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14 de septiembre de 2009

América Latina se arma

Los países de América Latina gastaron en defensa el año pasado US$ 51.100 millones, 30% más que en el 2007. Brasil, Colombia, Chile y Venezuela, en ese orden, son los que más compran armamento. Las siete bases militares en Colombia, operadas por personal estadounidense, aumentan la tensión regional.

Por Jacqueline Guevara G.

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Hay movimiento de tropas en América Latina. A Venezuela llegarán 24 aviones de combate Sukhoi, 100.000 fusiles automáticos Kalashnikov y varios batallones de tanques enviados por Rusia; Brasil suscribió un acuerdo con Francia para adquirir armamento por más de US$ 9.000 millones, incluido un submarino nuclear; Chile sigue aumentando el número de cazabombarderos y fragatas; y en Colombia, 1.200 militares y técnicos estadounidenses se preparan para desembarcar en siete bases militares. Este gran despliegue militar, que no se veía desde hace mucho en una región que ha sido históricamente pacífica, parecería presagiar que los tiempos de calma están llegando a su fin y que varios gobiernos preparan su defensa ante un posible ataque.

¿Está ingresando la región en una carrera armamentista de insospechadas consecuencias? Aunque analistas internacionales y expertos en el tema militar señalan que no es muy claro que se presente este fenómeno, lo cierto es que en los últimos años la compra de armamento ha venido en ascenso y varios gobiernos están “mostrando los dientes” al exhibir su material bélico y anunciar nuevas adquisiciones. Aunque la región no ha estado exenta de conflictos, relacionados en la mayoría de casos con problemas fronterizos, recientemente la intensidad bélica ha tocado a Colombia, Venezuela y Ecuador, países que desde hace año y medio están enfrascados en duras polémicas diplomáticas y políticas que amenazan con llevar al terreno militar.

La piedra del escándalo fue la incursión de Colombia en territorio ecuatoriano el 1 de marzo de 2008, cuando el ejército nacional atacó un campamento de las FARC en Angostura y dio muerte a Raúl Reyes, uno de los más importantes jefes de esta organización guerrillera. El ataque sorpresivo, que no fue consultado previamente con el gobierno del vecino país, provocó la ira del presidente Rafael Correa, quien rompió relaciones diplomáticas con Colombia y amenazó con una respuesta militar si se presentaba una nueva incursión en su territorio. Chávez también “mostró los dientes” al decir en la cumbre de la Unión de Naciones Suramericana (Unasur), en Quito, que comienzan a soplar vientos de guerra y que no va a permitir que a Venezuela le hagan lo mismo que le hicieron a Ecuador. “Si Colombia lo intenta, la respuesta sería militar”, aseveró en un tono enérgico.

Pero ¿qué tan dispuestos están los gobiernos de estas naciones a iniciar un conflicto? Si fuera por la compra de armamento cualquiera pensaría que sí, pero detrás de estas acciones hay toda clase de consideraciones, especialmente las geopolíticas y estratégicas. Para Eduardo Velosa, catedrático de la Universidad Javeriana de Colombia, es exagerado hablar de una carrera armamentista, y asegura que estos movimientos corresponden a la adaptación a los nuevos desafíos de la seguridad en términos regionales. Países como Brasil, Venezuela y Colombia están renovando su armamento porque cada uno afronta problemas internos particulares.

Y aunque los anuncios recientes de compra de armas por parte de Venezuela han acaparado la atención, lo cierto es que uno de los países que más ha incrementado su pie de fuerza y destinado recursos para la compra de armamento es Colombia, que ya venía siendo apoyado por los Estados Unidos con el Plan Colombia en la década de 1990. Este apoyo económico y militar tenía como objetivo fundamental la lucha contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico y la erradicación de los cultivo de coca. Pero el nuevo acuerdo de cooperación con el gobierno de Barack Obama, que permite que militares estadounidenses controlen siete bases en territorio colombiano, da nuevos argumentos a los países vecinos para seguirse armando con el fin de defender sus intereses ante una posible intromisión foránea.

Estrategia geopolítica
En los últimos cinco años, América Latina, y particularmente América del Sur, ha incrementado de manera sustancial su gasto en defensa. Las cifras así lo confirman: en el 2008 el gasto en el sector subió 30% en la región frente al 2007, con un total de US$51.110 millones, de acuerdo con el Balance militar de América del Sur 2008 realizado por el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría. El número de efectivos entre miembros del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea supera el millón en América del Sur, de los cuales Brasil tiene 31,6% y Colombia, 23,4%.

A pesar de lo abultado de la cifra, el gasto militar de la región no llega ni a 5% del gasto militar de todo el mundo (véase los cuadros anexos). El estudio señala que, además de las interrogantes acerca de si estamos o no en una carrera armamentista, lo cierto es que se ha puesto en marcha en la región un proceso de equipamiento que está marcando diferencias y definiendo perfiles entre los Estados que están fortaleciendo sus Fuerzas Armadas y los que no pueden hacerlo, bien sea por falta de recursos o porque no lo consideran una prioridad nacional.

La mitad de estos millonarios recursos corren por cuenta de Brasil –US$ 27.000 millones–, país que firmó un acuerdo con Francia para la adquisición de 50 helicópteros de transporte EC-725 y cinco submarinos de ataque Scorpene, uno de los cuales será adaptado a propulsión nuclear. Este acuerdo forma parte del Plan de Defensa Nacional de Luis Inácio Lula da Silva, que busca modernizar las fuerzas armadas, proteger los yacimientos petroleros marinos y defender la frontera de la presencia de las FARC. Precisamente, una de las más recientes compras fue la de ocho aviones no tripulados a Israel para defender la Amazonia.

Pero también, como lo señala Carlos Alberto Patiño, catedrático de la Universidad Nacional de Colombia, el gigante sudamericano ha emprendido una carrera para convertirse en una potencia global y para ello requiere ser no solo una potencia económica sino también militar. De hecho, es uno de los proveedores de equipo militar para países de la región. Lula aspira a conseguir el apoyo del presidente Nicolás Sarkozy para que Brasil sea aceptado como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La posición de Venezuela también es estratégica. Chávez ha reforzado los vínculos militares con Rusia, a la que le habría comprado armamento por más de US$ 4.000 millones en los últimos cuatro años, incluyendo aviones de combate Sukhoi, fusiles automáticos y tanques. A mediados de este año, una flota rusa permaneció durante varios días en aguas venezolanas haciendo maniobras militares. Velosa sostiene que con la nueva Constitución bolivariana, la revolución se ha convertido en el punto central por defender. “Nadie compra tanto armamento para dejarlo guardado. Creo que en el caso de Venezuela esta capacidad ofensiva es para asustar a la oposición y para fortalecer su estrategia geopolítica en la región”, dice Patiño, al recordar que el día del golpe de Estado al entonces presidente de Honduras Manuel Zelaya, Chávez amenazó que usaría la fuerza para derrotar al nuevo gobierno.

Chile también ha venido renovando su armamento gracias a los recursos provenientes de las exportaciones de cobre. El plan, que terminaría el año entrante, demandará recursos por US$ 2.500 millones y le permitirá a esta nación austral convertirse en uno de los países de la región que tienen Fuerzas Armadas equiparables a las de algunas naciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), según un estudio del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri). El material bélico incluye la compra a Estados Unidos, Rusia, Francia y Holanda de vehículos de artillería pesada, cazabombarderos y helicópteros.

La marina chilena es hoy, después de la de Brasil, la segunda más grande de América del Sur y comprende fragatas, submarinos Scorpene y misiles antibuque. La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, al igual que su homólogo Hugo Chávez, viajó este año a Rusia con el fin de afianzar los lazos de cooperación militar. Estas adquisiciones, al igual que en los demás países, han recibido cuestionamientos por sectores de la población que no entienden como estas naciones, con tantos problemas sociales, dan prioridad en sus gastos al tema armamentista.
Uno de los gobiernos más inquietos con estas adquisiciones es el Perú, país con el que Chile ha tenido problemas fronterizos (por delimitaciones marítimas) en el pasado reciente.


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jose maria vagas vila.
2009-09-28 21:01:49

En la Región se impondrá la politica del garrote que han mantenido los Estados Unidos,desde hace mucho tiempo y con diferentes modalidades;pero sigue siendo el manido tema de la "seguridad nacional" el que los impulsa a implementar politicas de guerra,como en todo el hemisferio: El Caucaso,El Tibet,El Medio Oriente y ahora América.

EDUARD
2009-10-23 15:14:44

PERO COLOMBIA SI DEBE TENER UNAS FUERZAS BLINDADAS DESPLEGADAS EN LA GUAJIRA Y EN LOS LLANOS DEL ARAUCA, ADEMAS DE UNA FUERZA DE HELICOPTEROS ARTILLADOS Y ANTITANQUES. PUES LOS VENEZOLANOS A LO LARGO DE LA HISTORIA SIN IMPORTAR QUE GOBIERNO TENGAN, SIEMPRE APARECE EN SUS TEATROS O JUEGOS DE GUERRA LA NECESIDAD DE CONTROLAR LA GUAJIRA Y EL ARAUCA ADEMAS DE OTRAS FANTASIAS MAS.

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