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15 de diciembre de 2009

El optimismo del canciller

El ministro de Relaciones Exteriores, José Antonio García Belaunde, habla sobre la relación con Chile y con el vecindario sudamericano.

Por Santiago Pedraglio
Fotos: Fernando Soto

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Desde el inicio del gobierno del presidente Alan García el año 2006, e incluso desde la etapa preelectoral, las relaciones del entonces candidato aprista con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y con el de Bolivia, Evo Morales, resultaron tensas. Por otro lado, el siempre sensible y contradictorio vínculo con Chile tuvo un punto de inflexión con la presentación peruana de la controversia marítima ante La Haya, en enero del 2008, y vive un momento álgido con el reciente develamiento del espionaje chileno. Sin embargo, las relaciones externas del Perú son más vastas y complejas: los nuevos vínculos del Perú con Brasil y los tratados de libre comercio, en especial con Estados Unidos, son una prueba de ello. El canciller, que nos recibió justo antes de partir a la reunión de Unasur en Quito, piensa que las cosas, en los distintos frentes, van por buen camino.

¿Cómo se explica que Chile mantenga buenas relaciones con casi todos los países de la región y que el Perú tenga relaciones tensas no solo con Chile, sino también con Bolivia y Venezuela?

Vamos por partes. Descartemos Venezuela, porque la tensión con ese país ha sido muy coyuntural, relacionada con el asilo de Manuel Rosales, y ya se ha normalizado. Nuestro embajador ya presentó sus credenciales.

¿Usted piensa que se normalizará la relación con Venezuela?

Claro. El presidente Hugo Chávez me lo dijo en la Cumbre [de Unasur, en Bariloche], y hace poco el representante nuestro ha dicho que ya está viniendo el nuevo embajador de allá.

¿Y con Bolivia?

Este caso es muy lamentable, porque con Bolivia no tenemos ningún conflicto. Me parece que básicamente se trata de una extrema ideologización de parte del presidente Evo Morales, que ha llevado a su política exterior con el Perú conceptos que tienen que ver con su posición política interna. Creo que eso vamos a superarlo. Tengo la impresión de que en los últimos tiempos las cosas han ido mejorando; la relación se ha hecho más fluida. Tuve una larga conversación con el canciller de Bolivia y quisiera pensar que las cosas van a mejorar (al cierre de esta edición José Manuel Rodríguez Cuadros fue nombrado embajador de Perú en Bolivia; el gobierno altiplánico aceptó la designación). Chile sí, es el único país con el que el Perú ha tenido una mala relación.

Hace unos meses el presidente Alan García dijo que hay una especie de “guerra fría” en la región, que existe una división en bloques. ¿Estaría esta opinión en la base de las dificultades con Venezuela y Bolivia?

En los años setenta también había gobiernos de izquierda y de derecha, dictaduras y gobiernos democráticos de ambos signos; sin embargo, en la región éramos capaces de entendernos, porque rescatábamos que debía haber un pluralismo ideológico que permitiera trabajar los temas comunes. Ese ejemplo lo hemos perdido; y sí, hay posiciones muy diferenciadas entre los llamados países del ALBA y los que han optado por economías abiertas y negociaciones comerciales internacionales. Eso está claro.

Chile, con mucho pragmatismo, se relaciona con todos los países. Incluso está en la Comunidad Andina de Naciones (CAN), en una situación sui géneris, y en el Mercosur. No se maneja con el criterio de la “guerra fría”. Brasil tampoco.

Creo que el Perú es un país clave en el proyecto de hegemonía que busca el ALBA en la región; fue clarísimo cómo se jugaron tanto Chávez como Morales en el proceso electoral peruano. Creo que se piensa, además, que en el 2011 acá también puede darse una opción electoral más afín a los postulados de Chávez. El Perú fue visto desde el principio –y no sería la primera vez en la historia de América– como el país que va a definir el futuro de los acontecimientos.

¿No es adjudicarse demasiado protagonismo?

No, no es protagonismo. Nosotros no somos protagonistas.

¿No sería, igualmente, una ideologización de la política exterior peruana?

No, no actúo de acuerdo con eso. Yo encontré una mala relación –de la que ya nos olvidamos– con esos tres países: con Venezuela la relación diplomática estaba rota, y con Bolivia y Chile la cosa estaba muy tensa en el 2006. Restablecimos la relación con Venezuela. Con Bolivia es más difícil, porque hay una carga ideológica mucho más potente; pero no ha sido nuestro interés mantener esa tensión. Tanto es así que hoy día puedo decirle con satisfacción que creo que hemos recuperado la fluidez en la relación con Venezuela y estamos ad portas de que eso ocurra también con Bolivia. El tema de Chile es distinto porque hay un diferendo, ya hay una litis [pleito judicial, en lenguaje jurídico] que hemos llevado a la Corte de La Haya, y Chile ha considerado esto, desde el principio, como un acto inamistoso del Perú. Entonces, ahí ya estamos hablando de otras perspectivas.

El espionaje, Chile y la política de paz
El asunto del espía, ¿pone en duda la tesis de que el incremento comercial y de inversiones garantiza las relaciones pacíficas?

Quisiera aclarar algo. Cuando nosotros planteamos “cuerdas separadas”, no dijimos “lo económico a un lado, lo político a otro”, sino “encapsulemos el tema de la delimitación marítima y manejemos en sus propios méritos todos los otros temas de una relación vecinal”. En segundo lugar, no creo que el espionaje signifique que el crecimiento de la relación económica y comercial no funcione como un disuasivo. Creo que el espionaje es producto de alguna instancia del Estado chileno a la que, más allá de las relaciones, le interesa tener más información sobre el manejo de ciertos datos en el Perú. Mi experiencia me dice que en la medida en que crecen los vínculos y los intereses comunes de dos países, la posibilidad de conflicto va amenguando.

De acuerdo, el caso paradigmático es el de Alemania y Francia, pero ocurrió a partir de la construcción de intereses comunes, de la famosa industria del carbón y, posteriormente, de otorgarse reparaciones de guerra. Resolvieron asuntos que, lamentablemente, entre Chile y el Perú no están resueltos. No se han construido estos intereses comunes.

Estoy de acuerdo en que Alemania y Francia supieron hacerlo, así como en que nosotros todavía no lo hemos logrado; pero creo que la opción no es otra que tratar de construir esos intereses comunes.

Ahora, en cuanto a la oportunidad de la filtración. Afirmó en una entrevista que tanto usted como el Presidente habían resultado sorprendidos por la noticia del espionaje. ¿Qué interés hubo en que se hiciera pública en ese momento? Porque en estos asuntos la oportunidad es algo que hay que valorar.

Es muy difícil decirlo; caben toda clase de especulaciones. A veces nadie quiere ver lo más obvio, justamente porque es muy obvio. Para mí, lo más obvio es que alguna persona de las instancias por las que ha pasado este proceso –porque ya pasó por varias instancias– decidió vender esa información o ganarse “alguito” con un periodista amigo, o algo así por el estilo. Eso podría ser lo más obvio. Lo más elaborado es imaginar que alguien quiso, aprovechando que el Presidente estaba afuera, promover una sensación de caos, etcétera, etcétera. Pero se me hace difícil. Primero, porque hoy en día, con la velocidad de las comunicaciones y de los desplazamientos, el Presidente puede estar al otro lado del mundo, pero en 15 horas está de nuevo en el país.

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L. R. Gandolfo
2010-01-04 09:55:05

Interesante perspectiva del canciller. Ojalá que tenga el aliento suficiente para alcanzar todo lo que se propone y que las campañas electorales no arruinen sus buenos propósitos.

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