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¿Qué pasó en Europa?

Carlos Caballero

HERRAMIENTAS

La crisis económica internacional atraviesa por una nueva fase: la de la deuda externa soberana. Los inversionistas han dejado de creer en la solvencia de Grecia como Estado y temen que lo mismo les va a ocurrir con la de Portugal y la de España, lo cual condujo a que la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional diseñaran un fondo de estabilización y lo dotaran con recursos cercanos a US$1.000 billones, o un trillón de dólares, para apoyar a estos países, con el fin de que puedan cumplir con sus obligaciones financieras. Grecia recibió el 19 de mayo más de US$10 billones para hacer frente a los vencimientos con sus acreedores de ese día.  Y el Banco Central Europeo ha estado comprando bonos soberanos para mantener su precio y calmar a los inversionistas.
Pero, a pesar del nuevo fondo de estabilización, los mercados no están tranquilos. Las bolsas europeas han venido a la baja, y el euro, la moneda de la Unión, se ha devaluado aceleradamente y se acerca a US$1,20, después de bordear US$1,60 en el primer semestre de 2008. Muchos analistas consideran que pronto estará en US$1,10 y que en unos meses podría colocarse a la par con el dólar de los Estados Unidos.
Todo esto ha generado una nueva ola de “europesimismo”. El futuro de la Unión Europea está en duda, así se trate de la economía más grande del mundo, y el nivel de bienestar de sus habitantes produzca envidia. La verdad es que el mundo no está viendo a Europa como una potencia del futuro; sus ojos miran hacia la China, han vuelto a EE.UU. y se deslizan en la dirección de Brasil y Rusia.
¿Qué diablos pasó en Europa? Habrá que esperar el análisis de expertos e intelectuales. Me atrevería a sugerir, sin embargo, que los líderes no comprendieron las exigencias de una unión económica y se dedicaron a construir, más bien, una burocracia política y administrativa central suponiendo que la existencia de un banco central garantizaba la disciplina fiscal. Falso. Imagino, también, que bancos e inversionistas  volvieron a creer, erróneamente, como sucedió en los años setenta del siglo pasado, que los países “no se quebraban”, por lo cual se les podía prestar dinero ilimitadamente. ¿
¿Cómo explicar que el déficit fiscal de Grecia hubiera llegado al 13,5% el año anterior y que los de Portugal y España superaran el 10%? Pero sucede que los países sí se quiebran y que llega un momento en que su nivel de deuda los hace inviables, así pertenezcan a una unión económica tan poderosa como la europea.
Es lo que estamos viviendo y lo que ha puesto en duda la supervivencia futura de la unión monetaria. Para salvar el euro, como lo conocemos hoy, se requiere un ajuste muy fuerte en las naciones en problemas, cortando el gasto draconianamente y elevando los impuestos. Eso va a generar en éstos una contracción económica brutal, que conducirá muy posiblemente a la caída de los gobiernos y a que los pobladores soliciten abandonar la moneda común y regresar a la propia. Los países que se encuentran económicamente bien  —Alemania, Francia, Bélgica, Dinamarca, Holanda, entre otros— mantendrían al euro como su moneda; Italia podría eventualmente salir de la Unión.
Comentaristas tan importantes de los problemas europeos, como Timothy Garton- Ash, consideran que la crisis europea apenas está iniciándose. Si eso es así —y pareciera que lo es—, vamos a ser testigos de nuevos acontecimientos europeos. Es que la historia no tiene fin, como se sentenció en 1989, cuando cayó el muro de Berlín.

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