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Huanchaco

Grimanesa Amorós y su escultura de luz en la Torre de los vientos.

Por Adriana Herrera

la obra. Huanchaco, 2012. Leds, secuencia de luces diseñada, harward eléctrico, 396 cm x 457 cm x 487 cm. Cortesía: Grimanesa Amorós STudio.

HERRAMIENTAS

 La Torre de los vientos del uruguayo Gonzalo Fonseca, una de esas obras de arte público que en 1968 realizaron en la Ruta de la Amistad en el DF influyentes artistas internacionales para las olimpiadas, alberga ahora en su interior una enorme escultura luminosa de la peruana Grimanesa Amorós. El 12 de octubre se abrirá al público en conjunción con el Watch Day (término inglés que podría ser traducido en múltiples acepciones: “Día para mirar-observar-vigilar-proteger”), que ha sido creado como evento global por la Fundación World Monuments, WMF, establecida para preservar estos sitios y su conexión con la cultura local. El día del descubrimiento de América es ahora también una fecha para “despertar conciencia sobre el legado cultural de sitios que han sufrido deterioro como resultado del tiempo, de desastres naturales o del cambio socioeconómico”.

Amorós es una reconocida artista peruana que vive en Nueva York. En su travesía, los desplazamientos geográficos y la búsqueda interior han sido determinantes. Exploró diversos lenguajes conectados con el cuerpo femenino hasta cuando en 2004, durante un viaje a Islandia, vio una aurora boreal y empezó a investigar cómo crear esculturas de luz que, más allá de cualquier asociación de género, tuvieran la flexibilidad y la estructura orgánica de los seres vivos. Empezó a concebir esta instalación de luz cuando Luis Javier de la Torre, director del Patronato Ruta de la Amistad AC, le comisionó esta intervención. Su inmensa instalación lumínica, Huanchaco, reactiva la obra de Fonseca a partir de un diálogo que potencializa la belleza del espacio con una herencia que conjuga el legado artesanal con los aprendizajes minimalistas.

El patronato, establecido en 1994 por De la Torre y Javier Ramírez Campuzano, busca preservar y restaurar las 22 esculturas de concreto que fueron creadas para esa ruta, que es la más larga instalación de esculturas en el mundo (10.56 millas) y que incluye obras de artistas como Mathias Goeritz, Germán Cueto Hombre y Alexander Calder. Actualmente, ya han sido restauradas 17 esculturas, incluyendo la Torre de los vientos.

Por su parte Fonseca, inicialmente arquitecto, llevó las reflexiones de los constructivistas del sur a sus esculturas en piedra, aproximando la herencia de los enormes monumentos, tanto de la antigua Grecia como de las culturas precolombinas, a la arquitectura moderna.

“La obra de Fonseca –explica Amorós– está hecha de un vaciado de cemento. La idea de estas intervenciones dentro de la Torre que el patronato está auspiciando junto con otras instituciones como Conaculta y otras empresas, y con la galería Nina Menocal, es rendir un homenaje sin afectarlas”. Nada más propicio que la luz que transforma el espacio de un modo tan sutil como poderoso.

Desde 1996, De la Torre González inició el programa de intervenciones artísticas que permite que artistas y curadores usen las esculturas para proyectos interdisciplinarios y temporales como Huanchaco. El efecto de las formas abstractas ondulantes que Amorós animó con una luz interior que contiene la energía de lo rítmico y un envolvente juego de sombras y proyecciones se conjuga en Huanchaco con la estructura del lugar: encima de la torre, en la cúpula, hay un tragaluz y el efecto nocturno del conjunto es el de un espejo que duplica la imagen uniendo lo que está arriba con lo que está abajo, a modo de un maravilloso túnel de luz. La blanca geometría de concreto de Fonseca permanece mientras tanto intocada. De día el efecto varía con las proyecciones de sombras y reflejos de los visitantes, pero sigue creando un hipnotizador juego de percepción.

Huanchaco es la primera intervención que Amorós realiza dentro de la obra escultórica de otro artista. El nombre está tomado de un pequeño pueblo pesquero en el norte del Perú, donde, al igual que en el lago Titicaca, los pobladores usan una fibra vegetal llamada totora, para construir unas ligeras balsas que pueden guardar verticalmente. Esa visión le inspiró la idea de crear una pieza orgánica, flexible, que navegara fluidamente en el interior de la obra de Fonseca, llena de ángulos, de líneas rectas, de un espacio construido en impoluto blanco. “La escultura de Fonseca, que fue uno de los grandes herederos de la Escuela del Sur, es un orgullo para los uruguayos y yo quise darle honor a su pieza”. La obra funde la flexibilidad de la fibra, recreada con tubos blancos de policarbonato, con la tecnología lumínica de los LED, líneas de luz que iluminan desde dentro la pieza a partir de una programación de ingeniería. La intricada red de conexiones dentro del inmaculado espacio blanco funciona como el corazón de la torre. Del mismo modo en que en Huanchaco los pescadores que van o vuelven del mar dejan sus botes de totora parados y caminan entre ellos como si fueran enormes esculturas, la gente podrá caminar en torno a esa estructura lumínica y reflejarse en ella.

“Al instalar Huanchaco dentro de la Torre de los Vientos, establezco comunicación directa con el mundo de afuera en el que vivimos, lleno de actividades que nos rodean todo el tiempo a quienes vivimos en grandes ciudades, siendo México una de las más grandes. Debido a su forma circular, la Torre de los Vientos permite al espectador que entra sentir el espacio de luz que Huanchaco crea en honor a Fonseca. Desde el inicio, mi meta fue darle al espectador una nueva visión y una nueva manera de experimentar la Torre de los vientos en la cual la moderna tecnología fuera usada para reflejar nuestra propia torre”, dice Amorós. La enorme escultura de luz permanecerá exhibida hasta el 31 de marzo de 2013.

Grimanesa Amorós propicia el envolvimiento del cuerpo con la obra. Su más temprana pieza pública se llamaba Frente feroz e incorporaba en una locación de Harlem, Nueva York, siluetas hechas de papel y luz. Poco después creó La incubadora, una instalación que incorporaba una escultura de papel con una atmosfera iluminada, y luego comenzó a crear burbujas escultóricas de luz. De modo paralelo a la intención de Fonseca, de fundir lo ancestral y lo innovador, en piezas como Racimo que aluden a los viñedos que vio de niña en Perú; o como Uros House –exhibido en la Bienal de Venecia 2011 como parte del proyecto colateral Futuro Pasado– que evoca los islotes flotantes habitados por la gente de este pueblo preincaico, Grimanesa crea un poética que funde memoria y visión, y usa la tecnología de la luz para despertar otro modo de mirar y andar en el entorno. 

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