

Hijos de Bachelet
La de Bachelet será la administración que menos líderes nuevos proyecte más allá del fin del gobierno. Sus hijos políticos fueron sacrificados tempranamente para proteger a la presidenta.
|
|
HERRAMIENTAS
Pese a ser la primera mujer en llegar a La Moneda, Michelle Bachelet demostró menos preocupación por sus hijos políticos que la que habían demostrado sus predecesores. Contradiciendo el estereotipo de que las mujeres se preocupan más por sus descendientes que los hombres, Bachelet no deja como parte de su legado un grupo de rostros políticos emergentes −hombres o mujeres− que puedan seguir potenciando y promoviendo los valores de renovación, paridad de género y la nueva forma de hacer política que la doctora prometió traer consigo a la presidencia.
De los cuatro presidentes de la Concertación, Michelle Bachelet es la que más ha hablado de proyectos colectivos. A diferencia de sus tres predecesores oficialistas que asumieron la tarea de la presidencia como un plan político donde las ideas se promueven a través de leyes, políticas públicas, nombramientos y hechos concretos, Bachelet privilegió los símbolos y el poder de la palabra para instalar sus propuestas de reforma. Desde la promesa de paridad de género hasta el recambio generacional sintetizado en el “nadie se repite el plato”, la primera presidenta de Chile insistió en que lo suyo sería una nueva forma de hacer política. La horizontalidad en la autoridad, el protagonismo de la gente y la participación de todos, poniendo especial énfasis en la inclusión de mujeres a las esferas de poder, eran las iniciativas que Bachelet tenía más cerca de su corazón cuando asumió el poder el 11 de marzo de 2006.
Pero después de las protestas estudiantiles de 2006 y del Transantiago en 2007, Bachelet optó por abandonar la contingencia, entregando el quehacer político a los partidos y a su triunvirato de ministros en La Moneda, símbolos de los platos repetidos. Las directivas de los partidos operaron con fuerza para desvirtuar las promesas de participación y horizontalidad que Bachelet había hecho en campaña. Bachelet silenciosamente capituló. Después de abandonar la promesa de “nadie se repite el plato”, Bachelet también flexibilizó su principio de paridad de género. Al finalizar su mandato, Bachelet tiene 10 ministras entre los 22 miembros de su gabinete. Pero usando la jerarquía oficial de los ministerios, sólo tres de los diez ministros más importantes son mujeres. En los 15 gobiernos regionales sólo hay cuatro intendentas. Hoy Chile tiene menos mujeres en puestos claves que cuando Bachelet llegó al poder. Al compararlo con el fin del periodo de Lagos, las cosas sólo han mejorado marginalmente. Después de un inicio auspicioso, las iniciativas de género se han ido diluyendo. Tanto así, que por primera vez desde las elecciones de 1993, no hay ninguna mujer entre los candidatos presidenciales. Incluso, dependiendo de las negociaciones e impugnaciones de último minuto, podría haber menos mujeres candidatas al parlamento en las listas de la Concertación y la Alianza hoy que en 2005.
Las promesas de más participación también se diluyeron. Basta con recordar el cómplice silencio de Bachelet ante las primarias truchas de la Concertación o su decisión de abandonar las reformas políticas que indujeran a más competencia y más transparencia en la forma como operan los partidos políticos. Las loables reformas a favor de más transparencia en el Estado no tocaron a los partidos políticos. La democracia participativa desapareció del discurso oficial y la promesa de una ley de cuotas se materializó en un proyecto de ley demasiado tardío, como para creer que a Bachelet realmente le importa.
Precisamente porque necesitan construir un legado y buscan perpetuarlo, los presidentes promueven liderazgos de recambio y figuras jóvenes de reemplazo que ocupen puestos de importancia en futuros gobiernos. La principal vitrina que tienen los mandatarios para promover liderazgos es el gabinete. A nivel local, los intendentes regionales y gobernadores provinciales son los puestos que más espacio permiten a nuevos rostros demostrar sus habilidades y prepararse para puestos de representación política. Pero Bachelet desconoció la necesidad de usar su discrecionalidad en los nombramientos de puestos políticos para potenciar figuras que compartieran su visión, su estilo y su discurso.
Bachelet parece haber privilegiado la construcción de un gabinete que estuviera compuesto de personas que, por sobre todo, no le fueran a hacer sombra. Por eso, en 2006 desechó nombres de presidenciables y en cambio optó por caras nuevas que, además, no tuvieran aspiraciones políticas propias. Creyendo equivocadamente que eso ayudaría a centrar la atención de la opinión pública en su persona, Bachelet armó un equipo débil incapaz de proyectar el legado de su cuatrienio más allá de marzo de 2010.
A diferencia de ministros que se convirtieron en presidenciables gracias a ser nombrados por sus predecesores –incluida ella misma– los gabinetes de Bachelet no produjeron nuevas estrellas en el firmamento político nacional. Solo uno de los miembros de su primer gabinete se perfila como potencial candidato presidencial. Pero el titular de Hacienda, Andrés Velasco, ya tenía pasta de presidencial antes de sumarse al gabinete. Ciertamente Velasco tiene ahora un capital político más alto que cuando asumió. Pero ideológicamente, es el ministro que más lejos estaba de Bachelet al momento de ser incorporado al gabinete. No por nada Bachelet, cuando arreciaban las presiones para aumentar el gasto en los años de las vacas flacas, reconoció que regularmente le preguntaba a Velasco por qué no se podía gastar más plata. El resto de los ministros iniciales de Bachelet terminó con capital político disminuido o supo reinventarse a partir de otras fortalezas personales como Lagos Weber u Osvaldo Andrade. Ser ex ministro de Bachelet parece tener más costos que beneficios en las carreras políticas de sus ex asesores cercanos.
La incapacidad de Bachelet para potenciar figuras que promovieran, profundizaran y consolidaran su legado se debe a que la presidenta renunció a ejercer poder político. En vez de asumir a cabalidad su condición de Presidenta, Bachelet se convirtió en la Ministra de la Protección Social, declinando tener influencia en la reforma política o en el nombramiento de puestos claves de gobierno. Por eso, la suya será la administración que menos líderes nuevos proyecte más allá del fin del gobierno. Sus hijos políticos fueron sacrificados tempranamente para proteger a la presidenta o bien fueron arrinconados en sus puestos de gabinete sin permitírseles vuelo propio. Todos los presidentes usan sus ministros como fusibles para reducir tensiones y solucionar problemas. Pero también en general los presidentes entienden que su legado depende de abrir espacios para rostros de recambio que proyecten el legado más allá del fin del periodo. Bachelet entendió lo primero, pero no fue capaz de potenciar la carrera de ninguno de sus hijos políticos.
Por eso, cuando se termina su mandato, casi todos los huevos del bacheletismo están puestos en una sola canasta, la de la propia Bachelet, formidable candidata para las presidenciales de 2013. Eso no es poco. Es más, considerando que hace cuatro años circulaban razonables dudas sobre su capacidad para dar el ancho como mandataria, su evolución política resulta notable y admirable. Pero esa evolución también incluye un contradictorio tránsito desde un discurso de proyectos colectivos hacia una agenda que parece excesivamente centrada en proteger, cuidar y acrecentar su capital político personal. Por eso, el suyo habrá sido el más personalista de los cuatro gobiernos de la Concertación.
2009-10-06 10:39:09
Comparto su opinion sobre la mirada hacia los hijos politicos de la presidenta. Siempre matuvo el margen de mantener un equilibrio entre la mayoria, aun que no pudo del todo como con velasco pero acaso es malo tener un perfin bajo durante un gobierno?.
2009-10-06 10:41:34
Pienso que Bachelet no es ni será una política típica concertacionista. No creo que haya tenido la intención de manejar el gobierno pensando en que nadie la opacara, se le puede reprochar que cediera ante los partidos -para asegurar la gobernabilidad imagino- pero ellos solitos en esa oscura y corrupta mediocridad , se encargaron de hacerla brillar aún más.
2009-10-06 11:27:51
No se puede realizar este tipo de análisis generales sobre la base de tres casos particulares. Lagos Weber, Andrade y Velasco hicieron mandatos completamente distintos y sus responsabilidades personales fueron evidentes. Andrade siempre mantuvo el apoyo de la presidenta y en algún momento incluso se dijo que era la contraparte de Velasco en el gabinete. Lagon Weber es reconocido por su ineficiancia y poca capacidad como comunicador. Quizás el único que de verdad sufrió el poco respaldo de la presidenta fué Belisario, quién más que un hijo político, puede considerarse un tío lejano de Bachelet.
2009-10-06 13:16:57
En parte comparto tu vision, sin embargo, precisamente por su poco capital politico bachelett se vio forzada por los partidos politicos a dejar la politica y dedicarse a su Gran proyecto social (el cual agrdecemos), no tenia la independencia para enfrentar a los partidos ya que ellos le dieron su apoyo , por eso, para materializar un gobierno ciudadano y de los mejores se debe baypasear a los partidos y alejarse de su influencia, para luego hacer un nuevo trato con otros dirigentes de partidos.
2009-10-07 11:43:43
Antes de cada reunón mi frase de saludo era: "Los que van a morir le saludan". Más allá de los errores, la primera generación no teníamos apoyos políticos, lo que nos llevó a ser presa fácil del mundo tradicional concertacionista y de los fácticos. Pero como esto es sin llorar, solo lo cuento para transmitir el estado en que vivimos y dar cuenta como muchos se suben al carro de la victoria hoy en día. Saludos. Un hijo de bachelet
2009-10-07 16:15:50
Es realmente cansador encontrar a este señor en cada revista. ¿Qué contactos tiene para aparecer, ora en la tercera, ora aquí? ¿Por qué escribe sólo en medios de derecha? Y además es digno de análisis desde el punto de vista de la transferencia psicoanalítica, pues lo que aquí dice es lo que NUNCA se atrevió a decir sobre Ricardo Lagos, personalista como pocos y sin un proyecto político sobre el rol del estado. Es cansador hallar siempre un análisis tuerto, incapaz de reconocer todos sus errores precedentes respecto de Bachelet. ¿No recuerdan lo que decía este señor sobre Bachelet, no recuerdan que reduce el apoyo a Bachelet al "cariño" de la ciudadanía? Que asco de análisis. ¿Acaso no es suficiente, para un Estado como el chileno, que no había pasado por el proceso de modernización europeo, que una presidenta se identifique con la protección social, un proyecto político y constitucional del que ya no podemos retroceder? Ningún presidente anterior de la concertación habrá dejado una marca tan profunda en la definición del estado. Ningún gobierno habrá repecutido tanto en el desarrollo de los niños, mujeres, jóvenes y ancianos. Ningún candidato posterior esboza un intento de cambiar el rumbo. Todos son bacheletistas, ¿quería herederos? Allí los tiene, desde la izquierda a la derecha. Última cosa: este señor ha declarado que Enríquez-Ominami es el hijo ilegítimo de Bachelet. ¿No es ya, de todos modos, el hijo? ¿Pierde categoría por ser ilegítimo? La llegada y el gobierno de Bachelet habrá normalizado en un gran nivel la democracia. Los díscolos, la "falta de líderes", la protesta estudiantil no son contra Bachelet sino que responden a la misma lógica que la llevó al gobierno y que la sostienen. Eso es una normalización de la democracia.




