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diciembre de 2009

Enríquez-Ominami le hace bien a Chile

Una evaluación menos acalorada y de más largo plazo no puede sino concluir que la candidatura presidencial de ME-O ha traído muchos más beneficios que costos a la democracia chilena.

Patricio Navia
ILUSTRACIÓN Vicente Martí


Si bien las elecciones mantienen un elemento de imprevisibilidad hasta que se terminan de contar los votos, las últimas encuestas indican que habrá segunda vuelta y que el próximo presidente será de la Concertación o la Alianza. Así, contrario a lo que en algún momento pareció anticipar la irrupción de Marco Enríquez-Ominami, esta contienda será bastante parecida a las anteriores. De cualquier forma, independientemente del resultado final, la candidatura de ME-O ha sido una contribución positiva a la democracia. Porque ha puesto temas nuevos, ha introducido más competencia al sistema, ha obligado a los otros candidatos y coaliciones a trabajar más arduamente y porque enterró la lógica del Sí y del No prevalente desde 1988, ME-O ha traído muchos más beneficios que costos para Chile.
Es más, independientemente del resultado final, si los partidos y coaliciones leen adecuadamente el mensaje que envían los que han votado por ME-O, su candidatura ayudará a fortalecer la democracia. Si, en cambio, los partidos ignoran esa voz de alerta, la irrupción de ME-O quedará como testimonio histórico que la responsabilidad por el empeoramiento de nuestra democracia descansa exclusivamente en los partidos y la elite política.
Para muchos, ME-O le ha puesto sabor a esta elección. Su juventud y entusiasmo han sumado incertidumbre a una elección que parecía menos de lo mismo. Pero ME-O es más que simbolismo y entretención. Hay al menos cuatro aspectos en que su candidatura contribuye a mejorar la democracia. Por otro lado, los efectos negativos que se le atribuyen sobre la calidad de la democracia no son su responsabilidad. Si bien tiene también elementos inconducentes al fortalecimiento democrático, la candidatura de ME-O es portadora más que responsable de las amenazas que preocupantemente se ciernen sobre nuestra democracia.
En primer lugar, ME-O hizo la elección más competitiva. Sin su presencia, el discurso del cambio y eficiencia hubiera sido monopolio de Sebastián Piñera. El candidato de la Alianza hubiera logrado atraer parte de la votación que está con ME-O y estaría cerca de la mayoría absoluta en primera vuelta. Gracias a que ME-O se apropió del discurso de cambio, la Concertación tiene opciones de mantenerse en el poder (con Frei o con ME-O convertido en candidato oficial en segunda vuelta). A su vez, la Concertación se habría refugiado con más fuerza —aunque probablemente con igual ineficacia— en el discurso de la gobernabilidad. Sin entender que la lógica de la democracia desde arriba hacia debajo de la transición y la férrea disciplina de los partidos son fenómenos que no volverán, la Concertación habría seguido en la equivocada creencia de que lo que le permitió ganar en el pasado le permitiría seguir ganando. La irrupción de ME-O obligó a la Concertación a actualizar su mensaje. La fuga de votos que se produjo tempranamente desde el oficialismo hacia ME-O fue una advertencia. La renovación es la única forma de evitar la derrota. Por cierto, todavía no está claro que la Concertación haya sabido renovarse o que su renovación sea electoramente convincente.
Segundo, ME-O obligó a todos los candidatos a actualizar sus mensajes, modernizar sus discursos y trabajar mucho más arduamente para mantener su votación. Buena parte de los temas que han puesto Piñera y Frei son resultado de las provocaciones y propuestas implícitas y explícitas que ha venido realizando ME-O desde que anunció su intención de postularse. Gane quien gane, los temas de ME-O ganaron el debate de ideas. Desde el debate sobre los derechos individuales y la libertad hasta la discusión sobre la reforma tributaria, buena parte de la agenda política en los próximos años se basará en los temas que ME-O puso con fuerza en la campaña.
Tercero, la candidatura de ME-O revivió el debate sobre la renovación. Desde que Bachelet prometiera que en su gobierno nadie se repetiría el plato, las demandas por una renovación han enfrentado la resistencia de la clase política tradicional. Ante la ausencia de un sistema electoral más competitivo y de mayor transparencia y competencia en el gobierno interno de los partidos, la demanda por caras nuevas ha calado hondo. La osadía presidencial de ME-O ha abierto las puertas del futuro gobierno a jóvenes menos osados, pero bien preparados y con ganas de hacer las cosas bien, de la Alianza o de la Concertación. Mejor aún, su candidatura ha echado por tierra la muralla que dividía a los chilenos entre el Sí y el No de 1988. Porque ME-O ha roto esa muralla, Piñera puede ganar en segunda vuelta con un mandato claro o el propio ME-O ganará con votos de derecha. Para poder ganar, la Concertación también tendrá que buscar votos más allá de los que votaron No a Pinochet.
Cuarto, la candidatura de ME-O subraya la necesidad de modernizar el sistema político. Lo que funcionó bien para la transición aparece hoy como insuficiente. Una democracia basada en instituciones elitistas, cerradas y poco competitivas permitió construir confianzas y lograr acuerdos. Pero la ausencia de competencia ha debilitado la legitimidad y reducido la eficiencia de la clase política. La calidad de la democracia ha sido adversamente afectada por la consolidación de un duopolio donde los puestos de elección popular y los altos puestos técnicos (Tribunal Constitucional y Banco Central, por nombrar dos) se cuotean. Ciertamente, nada asegura que el próximo gobierno promueva reformas para modernizar el sistema político. Pero la candidatura de ME-O dejó en evidencia la mentira sobre el traje nuevo del emperador. Su candidatura ha sido una clara advertencia respecto a las evidentes debilidades y falta de competencia de nuestro sistema.
Muchos críticos de ME-O han advertido sobre el peligro del populismo, individualismo y lo inconveniente de una democracia sin partidos. Correctamente indican que no hay gobernabilidad sin partidos. No obstante, esos críticos majaderamente ignoran que, de superar a Frei, ME-O naturalmente se convertiría en el candidato de la Concertación. Su gobierno se haría con los cuadros concertacionistas, y también con sectores que ME-O ha sumado más allá de la Concertación. Por cierto, eso debería ser visto como una fortaleza y no como una debilidad. Así y todo, las críticas correctamente reflejan una preocupación por el sistema de partidos. La democracia necesita partidos fuertes, responsables, competitivos y transparentes, que velen por los intereses de sectores vastos de la sociedad y que no sean capturados por pequeños grupos de interés. Pero el hecho es que la candidatura de ME-O debe ser entendida como un síntoma de que el sistema de partidos no goza de buena salud. Su exitosa candidatura independiente no es el problema, sino que refleja un problema ya existente. De no corregirse, en el futuro se multiplicarán las candidaturas independientes. Si los partidos no se modernizan y democratizan, la candidatura de ME-O habrá sido la primera de muchas otras que, además, se extenderán hacia otros puestos de elección popular. El propio parlamento se llenará de díscolos que, sabiendo el descrédito de los partidos, buscarán marcar distancia y demostrar su independencia de esos partidos que, siendo tan necesarios para la democracia, están comenzando a ahogarla.
Precisamente porque los resultados de la primera vuelta aparecen como tan inciertos, los últimos días de campaña serán cada vez más intensos. Eso hará que la euforia reine entre los ganadores y el desencanto se apodere de los que no logren que su candidato haya pasado a segunda vuelta. Una evaluación menos acalorada y de más largo plazo no puede sino concluir que la candidatura presidencial de ME-O ha traído muchos más beneficios que costos a la democracia chilena. Pase lo que pase el 13 de diciembre y en segunda vuelta, Marco Enríquez-Ominami le ha hecho bien a Chile.



Lucero
2009-12-11 18:24:31

Dices que no soportas los insultos... en twitter se difiere de tus opiniones... probablementes estemos en las antípodas... pero el que realmente agrede eres tu, porque bloquear a personas por pensar distinto si que es violencia, estimado... eso probablemente se te debio enseñar cuando eras pequeño en la Iglesia Adventista. Saludos desde el puerto primo.

victor silva vega
2009-12-12 12:08:40

Tenemos el peligro que marcos se convierta en un titere manejado por Chaves como lo son Evo Morales Rafael Correa y los demas presidentes latinos que se autodenominan Bolivarianos.

Felipe Jerez
2009-12-12 20:25:49

Encuentro muchos aciertos en este artículo. Sin embargo, creo que el proyecto de Enríquez debe partir en la inserción de su colectivo a la campaña de Frei en segunda vuelta. Sólo es posible entender a la Concertación actual con actores críticos internos como MEO. Es fundamental la refundación de otro movimiento y dejar a la Concertación como lo que fue durante 20 años, la alianza más exitosa de la política chilena, que incluso logró la reconquista de la democracia, pero tambien forjó la mala distribución de la riqueza y la democracia consociativa con sus pros y contras.

Angela
2009-12-12 22:31:39

Muy buen artículo. Resume magnificamente varios puntos que tratas en tu introducción a "El Díscolo".

Fabberes Por Marco
2009-12-13 07:09:13

Yo no creo que sea Frei quien pase, esa encuesta la fabricaron los DC...Marco sera el proximo presidente de Chile, lo doy firmado!

mili8951
2010-07-27 21:55:38

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2010-07-27 02:14:12

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