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May de 2010

Libreta de notas 2.0

Tras diez años, Colegium no sólo modernizó a los colegios nacionales, sino también a los de Perú, Argentina, Colombia y México, transformándose en un líder en la materia a nivel regional.

Por Costanza Cristino
FOTO Giulia De Luca

Ariel Gringaus y José Manuel Barros

HERRAMIENTAS

Hace un par de meses Ariel Gringaus y José Manuel Barros recibieron una llamada que para ellos resultó inesperada. Se trataba de las autoridades del Saint Francis College, uno de los colegios más exclusivos de Sao Paulo −al que asiste, entre otros, el hijo del futbolista Ronaldo− que solicitaban conocer los servicios de Colegium, una innovadora plataforma tecnológica para administrar el “back office” de las escuelas, y que incluye soluciones desde el manejo financiero de las colegiaturas hasta el manejo de las notas de los alumnos.
El Saint Francis College quería modernizar y su opción fue esta pequeña aunque ágil firma chilena. “Ellos nos llamaron porque ya somos conocidos”, dice Ariel Gringaus.
 Y claro que son conocidos. Esta empresa, que nació hace diez años de la mano de Gringaus y Barros, ha logrado posicionarse como una de las soluciones líderes para colegios no solo en Chile, sino también en una serie de otros mercados de la región.
Tal ha sido su éxito que se transformó en un caso de estudio para los alumnos de la Anderson School of Management, de UCLA y de la escuela de negocios de la Universidad de Newcastle, en Reino Unido.
¿Pero cuál es el aporte de Colegium? En pocas palabras, se trata de un paquete tecnológico que permite simplificar todas las labores administrativas de un colegio, ahorrando tiempo a todos los involucrados: profesores, administrativos, padres y alumnos. Y es que su principal acierto es que ofrece un conjunto de herramientas que interactúan entre sí y que, en su conjunto, completan todo el flujo de información que se necesita en una institución educacional.

Anotación digital

Colegium es una de las pocas firmas que nació en la época de oro de las empresas puntocom y que vivió para contarlo. Cuando hace diez años la locura de internet parecía inundarlo todo, Gringaus y Barros −en esa época estudiantes de Ingeniería− se unieron a su profesor Ernesto Tironi, ex presidente de la Corfo y embajador de Chile ante la ONU, para iniciar un proyecto propio. No había idea, sólo ganas. Tras egresar de la universidad, decidieron dedicar su primer año como profesionales a intentar un emprendimiento. Si fallaban, regresarían al mercado laboral.
Fue en medio de la vorágine digital de comienzos del milenio cuando se encendió la ampolleta. “Tenía dos cuentas corrientes en dos bancos diferentes”, recuerda Gringaus. “Mientras en una podía hacer todos a través de internet, en la otra debía realizar todos los trámites en el mesón de la sucursal. Entonces dije, por qué no hacemos lo mismo para que en los colegios todo sea electrónico”.
Con ese primer paso, el siguiente fue investigar si en el mercado chileno existía algo parecido. En el camino se toparon con SchoolTrack, un software desarrollado por Alberto Bachler, que permitía manejar las notas de los alumnos a través del web. “Lo llamamos, nos juntamos con él y le contamos lo que queríamos hacer. Hicimos clic al primer día, negociamos dos meses y finalmente nos asociamos los cuatro”, recuerda Gringaus.
A partir de ese momento, Alberto, José Miguel y Ariel comenzaron a trabajar en el mejoramiento del software, mientras, Ernesto Tironi se concentró en la parte organizacional.
En este camino, el primer paso fue lograr que la herramienta del profesor se convirtiera en una aplicación que permitiera que alumnos y padres pudieran acceder a las notas a través de internet. Una especie de cartola electrónica, pero que en vez de mostrar los saldos bancarios, mostrara las notas de los alumnos.
Además, hasta ese momento Bachler sólo se dedicaba a vender e instalar su producto, sin generar una relación de largo plazo entre proveedor y cliente. Por el contrario, la idea de los emprendedores era poder ofrecer mucho más que un paquete software cerrado. Su objetivo era más ambicioso: crear una empresa que ofreciera capacitación y soporte para hacer que los colegios mejoraran su gestión.
Pero el camino fue de perseverancia, ya que en un comienzo les fue difícil convencer a las autoridades de los establecimientos de las bondades de contratar los servicios de Colegium, incluso en aquellos colegios donde ya funcionaban con SchoolTrack. “Nos costó que comprendieran que el producto en sí mismo no ayudaba a mejorar la gestión, y que era fundamental la labor de nosotros”, dice Gringaus.
Pero, a pesar de las dificultades, lo que vino después fue explosivo. La empresa comenzó poco a poco a aumentar sus clientes y estos a interesarse cada vez más en contar con más aplicaciones.  Si en algún momento estos jóvenes tenían que ir a tocar puertas para convencer a los colegios, luego comenzaron a llamarlos a ellos para contratarlos. Hoy a nivel nacional, Colegium se encuentra presente en el 45% de los colegios privados a lo largo del país, y cerca del 80% de los colegios del sector oriente de Santiago ocupan sus servicios.
Pero eso no es todo, ya que a lo largo de estos diez años, estos emprendedores pasaron de ofrecer esta libreta de notas electrónica a desarrollar aplicaciones para cada uno de los ítems del trabajo administrativo de los colegios. Si en un principio contaban con un módulo en su oferta, hoy tienen12 tipos diferentes. “Se puede ver la agenda del alumno, el horario, todas sus asignaturas, las calificaciones, las anotaciones de conducta, la asistencia, la materia de las clases, las guías de trabajo, todo”, dice Barros.
Entre todas estas innovaciones, resalta el módulo diseñado para el área de contabilidad, que entre otros resultados permite bajar la morosidad de los pagos en cerca de 50%. Y por otro lado, está la aplicación más reciente en la oferta, bautizada como Schoolnet, una libreta de comunicaciones virtual.
Pero Colegium, al mismo tiempo que diversificó su oferta, hizo lo mismo con su mercado. Precisamente en 2006, cuando sus socios notaron que no había más espacio para crecer en Chile. Así que la decisión fue cruzar las fronteras.
En una primera instancia apostaron por sistemas de distribución externos. Sin embargo, luego de dos años, los resultados no fueron los esperados. Los socios se dieron cuenta de que la única forma de lograr la internacionalización sería instalando oficinas propias en otros países, lo que implicaba una mayor inversión. Así fue como en 2008 abrieron oficina en Colombia. Luego vinieron Perú, México y Argentina.
Hoy Colegium ya factura 3 millones de dólares anuales, y desde que comenzó  ha anotado un crecimiento promedio anual de 30%. Cifras que, con el aterrizaje en Brasil, podrían ser aún mayores.

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maicol reso lopez urbano
2011-10-15 07:35:06

director bictor