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February de 2010

“El ‘no’ nuestro de cada día”

Maye Primera

HERRAMIENTAS

Cada día  amanece otro ‘no’ en los labios de todos. Las oraciones que los contienen son cada vez más largas y definitivas. Han ido evolucionando de la brevedad inocua del “no fume” y el “no pise la grama”, a ese grado intermedio entre la sentencia y el vaticinio. “No salgas del barrio después de las seis”. “No cocines a esta hora, que no hay agua”. “No bajes los vidrios del carro cuando estás en una cola”. “No protestes en las zonas de seguridad, que te cae la Guardia Nacional”. “No tengas tus ahorros en el banco, que se vuelven sal y agua”. “No dejes conectados los aparatos, que se queman si se va la luz”. “No discutas con ese funcionario: dale lo que pide para que te haga el trámite”.
Los ‘no’, como los pecados en la tradición católica, son veniales o mortales, según la dosis de parálisis que inyectan. Pero todos se ponen cómodos, se apoltronan, se incrustan en las vidas de los venezolanos hasta, tarde o temprano, hacerlas cambiar.
“No hay luz”. Y las amas de casa venezolanas de este siglo XXI toman la previsión de salar el muchacho redondo que compraron en la carnicería, como si se tratara de la pata de un venado que recién acaba de cazar su marido, para que no se descomponga en medio de un apagón. La costumbre hasta hace unos días era guardarlo en el congelador: en el viejo, que enfría menos pero todavía sirve; o en el que compraron a toda carrera el sábado 9 de enero de 2010, el día después del “viernes rojo”, pero que no se atreven a enchufar por temor a que se funda en medio de un bajón eléctrico.
“No hay agua”. Y las casas se han convertido en acuarios sin peces. Los tobos, las ollas, los vasos, el tambor de la lavadora, la cava playera…todo recipiente capaz de contener agua, la contiene en este momento, para que los días de racionamiento no sorprendan a la familia a secas. La del vaso sirve para lavarse los dientes. La de la olla, para cocinar o lavar los platos. La del tobo, para bañarse. En ese orden, que nadie rompe.
“No hay suficientes policías”. Y la gente camina rapidito por el callejón oscuro que le lleva a la casa. Si han cobrado la quincena, extienden los billetes entre las medias y la planta de los pies: porque ya no es seguro guardar el dinero en la ropa íntima y porque el ladrón podría antojarse de robarle los zapatos, pero nunca las medias que han sudado durante todo el día.
“No hay médicos ni insumos en los hospitales públicos”. Y la salud ha sido silenciosamente privatizada por un gobierno que se jacta de socialista. Comprar lo que ya está hecho, antes de producirlo, es la fórmula que aplica para todo: parte del dinero de los hospitales va a parar a las cuentas de las empresas de seguros –fantasmas, algunas; varias de ellas, intervenidas por manejos dolosos-, que se pelean y ganan sin licitación los contratos con la administración pública.
“No hay dólares a tasa oficial”. Y a los importadores ya no les espanta pagar el dólar permuta a un precio que triplica el valor oficial. Los venezolanos de las clases más humildes dicen: “A mí qué me importa el precio del dólar, si yo no viajo, ¡ni pasaporte tengo!”, y también pagan el triple por la leche, la ropa, la carne y los granos importados.
“No hay futuro para mis hijos”. Y las familias más jóvenes compran billetes de avión sin regreso, para salir a toda carrera del país.
En Venezuela, un ‘no’ potencia su condición de eterno cuando viene acompañado de la palabra “provisional”. Los puentes de guerra que una vez fueron colocados provisionalmente en varias avenidas de Caracas y en otras tantas carreteras del país, oxidados ahora, después de más de 30 años de tránsito, son el retrato vivo del significado local de esa palabra. Por eso, un frío recorre el cuerpo de los venezolanos cada vez que escuchan frases parecidas a “el racionamiento será provisional”, “el nuevo horario de los centros comerciales será provisional”, “estamos tomando medidas provisionales de emergencia”, “el control de cambio será provisional”, “esta crisis será provisional”. Es un frío momentáneo, que con la llegada de un nuevo ‘no’ al día siguiente se entibia. Es la garantía de que aunque cada vez se restrinja más todo, ‘no’ pase nunca nada.

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