

“El Perú se está suicidando ecológicamente”
Tiene un aura jovial, a pesar de sus profusas canas. Su oficina es pequeña, nada pomposa, y está poblada de anaqueles con carpetas de nombres asociados a los más sonados casos ambientales del país: Bagua, Taboada, los transgénicos. También hay un mapa del Perú, poblado de manchitas que son, nos explica, las tierras de los indígenas amazónicos. En otra esquina, la foto de unos guacamayos anuncia una colorida conversación, en la que Antonio Brack, el ministro del Ambiente, no se guardará casi nada. Como él sostiene, le gusta “decir la verdad, sin ofender. Punto”.
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Ministro, ¿cómo se siente tras algunos meses en el cargo? ¿Uno se puede biodegradar en la política?
Después de 16 meses de romperme el alma para organizar este ministerio, me siento muy bien.
Hay quienes piensan que ha cambiado, incluso antes de ser ministro. En temas de minería, por ejemplo.
Nooo... Mi programa de televisión sobre Minera Majaz, que lo hice mucho antes de ser ministro, es sobre minería limpia con responsabilidad social. Ese es el camino que hay que construir y que se está construyendo. Yo no he cambiado.
¿Por qué no se ha expresado con fuerza en el caso Doe Run?
La Oroya es un pasivo ambiental de 85 años, en el que Doe Run es, desde 1996, la última etapa de este pleito. En realidad, allí no debería haber una fundición. Habría que reubicarla. Eso se puede hacer en Alemania o en otros países. Acá no se puede.
¿Por qué?
Porque cuesta, y ¿dónde va a trabajar la gente [que saldría de la fundición]? Doe Run ha puesto dos fábricas de ácido sulfúrico, la planta de tratamiento de la fundición y de los desagües del campamento. Ha invertido tres veces más de lo que exigía el primer PAMA.
La tercera planta pendiente es la más importante...
No, no, no... Un ratito... No podemos decir que es la más importante. Hay tres fundiciones en La Oroya y cada una necesita ese tipo de plantas...
Es la más importante en términos de contaminación. Los niveles de plomo no han bajado sustancialmente en La Oroya.
Han bajado... Lo que pasa en La Oroya es que, a lo largo de los decenios, todo el suelo de la ciudad está contaminado. Esa ciudad debería ser reubicada totalmente.
¿Por qué no se hace?
¡Cuesta US$ 500 millones! El Estado no va a meter plata allí. Debería hacerlo, pero no hay, pues...
Doe Run dice tener problemas financieros, pero Semana Económica ha publicado que ha tenido utilidades por US$ 176 millones.
¿Cuándo?
Entre el 2005 y el 2008.
Dudo, dudo. Quiero ver los balances...
¿El gobierno los ha pedido?
No, pero los tendrá [el Ministerio de] Economía y Finanzas.
¿Cómo se toma una decisión sin saber si la empresa miente o no?
El tema financiero no es mi problema. Eso se trata en el Gabinete y ahí se dice que tiene problemas. Que Ira Rennert no ponga plata para reflotarla es otra cosa.
¿El Estado no debería tener una política un poco menos concesiva con los inversionistas, con una regulación más inteligente?
Eso que se dice, de que el Estado se pone del lado de las grandes empresas, solo lo puede decir una persona mal orientada.
¿Por qué?
Desde el año 1993 la legislación se ha perfeccionado, es muy estricta. No creo que el Estado esté del lado permisivo. En Gran Bretaña o Suiza los problemas de contaminación los resolvieron en 10, 15, 20 años. Son procesos. Tienes que cambiar la tecnología, la infraestructura, la mentalidad de la gente.
Y también acelerar las decisiones políticas, ¿no?
Es que no se puede acelerar procesos.
¿Qué procesos no se puede acelerar?
Bajar todo el diésel a 50 partes por millón de azufre. Las refinerías no pueden hacerlo, y eso implica inversiones. Las empresas mineras, desde que se establecieron los PAMA, han gastado US$2.000 millones en adecuarse.
¿El problema del sulfuro del combustible no se puede resolver más rápido?
No, no. Hay tres refinerías en la costa, una en Iquitos, a las que hay que cambiarles la tecnología. Eso implica millones y millones de dólares.
Si no lo hicieron con precios altos, no lo van a hacer con precios bajos.
Eso no me lo pregunte a mí, yo respondo desde junio del 2008, [desde] que soy ministro.
¿Usted puede asegurar que Doe Run va a cumplir con lo que se está comprometiendo en los próximos 30 meses?
En los [próximos] 30 meses, sí. Si el Estado, Osinergmin y la OEFA [Oficina de Evaluación y Fiscalización Ambiental] supervisan, tiene que cumplir. Lo que aprobó el Congreso es improrrogable.
Esa no es una palabra nueva…
Bueno, entonces mejor cerramos todo y nos vamos de este país. Yo no estoy en ese plan. Yo soy responsable de iniciar procesos para mejorar en el Perú.
¿Qué candado ha puesto su ministerio para que Doe Run cumpla esta vez?
Tenemos los límites máximos permisibles, los estándares de calidad ambiental. Y la OEFA, que va a ser un organismo fiscalizador.
De lo bio a lo trans
Ministro, ¿qué tanto convienen, o no, los biocombustibles?
Estaban en la cresta de la ola cuando el petróleo estaba a US$100 el barril. Luego de que yo entré, el 19 de mayo del año pasado, en el segundo Consejo de Ministros entró el tema.
¿Quién lo puso?
Agricultura. Había empresarios malasios, que querían invertir US$ 600 millones para producir biocombustibles. Vi hasta un mapa. Al norte del Marañón-Amazonas, en la cuenca del río Tigre-Pastaza, se iba a talar un millón de hectáreas de bosque amazónico para plantar papas.
¿Con la anuencia del ministro de Agricultura de entonces?
No hablemos de anuencia. Felizmente el IIAP [Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana] había hecho un estudio, que mostraba que en Loreto, San Martín y Ucayali hay 1.130.000 hectáreas ya intervenidas, con el bosque talado. Yo propuse entonces tres puntos para los biocombustibles: no talar bosques amazónicos primarios, para promoverlos; no meterlos en áreas donde se producen alimentos; y, si es en la costa, tener los mejores sistemas de riego y ahorro de agua. El Presidente me apoyó.
¿Qué posibilidades hay de que se cumplan realmente esos tres puntos?
Para eso está la sociedad civil, para vigilar. También las regiones.
¿Ustedes también van a estar vigilantes?
Por supuesto. Pero ahí viene otro tema. Con la huelga indígena se derogó la Ley 1090, la Ley Forestal, que nos daba a nosotros la facultad de aprobar el cambio de uso de la tierra, es decir que si alguien quería cortar el bosque, tenía que pedirnos permiso a nosotros y no a Agricultura, como antes. Perdimos esa competencia. En este momento, los biocombustibles no son ningún peligro para los bosques.
¿No hay posibilidad de que se cambie el uso de la tierra, justamente para que hacer posibles los monocultivos y los biocombustibles?
No, el Ministerio del Ambiente protestaría inmediatamente.
¿Los transgénicos sí son un peligro?
El peligro es que el Perú es un banco mundial de recursos genéticos. Transgénicos son aquellas semillas que han sufrido transferencia de genes y que son patentadas por alguna empresa. Con eso creas dependencia hacia una empresa monopolizadora y dejas de lado toda nuestra biodiversidad. Yo lo que le digo es: trabajemos con nuestros recursos genéticos, que allí hay maravillas para conquistar mercados. Y lo estamos haciendo con cacao orgánico, quinua, kiwicha, camu-camu, café...
Pero se está insistiendo con el tema…
2010-09-01 20:38:17
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