/::
               
   

El zorro y el erizo

David Zuluaga

HERRAMIENTAS

Citando a Archilochus, Isaiah Berlin decía que hay dos formas de ver el mundo: la del zorro y la del erizo. El primero sabe muchas cosas; el segundo, una sola. Mientras el erizo cree que todos los conflictos morales se resuelven apelando a un único valor supremo, el zorro reconoce que los valores son plurales y que sus conflictos no pueden dirimirse apelando a uno solo. El zorro, contrario al absolutismo moral del erizo, encarna un cierto pragmatismo que sopesa un valor contra otro en cada caso y resuelve sus conflictos según las circunstancias.
Berlin creía que la mentalidad monolítica del erizo explica algunas de las atrocidades del siglo XX; el “todo vale” a favor de la pureza racial o de la dictadura del proletariado son ejemplos de ello. El zorro, por el contrario, hace bien en aproximarse a los problemas morales con su actitud plural y pragmática, que le permite apreciar los complejos conflictos entre distintos valores para tomar decisiones más sensatas. Sin embargo, como sostiene Nigel Simmonds, el pluralismo del zorro tiene sus peligros propios: fácilmente conduce al desconocimiento de ciertos límites que no son negociables. Cuando todos los valores morales están “sobre la mesa” y todos pueden negociarse en la resolución de los dilemas, se pierde de perspectiva que algunos de ellos imponen restricciones tajantes que hay que preservar.
Estas ideas promueven una reflexión mesurada acerca de las virtudes del pragmatismo como actitud moral. En un contexto político como el nuestro, los gobernantes moderadamente pragmáticos tienen mucho que ofrecer. Pero siempre es importante cuidar que su actitud ante el valor moral, que admite concesiones en tantos casos, no olvide los límites absolutos que la salud moral requiere.

COMENTE ESTE ARTICULO

Nombre
Email
Comentario
   
Sea el primero en Comentar este Artículo!