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Solución equivocada a problema inexistente

Silverio Gómez

HERRAMIENTAS

Con el tema de la revaluación, todos los interesados quieren pescar en río revuelto y, a decir verdad, lo han logrado, a costillas de los colombianos de a pie, quienes no tienen organizaciones que unan sus intereses y tampoco pueden presionar al gobierno de turno. Y valga la pena una aclaración: la revaluación afecta negativamente a algunos empresarios, pero la solución no está necesariamente en corregirla, lo cual es imposible aquí y en el mundo, sino en buscar mecanismos compensatorios, distintos a los regalos de los subsidios.
Ejemplos hay muchos. Hace un tiempo, un floricultor les mostró a varios amigos lo que había logrado en un cultivo en su finca de la sabana de Bogotá: durante cuatro años, un equipo de agrónomos hizo que una de las variedades de flor que exportaba aumentara su vida útil de 16 a 24 días, y, en esos términos, el precio de su venta en Estados Unidos era mayor. El floricultor afirmó: “Así, poco o nada me importa la revaluación”. La nota fue publicada en un medio de comunicación, y el empresario recibió un regaño del gremio porque estaba desvirtuando la estrategia de atacar la apreciación del peso. Poco o nada les importan los procesos de transformación productiva para ganar la competitividad que tanto “cacarean”. 
Otro caso. Hay evidencias concretas de que algunos exportadores de banano subfacturan exportaciones, lo que deja afuera del país un dólar por cada caja exportada. Y luego reclaman subsidios al Gobierno, al igual que los floricultores, supuestamente porque no pueden sobrevivir. Y los han obtenido en cifras cuantiosas.      
¿Por qué los colombianos de a pie tienen que pagar para que algunos exportadores mantengan sus utilidades por la vía de subsidios y ayudas directas? Hay que reconocer que la revaluación afecta la actividad exportadora si no se hace nada, pero el problema no se arregla buscando artificialmente que el dólar suba, sino que se deben hallar instrumentos para compensar su efecto, por la vía no regresiva socialmente: reduciendo los costos de operación.
Y la pesca en río revuelto va más allá, comenzando por lo que está pasando con el proyecto de regalías, que ahora no se repartirá entre unas pocas regiones, sino entre todas, y no tiene en parte alguna alusión mínima a lo que pasaría si se gasta mal la plata. Y hay un parágrafo que excluye del todo al presupuesto nacional de la repartija, que era una de las ideas básicas de la reforma: “Serán sujetos beneficiarios del Sistema General de Regalías, el Fondo de Ahorro y Estabilización Regional, el Fondo de Inversión Regional y el Fondo para el Ahorro Pensional Territorial”.
Y más todavía, lo que produce indignación y parece que al Gobierno le gusta: la idea de destinar un 10% de las regalías para ciencia y tecnología se mantiene, pero no para programas nacionales, sino regionales. Y para completar el sainete, el fondo de ahorro y estabilización también queda regional.
Con ese proyecto como va, en el que no caben los proyectos nacionales, el país se va a quedar con una feria de planes 2.500 (¿los recuerdan?), que poco o nada van a ayudar a frenar la revaluación por la vía de los costos de producción, única solución seria.
P.D. Para quienes afirman que está ingresando mucha plata por capitales golondrina, Juan José Echavarría, uno de los directores del Banco de la República, asegura que en agosto no alcanzaron a representar el 10% de lo que entró por inversión extranjera directa.

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