

Cuál de las derechas gobernará con Piñera?
La derecha en singular no existe. Siempre en Chile ha habido dos: una conservadora y otra más liberal. Por eso, cuando su candidato triunfa −algo que ha ocurrido dos veces, la última fue el 17 de enero que recién pasó− queda en el aire la pregunta ¿quién ganó la elección?
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El 4 de septiembre de 1958, Jorge
Alessandri se durmió a eso de las 23.30 horas. Don Jorge, como le decían sus partidarios –un solterón de 62 años, preso de una neurosis que controlaba apenas con la dura ascesis del trabajo−, siempre fue malo para el trasnoche o cualquier otra cosa que pareciera exceso. Recién al día siguiente, y al desplegar El Mercurio, se enteró que había ganado la elección presidencial.
Era una victoria muy estrecha: apenas había obtenido el 31,2% de los votos.
Casi medio siglo después, el 17 de enero de 2008, Sebastián Piñera pasó de largo: se durmió cerca de las cuatro de la madrugada del día siguiente. “Chato”, como le dicen sus amigos −60 años, casado y dueño de una hiperactividad que parece diseñada para huir de sí mismo− celebró durante varias horas.
¡Había ganado con el 51,6% de los votos válidos!
Era la primera vez −desde que existe la democracia de masas− que la derecha había obtenido la mayoría.
No hay duda. “Chato” tenía razones de sobra para celebrar.
Vidas paralelas
No acaban ahí los paralelos –distantes, es cierto, pero paralelos al fin− entre Alessandri y Piñera. No sólo comparten una obvia neurosis que se manifiesta en las mañas de uno y los abundantes tics del otro, sino que cada uno de ellos representa el espíritu, por decirlo así, que anima a los sectores sociales que los apoyan.
Jorge Alessandri fue un empresario y dirigente gremial que gustaba cultivar una imagen ascética, de control sobre sí mismo. Huía de la ostentación –bajo cualquiera de sus formas− como de la peste. Era alérgico a los medios y a las manifestaciones más obvias de la popularidad. Y nunca dijo apetecer la Presidencia de la República. Al revés. Siempre presumió no haberla buscado. Cuando Francisco Bulnes le preguntó por qué no aceptaba la candidatura presidencial que le pedían los liberales, Jorge
Alessandri dijo que nunca nadie se la había ofrecido.
Me preguntaron −relató− si quería ser Presidente y yo dije que no. De querer −agregó− no quiero; pero si debo hacerlo, lo haré.
Alessandri buscaba extender en el electorado la imagen que de sí mismo habían forjado los grupos sociales que lo apoyaban: la clase dirigente portadora de viejas virtudes de orden y de sensatez, contenida, nada ostentosa. Jorge Alessandri personificaba hasta cierto punto esa imagen: como han dicho algunos de sus biógrafos, la de un pater familias austero, desinteresado, sereno, pudoroso, con una retórica sin referencias y sin adornos, independiente y justo.
Era, claro, una imagen; pero los tiempos del marketing ya habían comenzado.
A Sebastián Piñera, en cambio, nunca nadie le pidió que fuera candidato a la presidencia. El lo decidió un día y de ahí en adelante no paró hasta lograrlo. La imagen de desapego que cultivó don Jorge, no le viene para nada a este otro personaje que con porfía y una resciliencia a toda prueba hizo esfuerzos inimaginables, durante nada menos que dos décadas, para imponerse a los partidos de la derecha. Se le espió, amenazó, se le sacó a empujones de una carrera senatorial, se le maltrató de una y mil formas por los mismos que hoy lo apoyan. Él sonreía. Y las canas brotaban.
No cabe duda. No hay otro ejemplo de resiliencia igual en la historia política reciente.
Y si Alessandri buscaba representar las virtudes que se autoatribuía la clase dirigente forjada en torno a la hacienda, Piñera, en su estilo idiosincrásico como el que más, personifica algo de los grupos que han consolidado su poder en torno al dinero: audaz, ostentoso de bienes y de energía, poco atento a los detalles, innovador, arriesgado, de discurso simple como el que más, sin pudores, con una retórica prefabricada, llena de citas de un libro que maneja en el velador.
¿Quién ganó la elección?
Hace casi 50 años, cuando El Paleta –otro de los motes con que se conocía a Alessandri− ganó la elección, se resolvió, al menos por algunos años, uno de los conflictos más importantes en la historia de la derecha durante la primera mitad del siglo XX: la pugna entre el proyecto socialcristiano de los conservadores y el proyecto modernizador de los grupos más liberales vinculados al empresariado.
Con Alessandri ganó –para fracasar seis años después− el grupo modernizador.
Ahora, con el triunfo de Piñera está en juego otro conflicto al interior del bloque de poder de la derecha. Se trata del conflicto entre liberales y conservadores. Y todavía no se sabe cuál de ellos ganará.
Este conflicto por la hegemonía del sector viene desde el siglo XIX y es una de las marcas de fábrica de la derecha.
Vale la pena asomarse a sus diversos estilos.
Mientras los conservadores (fue el partido más antiguo de Chile) eran temerosos de Dios, contenidos y sobrios en el consumo y profundamente endogámicos (lo que, por supuesto, no impedía que acumularan como si en ello se les fuera el alma), los liberales (que se inspiraron en el movimiento intelectual del 42 y cuya labor contribuyó a ampliar las libertades civiles durante el siglo XIX) eran más bien distantes de la Iglesia, dados al consumo conspicuo y socialmente más abiertos (sin exagerar, por supuesto). Mientras la sociabilidad conservadora se forjó en torno a la hacienda, la liberal lo hizo en derredor de la industria, los negocios y las profesiones. Entre ambos grupos, distantes en el estilo de vida, no existieron, sin embargo, diferencias de intereses. Rezos más, rezos menos, modales por aquí y por allá, uno y otro poseyeron, como dicen los cientistas políticos, el mismo cleavage: los grupos que monopolizaban la propiedad, el prestigio y el poder.
Esa derecha, desde 1933 en adelante, poseyó una inmensa influencia y casi un poder de veto sobre las decisiones gubernamentales.
Así hasta 1964.
En las parlamentarias de ese año su caudal electoral se redujo de un tercio a apenas un octavo. Entonces Conservadores y Liberales se vieron entre la espada de Allende y la pared de Frei. No había mucho donde elegir. Escogieron la pared. Y desaparecieron. Fue la última vez que se supo del Partido Conservador y el Partido Liberal.
Ese es el origen de la fantasía aterradora que se hizo circular por la derecha antes que Piñera consolidara su candidatura. Que con él –de linaje demócratacristiano después de todo− el triunfo de la derecha fuera aparente.
Y que luego de él, como con don Jorge, no quedara nada.
Pero lo liberal y lo conservador es más que la pertenencia a un partido y por eso puede afirmarse que esa vieja tensión de la derecha existe todavía. Y mientras no se resuelva, no sabremos quién ganó el 17 de enero.
La derecha y modernidad
A diferencia de lo que ocurrió durante la primera mitad del iglo XX lo que está en disputa hoy día no es la modernización capitalista –algo a lo que parte de la derecha alguna vez se resistió− sino la actitud que el Estado ha de adoptar ante las consecuencias culturales de esos procesos. Para decirlo en una frase: toda la derecha cree hoy en la modernización; pero sólo una parte de ella confía en la modernidad. No hay nadie en la derecha a quien no le guste la expansión del consumo; pero un sector arrisca la nariz frente a los estilos de vida a que da origen.
Veamos.
Lo que enseña la literatura, es que los cambios en las condiciones materiales de la existencia provocan, más temprano que tarde, transformaciones culturales de importancia. Uno de los primeros que atisbó este fenómeno fue Marx, y en esto al menos, la historia no lo ha desmentido. En el Manifiesto Comunista sugirió que la modernización capitalista acabaría corroyendo las viejas tradiciones hasta que incluso “todo lo sólido pareciera desvanecerse en el aire”. La frase parece amenazante –era el estilo de Marx− pero describe un proceso sociológico que salta a la vista: allí donde el consumo se expande, las personas se hacen más autónomas, principian a ver su vida como si ella fuera el fruto de sus propias elecciones.
El resultado de ese proceso es que se deteriora la cultura del linaje, las élites se debilitan, y la vida en su conjunto, desde el consumo hasta las preferencias sexuales, quedan entregadas a la voluntad de la gente.
La agenda pública se llena entonces de temas que antes de la modernización eran más bien exóticos: derechos reproductivos de las mujeres, píldora del día después, aborto, derechos de los homosexuales, diversidad de formas de familia, cambios en la división sexual del trabajo. Son los llamados temas valóricos, y ahí parte de la derecha –lo vimos en la campaña a propósito de la inclusión de los gays− se siente más bien incómoda. Como traicionando el sentido de su misión histórica.
Y es que esa parte de la derecha –representada especialmente por la UDI− tiene algo del viejo conservantismo que viene del siglo XIX. La convicción que ella es la custodia del orden social, la heredera de la clase dirigente, y que su labor no es la de recoger la voluntad de la gente, sino la de contenerla, orientando una naturaleza humana que si se la deja sola cede a las peores pasiones. Un buen representante de esa derecha que atesora un puñado de verdades eternas, es el diputado José Antonio Kast.
La derecha y la memoria
Pero no es sólo la actitud frente a las consecuencias culturales de la modernización lo que divide hoy los estilos de la derecha.
La campaña reciente mostró todavía otro aspecto que la incomoda y, hasta cierto punto, atraviesa su sensibilidad. Se trata de la dictadura.
Lo que ocurre es que la derecha que se rindió casi del todo para la campaña de 1964 (cuando apoyó a Frei y postergó la victoria de Allende) y la misma que se reagrupó más tarde en el Partido Nacional, apoyó con todas sus letras al régimen militar. Los intelectuales de la dictadura, los que hacían los discursos y elaboraban la narrativa para justificarla ante la historia, eran todos de derecha, social y políticamente hablando.
El caso más notorio –y más notable por la altura que alcanzaba su capacidad intelectual- fue el de Jaime Guzmán Errázuriz, un hombre de derecha por ideas y por linaje. Guzmán fue quien hizo el vínculo narrativo y político entre la vieja derecha, la de don Jorge Alessandri, y la nueva derecha que la dictadura, al amparo de alcaldías, comisiones legislativas y asesorías diversas, comenzaba a prohijar. En una palabra, Jaime Guzmán fue el intelectual de la dictadura.
Pero fue también el fundador de la UDI y su muerte trágica ha hecho de él una figura más proclive a las hagiografías que al análisis distanciado y crítico.
En medio de ese panorama, ¿cómo condenar las violaciones sistemáticas a los derechos humanos que hubo en Chile luego de 1973, sin condenar, al mismo tiempo, el propio origen?
Esa pregunta trágica resume la situación de la UDI frente al pasado de Chile. Su incomodidad con la memoria. No es el caso de Renovación Nacional. De alguna forma, este partido se siente continuador del viejo Partido Nacional y más vinculado con las viejas tradiciones republicanas. Por eso la mayor parte de sus miembros pueden arriscar la nariz frente a la dictadura sin sentir que se traicionan a sí mismos. Pero no la UDI: dictadura e identidad van aquí de la mano.
Y el problema parecería puramente intelectual si no fuera por el hecho de que la Unión Demócrata Independiente es hoy día el partido más grande de Chile, el que cuenta con la friolera de ¡cuarenta diputados! y sin el cual es muy difícil que Sebastián Piñera pueda gobernar con un mínimo de iniciativa.
Entre el pragmatismo y el sueño histórico
¿Tendrán relevancia esas tensiones durante el gobierno de Piñera?
Dependerá de la medida de los sueños de Piñera (que hasta ahora no se han mostrado precisamente pequeños).
Si Piñera aspira a un gobierno eficiente y de realizaciones en el área de las políticas públicas, esas tensiones podrán pasarse por alto y es probable que no le entorpezcan. Habrá alguna rencilla por aquí y por allá, pero nada serio. Si adopta esta alternativa veremos en Piñera el más agudo pragmatismo: las disputas valóricas se dejarán de lado en nombre de los problemas más urgentes y se eludirá la memoria con el pretexto que el futuro es, a fin de cuentas, lo verdaderamente urgente.
Piñera entonces habrá llevado adelante el gobierno que deseó para sí mismo Jorge Alessandri: un gobierno de realizaciones, inspirado en la tecnocracia y en los valores impersonales del management.
Pero si Piñera está a la altura de la ambición que ha mostrado hasta ahora, deberá resolver esta tensión y ayudar a que se resuelva a favor de los sectores más liberales.
Razones le sobran.
Desde luego, Piñera tiene ante sí una oportunidad histórica: nada menos que la de modernizar a la derecha chilena, algo que no ha ocurrido en toda su historia. Construir una derecha más amable con la modernidad y sus cambios culturales y más crítica con su propia memoria. Una derecha, en suma, capaz de iniciar con él un ciclo histórico de esos largos, quizá no tan largos como el de la Concertación, pero parecido.
Y, por si fuera poco, le sobran además las cuentas personales.
Después de todo fue el sector conservador –alérgico a la modernidad y a la memoria− el que lo maltrató una y mil veces, de una forma incluso cercana a la humillación. Fue ese sector el que, mientras pudo, movió cielo y tierra para que no fuera candidato y para hacerlo morder el polvo. ¿Por qué entonces ahora que ha alcanzado el poder él, Piñera, el hombre resiliente y ambicioso como pocos, no podría transformar todo eso en un proyecto que lo haría pasar a la historia como el hombre que, luego de más de 100 años, logró modernizar a la derecha?
Si lo logra, capaz que el amasijo de tics –signo del desasosiego− desaparezca algún día.
Después de todo, uno de las causas que alimentaron la sempiterna neurosis de Jorge Alessandri, fueron las críticas de liberales y de conservadores al terminar su período. Ambos sectores consideraron que la egolatría del Paleta impidió que perdurara el proyecto político de la derecha.
No se equivocaban.
Y es que como recuerda Maquiavelo en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, quien no se decide, como le ocurrió a Alessandri hace medio siglo, “ni gana amigos, ni derrota enemigos”.
¿Estará esa frase en el libro de citas que acostumbra tener Piñera sobre el velador?
2010-02-04 19:03:49
Esperable y sesgado el ananilis, francamente de Carlos Peña se espera mas.
2010-02-04 21:50:37
Así es la democracia,ahora el pueblo habló y hay que aceptar. Soy un DC hasta la médula de mis huesos y critico que el camino del socialcristinismo se vaya izquierdizando cada vez más..!!. Nosotros fuimos de la Falange, embrión del partido conservador. Pero las bases de la DC, son cada vez más de izquierda. No vote por Piñera, sino que por Frei, pero con un sesgo de amargura... Ahora le deseo lo mejor al Presidente Electo, que lo haga muy bien!, en fin todos somos chilenos...es nuestra columna vertebral. Buen Artículo, quizás un poco "PASADO". El tiempo ha cambiado. Saludos..!!.
2010-02-05 00:32:58
Bueno creo que el articulo es bastante lucido, creo que Piñera si quiere tener un buen gobierno tiene que alejarse un poco de las politicas coservadoras de la UDI y para llevar a cabo su programa acercarse al centro y a la centro izquierda, para eso debe tomar sus posturas modernizadoras mas liberales, despues de esto puede nacer un nuevo bloqueo politico de centro, aislado de los extremos, que endefinitiva es lo que quiere la gente, seria una nueva mayoria, bueno todo depende de la decision que tome, pero de que necesita por lo menos a la DC, la necesita y esa es nuestra llave de negociacion ya que la UDI no votara parte de su programa de gobierno.
2010-02-05 01:38:43
LHM: se nota que careces de puntos de referencia para opinar. Sumergete en la pobreza mental desde la cual escribes, y callate.
2010-02-05 08:29:25
La respuesta a una de sus preguntas iniciales , quien realmente gano la elección fue el país , gano una oportunidad de dar un giro , a un sistema político que ya se había desgastado , gano en frescura en sacudirnos de este anquilosamiento político , con todos los vicios que pudiera generar la perpetuidad de una coalición gobernante por mas de 20 años , donde ya se va apagando la frescura , la imaginación , el ímpetu por hacer cosas nuevas , y empieza a enraizarse la modorra , el acostumbramiento , sin agilidad y primando el conformismo , donde nadie quiere arriesgarse a innovar o a cuestionarse , solo a defender la pega . Respecto al sistema político ideológico que predominara el gobierno de Piñera, estimo que será un real Progresismo Liberal, que nos permitirá como país armonizar un mercado liberal con un Estado que otorgue redes de protección social, garantizando un acceso a las oportunidad económicas, la libre competencia, reduciendo las desigualdades económicas .estimulando la libertad individual, el derecho de propiedad, otorgando seguridad a las personas y cautelando el orden social. Que respete y defienda tanto el multiculturalismo, como las identidades sexuales, los derechos de la tierra y los animales, el multiculturalismo, que reconozca que el primer paso de la globalización es la tolerancia a la inmigración y la diversidad religiosa.
2010-02-05 10:44:52
¿No hay un corrector que mejore la puntuación?
2010-02-05 13:55:58
Algo pasa que a la derecha se les aguanta sólo un periodo... historicamente ha sido así. El desafio que le queda, es que esta vez duren mas, solo asi podremos decir que llegaron al poder por meritos propios y no por desgaste de la otra coalición. Ya se escucha que el millon de empleos será en más de 4 años y no como se prometió, quizas es por ahí es se les aguanta poco...
2010-02-05 16:07:52
Aqui, no a ganado ,ni la derecha liberal ,ni la conservadora ,SOLAMENTE ELEJIMOS A UN PRESIDENTE CONPETENTE ,EN LOS NEGOCIOS ,EN LA ADMINISTRACION DEL DINERO , PORQUE UN PAIS SE MANEJA COMO UNA EMPRESA , DONDE ESTAN LOS MEJORES ,PARA HACERLA CRECER , Y NO SE OLVIDEN QUE EL PARTIDO MAS GRANDE DE CHILE ES LA UDI , POPULAR , QUE DIJO BASTA A UN GOBIERNO DESGASTADO ,DONDE SE ESTABAN COMENTIENDO LOS MISMOS VICIOS DEL GOBIERNO DE ALLENDE , COMO ASESORES DE ASESORES EN LA ADMINISTRACION PUBLICA EN DESMEDRO DE LOS FUNCIONARIOS PUBLICOS DE CARRERA QUE TODAVIA ESTAN A CONTRATA ,CON BAJOS SUELDOS , ETC ETC , ESPERO QUE PIÑERA LO HAGA BIEN , COMO BUEN EMPRESARIO QUE ES ..
2010-02-05 21:55:35
Si consideramos que en la eleccion presidencial, votaron efectivamente menos del 50% de los mayores de 18 años con derecho a voto, el triunfo de la derecha es bastante relativo. Quienes se van a gobernar es la derecha ultraconservadora, los liberales no tiene fuerza suficiente para hacerlo. El nuevo presidente, no solo va ha tener una dura oposicion, sino que tendra ademas, una dura pugna interna al interior de su conglomerado. Malos augurios para el nuevo gobierno.
2010-02-06 08:06:38
Agudo y sarcástico con eso del paralelo. Buena mezcla de análisis político y de retratos.
2010-02-07 20:26:10
Simplemente genialmente plasmada la dura incrusijada de Piñera
2010-02-07 20:30:18
rectifico encrucijada
2010-02-07 22:15:08
contrario a lo que piensa el lector LHM, de Carlos Peña no se puede esperar mas ...
2010-02-10 09:55:12
Como dicen los flaites" no te mueras nunca Carlitos" y ojala sigas en la UDP y en El Merculo.Basta conocer quien es el ministro de salud,de educacion y a la sra esposa del senador Larrain para ver lo mismo que pelaban tanto a la concerta.Su articulo es historico ,real y docente.Creo que la derecha al final de la ruta es una sola ayer,hoy y mañana.Viva Chile S.A y sus generntes de primera.Vale.
2010-07-28 08:04:54
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