podía concebir que personas con nuestra historia y nuestro origen quisieran participar en una producción de altos vuelos en cuestiones técnicas y financieras y que quisiéramos tocar géneros que no sólo eran el drama social. Creo que el que hoy en día los jóvenes puedan pensar que existe la posibilidad de dirigir, actuar o fotografiar la película que se les antoje sí es un gran avance. No es fácil, sigue siendo muy difícil conseguirlo, pero se puede. Cuando nosotros empezamos realmente estábamos abriendo camino. Algo muy significativo que me ha pasado es que en alguno de los casos de los directores que produzco he logrado conseguirles presupuestos superiores a los que yo tuve al inicio de mi carrera y eso me da gusto.



Además de los múltiples filmes que apoya como productor acaba de terminar de rodar Pacif-Rim y está preparando Pinoccio. Cuéntenos de esos nuevos proyectos…

Con Pinoccio, la idea es empezar el rodaje de los actores y las voces que sirvan como base de la animación a principios del año que entra. De Pacif Rim te puedo contar que ha sido la mejor experiencia creativa de mi vida, la verdad. He sido profundamente feliz desde la preproducción hasta ahora que estoy en la posproducción. Sin duda ha sido la película con menos frustraciones y con más recompensas creativas que me he encontrado en toda mi carrera.



Hablando de felicidad, ¿qué es lo que más disfruta al crear?

La posproducción. Definitivamente. Porque es el momento en el que ya estás con una serie de realidades, ya filmaste lo que había que filmar y ya están los ladrillos para construir la casa. Ya no estamos hablando de los planos, de que alguien llegó tarde a la fabricación del material o de lo difícil que es. Cada vez que vienes a rodar estás esperando que algo vaya mal, que se acabe el sol, que el actor no logre las líneas, lo que sea… Cada vez que estás en la edición estás viendo cómo la película va tomando forma poco a poco y es una recompensa inmediata. El rodaje es una moneda al aire, un albur. Eso sí, soy un director que puede rodar 14 o 16 horas seguidas en un día. En general soy adicto al trabajo, ¡me encanta! Es mi vida. Mi mente descansa cuando trabajo porque aunque haya un conflicto horrible en una película, ahí es dónde me siento feliz, pleno y satisfecho. Aunque haya problemas en un set la vida cotidiana es mucho más difícil que la vida en un rodaje.



¿Cree que los monstruos con los que pactó en su infancia ya están tranquilos?

Sí, mis monstruos y yo vivimos una vida muy armoniosa, realmente la pasamos muy bien juntos. Para mí, el diseño de criaturas es una de las partes más gratificantes de cualquier proceso cinematográfico. 

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