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Regreso de vacaciones

Carlos Caballero

HERRAMIENTAS

Terminó el período de vacaciones y el país arrancó de nuevo. A comienzos de la segunda quincena de enero, los colombianos empezamos a digerir algunos de los indicadores económicos del año pasado, lo mismo que las medidas económicas adoptadas por el Gobierno en los últimos días del 2010 y en los primeros del 2011.
Toca mencionar, en primer lugar, la sorpresa inflacionaria. El resultado del año anterior asombró a todo el mundo, comenzando por las autoridades –el Banco de la República y el Ministerio de Hacienda–. Aunque el 3,17% anual cayó dentro del rango de inflación adoptado por la junta del emisor, se esperaba una cifra inferior al 3,0%. El guarismo llevó a que el Gobierno expidiera dos decretos de salario mínimo, lo que envió una pésima señal a los agentes económicos. El asunto no sería grave si no fuera por la preocupación existente en el mundo entero por el repunte de la inflación y porque en Colombia ya condujo a un cambio en las expectativas, que pasaron rápidamente del 3,2% al 3,6% para el año en curso.
Los incrementos en los precios de los alimentos y de los combustibles explicaron el 86% de la variación de los precios en diciembre de 2010. Infortunadamente, el impacto del invierno sobre la oferta agrícola y ganadera, lo mismo que en el transporte de carga, conducirá a que el alza de los alimentos se mantenga por un tiempo. Y los altos precios internacionales del petróleo impactarán, también, el precio interno de la gasolina.  La perspectiva inflacionaria para el año en curso no es buena. Así lo han entendido los analistas económicos, quienes descuentan que la tasa de interés de referencia del Banco de la República se elevará en un 1,5 ó 2,0% a lo largo de 2011.
Aunque la información se conoció el año pasado,  el crecimiento de la economía se moderó en el tercer trimestre de 2010, pues el ritmo anual, que venía  en los semestres anteriores por encima del 4,0%, cayó al 3,6%, afectado fundamentalmente por la fuerte reducción en las obras civiles y en la edificación. No se sabe todavía qué ocurrió en el cuatro trimestre, que fue el de los mayores estragos del invierno. La perspectiva para el 2011 es de un mayor crecimiento, aunque, posiblemente, éste no supere el  5%.
En segundo lugar, amanecimos en el nuevo año con cambios en el régimen tributario, explicados en la necesidad de financiar la reconstrucción después del desastre causado por el invierno. Los contribuyentes, solidariamente, estamos de acuerdo en que era necesario aumentar el recaudo de impuestos, y por eso nadie se queja de la técnica empleada para hacerlo. Sin embargo, para obtener unos ingresos a raíz de un problema temporal, se decidió utilizar el impuesto al patrimonio y posponer el desmonte del famoso cuatro por mil.  En buena hora, eso sí, se eliminó la exención a las empresas por la compra de activos fijos. 
Actuar sobre el impuesto al patrimonio es fácil, pero antitécnico. Espanta la inversión e invita a que los contribuyentes traten de esconder sus bienes. Y el cuatro por mil, como bien se sabe, es enemigo de la bancarización. Ahora bien, una sorpresa desagradable es conocer que el impuesto al patrimonio recaerá sólo sobre 32.000 contribuyentes. Implica que los activos en el país están tremendamente subvaluados y que los colombianos con propiedades  no pagan tributos y que menos lo harán en el futuro para evitar el impuesto al patrimonio.
Volver a la realidad después de unas vacaciones es siempre aburrido. Esta vez, además, trajo sorpresas y generó incertidumbre sobre lo que espera a la economía en el 2011.

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