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agosto de 2009

El poder y la GLORIA

En el siguiente artículo, Carlos Peña analiza las causas de por qué la Iglesia chilena ha perdido poder para influenciar a la opinión pública.

Por Carlos Peña / Rector de la Universidad Diego Portales y columnista de El Mercurio

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A mediados del año 1968, el Papa Pablo VI envió a las conferencias episcopales de todo el mundo el texto de una encíclica. Era Humanae Vitae. En ella se condenaba el uso de cualquier método anticonceptivo, salvo, claro, la abstinencia.
Apenas la recibió, el Cardenal Raúl Silva Henríquez despachó un cable a Roma: pedía se postergara su publicación.
El Cardenal opinaba que una encíclica como esa alejaría a los fieles. La Iglesia, pensaba Silva Henríquez, debía aliviar la carga de la vida (especialmente de los agobiados por la pobreza) en vez de hacerla más gravosa.
La respuesta fue una severa reprimenda. Y la encíclica se publicó igual.
Silva Henríquez no cedió. En conjunto con profesores de la Facultad de Teología, preparó entonces una intervención por TV. En ella (y haciendo uso de un vozarrón de profeta) subrayó que la conciencia de los fieles era la que tenía la última palabra.
Cuarenta años después la situación es exactamente la inversa.
El Cardenal Errázuriz (con una voz que, al contrario de la de Silva Henríquez, es más bien delgada, casi un susurro) no se cansa de condenar una y otra vez el uso del condón e incluso aboga porque no se le publicite de manera directa. La píldora del día después se equipara con una maniobra abortiva y a quienes la defienden se les hace partícipes de una “cultura de la muerte”. La Facultad de Teología enmudece y es reemplazada en el espacio público por la bioética. La sofisticada reflexión acerca de la praxis de la fe es sustituida por la normativa acerca de la praxis médica.
Allí donde hace apenas cuarenta años había una Iglesia comprensiva con los problemas de la intimidad, pero severa en lo social (son los años en que la Iglesia habla de “violencia institucionalizada” para caracterizar las estructuras sociales y económicas de Latinoamérica), hoy existe una Iglesia que es severa en la intimidad y más bien tibia en lo social (como lo prueba el hecho que ha pasado de diagnosticar un pecado social a sugerir apenas un sueldo ético).
Exactamente al revés que hace cuatro décadas.
El resultado es que la Iglesia ha perdido influencia en la opinión pública. Los chilenos (y chilenas, como suele decirse hoy) siguen definiéndose como creyentes; pero ya le hacen poco caso a la Iglesia. La fe (la convicción que la vida humana tiene un sentido que la trasciende y al que nos asomamos mediante la oración y el rito) se ha “desacoplado” de la Iglesia institucional.

Los incómodos datos
Los estudios sobre religiosidad efectuados por el International Social Survey Programme para una muestra de 31 países, muestran que Chile posee un alto índice de creencias religiosas. En esta materia, nuestro país está lejos de países tradicionalmente católicos (pero hoy descreídos) como Portugal, Italia o España, y más cerca, en cambio, de países como Estados Unidos, cuya religiosidad es profusa y variopinta.
Somos una tierra de creyentes; pero en ella hay cada vez menos católicos.
Así lo muestran los censos.
Mientras el año 1992 el 76,7% de los mayores de 15 años decía ser católico, diez años después esa declaración la formulaba sólo el 70%. En tanto, la cifra de evangélicos se incrementó de un 6,18% que había en 1970, a un 15,1% en 2002. Estas cifras son consistentes con otros estudios de opinión pública que muestran la presencia, concentrada sobre todo en sectores populares, de los credos evangélicos de origen metodista, asociados a la figura popular de Canut Le Bon (no fue siempre así, por supuesto, inicialmente el credo metodista se concentró en las élites, como lo prueba la fundación del Colegio Santiago College).
Pero lo más notorio es la baja de católicos observantes.
La Encuesta Nacional de Iglesia (realizada por la Universidad Católica, el 2001) mostró que quienes se decían católicos tenían una baja adhesión a las prácticas religiosas o a las orientaciones morales de la Iglesia. Apenas un 23% dijo ir semanalmente a misa o algún otro servicio religioso; menos de un tercio condenaba el divorcio; y apenas un 20% se oponía al uso de anticonceptivos (la práctica que, según vimos, condenó Humanae Vitae). Entre 1958 (fecha de una encuesta de Eduardo Hamuy, el pionero de los estudios de opinión) y 1998 (según la encuesta nacional de opinión pública del CEP) el número de católicos observantes había disminuido ¡de 33,2% a un 18,5%!
En fin, la Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica (del año 2008) mostró que un 47% de los chilenos aceptaba alguna forma de aborto. Y si bien la muestra no se encuentra estratificada por religión, se trata de una cifra alarmante en un país que, según el mismo estudio, tiene un 67% de católicos.
Lo que sugieren esos datos es que los creyentes ya no van de la mano de la Iglesia. O si se prefiere, que la Iglesia predica hoy en algo parecido al desierto.
No es pérdida de fe –ya se dijo: Chile es una tierra de creyentes– sino de confianza en la institución eclesial. El capital simbólico de la Iglesia se ha depreciado. Un estudio de marcas muestra que el valor atribuido a la imagen de la Iglesia cayó desde un valor de 91,8% en el año 2001 a apenas un 48,6 en el año 2009 (www.thelabyr.cl).
¿Qué está pasando?
Lo que ocurre es que la religión está transitando de algo que se hereda, a algo que se escoge.
Ese fenómeno explicaría tanto la pérdida de poder de la Iglesia en la opinión pública, como el auge del Opus Dei o Los Legionarios de Cristo, y otras formas de catolicidad semejantes, en las élites y en los grupos ascendidos.
¿Cuáles son las causas más obvias de ese fenómeno?
Las anunció Marx hace un siglo y medio: el cambio en las condiciones materiales de la existencia.

Creyentes pero indóciles
Si se mira lo que ha pasado en Chile en los últimos veinte años, ese proceso no tiene nada, o casi nada, de raro.
Lo que ocurre es que los chilenos hemos experimentado, en los últimos veinte años, un cambio radical en las condiciones materiales de la existencia. Y esos cambios han sido seguidos por transformaciones culturales que son las que hoy día desafían a la Iglesia (y a la política).
Veamos.
La educación básica y media se ha expandido, hoy día la cobertura es casi universal y las expectativas de escolaridad para un niño de cinco años es hoy de 15, seis años apenas una fracción por debajo de los países de la OECD; la educación superior se ha masificado y ya traspasamos el 40% de cobertura y siete de cada diez alumnos son hijos de padres que nunca alcanzaron ese nivel educacional; la vivienda propia, antes una verdadera quimera, hoy día es una realidad para el 75% de los chilenos; el automóvil se ha masificado y los medios de comunicación se han expandido como nunca antes; los malls proliferan y el consumo de bienes materiales y de bienes simbólicos, crece. En suma, hoy día los chilenos vivimos más y vivimos mejor.
Nunca antes en la historia las grandes mayorías habían experimentado en el curso de quince o veinte años cambios que antes se alcanzaban en dos o tres generaciones.
En otras palabras, nunca la biografía personal de tantos hombres y mujeres fue capaz de recoger en el curso de su propia vida cambios tan bruscos y tan radicales en sus condiciones materiales de vida. Hemos transitado en todos estos años de ser una sociedad más bien tradicional y excluyente, a una sociedad de masas, inclusiva y más moderna. Los bienes de la modernización y de la democracia −que casi siempre los imaginábamos separados− están por vez primera de la mano en nuestro país.
El resultado es obvio: cuando usted ha experimentado en el curso de su vida tamañas transformaciones, empieza a creer más en sí mismo y menos en factores ajenos a su propia voluntad. Entonces hasta la fe se hace depender de la propia voluntad. La fe se individualiza y se hace electiva.
Es que cuando usted ha hecho la experiencia de gestionar su propia vida y acceder a bienes que hasta ayer parecían inalcanzables (esta es la experiencia de buena parte de las mayorías que hoy se llaman aspiracionales y que habitan Maipú o La Florida) usted comulga menos.
Y en ningún caso lo hace con ruedas de carreta.
Ser pastor es así más difícil.
Como usted comprende, no es lo mismo conducir a un puñado de fieles que experimentan la vida como un destino (los chilenos de hace cuarenta años), que dirigir a quienes han hecho la experiencia de transformarla con su propio esfuerzo (los chilenos de los veinte que acaban de pasar).
A estos últimos les cuesta más tener tutores.
Así las mayorías se vuelven indóciles. Y las minorías dominantes buscan formas de mantener la diferencia.

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Francisco
2009-09-03 09:39:01

Me gustó mucho el articulo. También creo que la iglesia pierde opinión por la elevada cantidad de incentivos que tienen las personas a dejarse llevar por sus propias creencias. Por ejemplo, es moda en los jovenes adoptar tendencias que los hagan sentirse identificados con lo que se esta hablando... Son modas que tienen como raiz el tener su propia identidad, sin dogmas que los regulen. Entonces la fe ligada a ritos se vuelve incompatible con una cultura innovadora en los haceres. Creo que la iglesia no solo tiene un rol valórico en la sociedad. Es allí cuando debemos nosotros mismos sacar a relucir los "albertos" que llevamos dentro.

Eric Robledo
2009-09-03 10:19:50

Muy bueno el ensayo. La iglesia católica ha jugado mal sus cartas en nuestro país. Eso se evidencia con la comparación entre Silva Enríquez y Errázuriz. Imagino que el escenario es complejo y difícil para la iglesia católica. Pero sí creo que es posible cambiar de estrategia para la evangelización y la observancia de la fe sin que necesariamente se cambien las doctrinas tradicionales. El Opus y Los Legionarios son una especie de salvavidas para la influencia católica, pero eso no va a durar mucho. Los tiempos cambian aceleradamente y la iglesia católica se demora mucho en ponerse al día.

Cristóbal H
2009-09-03 10:26:28

No cabe esperar más, y comparto el diagnóstico, cuando la lógica del análisis presupone un materialismo capaz de condicionar vidas. Por otro lado, tal vez la "Silvana aporía" se resuelve en una invitación que trascienda el estudio y fe sobre un D´s de textos, purezas morales y encíclicas para mirar y seguir el ejemplo de un D´s que también es todo hombre, donde la única disciplina y rito que perduran son fruto del amor y de la libertad radical que eso implica.

Jorge Salas
2009-09-03 11:07:08

Rescato de forma breve y simple pero directa una idea positiva de este ensayo, el cuál me parece de un nivel de análisis excelente y muy interesante. Me parece que esta refelxión acerca de la pérdida de poder de la iglesia católica en las "masas" o en la mayoría permite poner a los individuos en primer lugar, en constructores de su realidad, en seres capaces de elegir lo que realmente quieren, en materializar sus intenciones y deseos, en alcanzar las metas con nuetsros recursos y herramientas, que valga la pena decir, son muchas más de las que creemos y que nos han contado a lo largo de nuestra vida; todo esto contrario al paradigma católico, en el cuál somos seres dependientes, temerosos y condenados desde el nacimiento por el pecado. El regresar el poder a las personas como seres divinos en si mismos permitirá progresivamente desarrollar una mejor calidad de vida, mayor confianza en nosotros mismos, construir nuestros propias decisiones, avanzar respetando a los demás y al medio ambiente y comprender, a pesar de lo que se nos ha enseñado (de forma tan equivocada) que nosotros podemos, si así lo decidimos, ser lo que queremos ser y alcanzar lo que nos propongamos. Existe un universo en cada uno de nosotros por descubrir, que quizás ni logramos imaginar, lamentablemente la influencia de los grupos dominantes (religiosos, económicos, políticos, etc.) se inclina hacia el otro lado y nos dibujan un mundo difícil en el cuál tenemos que protegernos y obedecer. Error, gran error.

Miguel Toro
2009-09-03 16:30:47

Hay muchas dimensiones en las que se puede hacer el análisis de la evolución de la adhesión a las iglesias en general. Hay uno que debiera importarles a ellas. ¿En qué medida están siendo transmisoras de una fe?. Creo que la iglesia católica es percibida más como una institución de control ético-moral que como una apasionada de una fe. Cuando alguien ve a otro apasionado por algo es fácil que termine siguiéndolo, y el efecto ético-moral cae por sí solo. En cambio, cuando se ve un ente controlador, vacío de pasión, es para salir arrancando. En resumen, pareciera que no ha sido la gente la que se alejó de la fe, sino la iglesia, y como ella misma predica "si la sal pierde el sabor, ¿con qué se la salará?, solo sirve para arrojarla como desperdicio".

Rodrigo Sánchez
2009-09-03 16:40:16

Me identifico plenamente con el católico que describe, aquel que mantiene su fe, que reza a diario, pero que no va a misa ahce tiempo, y que cada día le tiene mas desapego a los jerarquía eclesiática, desde nuestro conservador pontifice para bajo. Que parece que viven en otro mundo y que han renunciado a acompañar a su pueblo en estos tiempo. A se suma los escandalos sexuales, el poco carísma y cariadad que desmuestran muchos de nuestros pastores. Veo como cada día más conocidos se convierten a evengélicos. Y envidio el acompañamiento que sus pastores y "hermanos" les hacen, se sienten parte de uan comunidad y que ésta se preocupa de ellos. Cosa que yo no siento en mi iglesia desde mi infancia. Ante eso, no queda más que orar para que el Señor nos traiga un próximo Papa que abra las ventanas y puerta de nuestras Iglesia de par en par, para que entre el aire fresco de la modernidad y la luz de los nuevos tiempos.

paula
2009-09-03 16:55:35

Comparto lo dicho por Carlos Peña. Creo que los chilenos somos "creyentes" porque somos poco valientes para expresar nuestras diferencias, entonces el "ser creyente" es sólo mantener el statu quo. Que seamos "creyentes indóciles", probablemente es el síndrome social de la enajenación egoica que sobreviene a los "jóvenes" en proceso de maduración o desarrollo. Pero, también es una forma de "resistencia pasiva"; es decir, un modo de protestar a una autoridad muy dominante. Lo que dice el autor, respecto de la "diferenciación por la fe", me parece parte del diagnóstico de nuestra querida gente. Comenzó a observarse con el crecimiento de los nuevos "movimientos católicos", en los cuales iban adscribiéndose cada vez mayor cantidad de personas, que compartían también una forma bastante exigente y dogmática de ver y profesar la fe. Finalmente "la paradoja de la iglesia" creo que también tiene relación con su "patriarcalidad". Un "padre" que quiere imponer su autoridad a estos seguidores que ya no obedecen ciegamente, sino que quieren expresar sus propias opiniones y abrirse al diálogo; actitud, esta última, propia de la "alteridad". La alteridad implica respetar al prójimo e igualdad; la patriarcalidad implica imponer la palabra y relacionarse en forma vertical.

José Luis Guajardo Valencia
2009-09-03 22:13:17

La iglesia como institución es víctima de la democracia: del relativismo como lo denomina Ratzinger. Hace un tiempo a la iglesia le era efectivo y fácil recurrir al garrote del poder temporal. Imponer, someter, callar, latigar, y hasta quemar le era cupularmente bendecido. La cruz con sangre entraba, especialmente a los rotos. Pero hoy esa fuerza física y legal que detentaba ya no la recibe del Estado. No le está permitida. Y cómo núnca se dedicó en serio a evangelizar a las masas ellas no se involucraron en serio con la doctrina: a la iglesia siempre le bastó con unas imágenes. Jesús era una imagen caucásica que se reverenciaba, la virgen una mujer de yeso en blanco y celeste a la cual se peregrinaba. La iglesia se dedicó a educar y evangelizar a la elite. A ella le enseñó realmente la doctrina. En eso no hay nada nuevo. La iglesia católica como institución sólo se ablandó con la Rerum Novarum, y si es que. Digamos amablemente que sólo algunos "santos" y otros silenciados asomaron su compromiso. Como Hurtado C. y Silva E. Lo mismo ocurre ahora. Si no hubiese sido por unos ruidosos mártires la iglesia como institución seria una verguenza. Lo paradógico es que esos mártires fueron negados por la misma iglesia que hoy se abandera con ellos. Buen artículo, sólo que flaqueó en eso de atribuir una misión histórica a una iglesia que jamás-como institución- la ha tenido. nehuel.wordpress.com

Ricardo
2009-09-03 22:55:28

Excelente

J
2009-09-04 10:05:49

Para que vean en qué andan algunas mentes de la pastoral de alumnos de la PUC, tratando temas relevantes para nuestra Iglesia y sociedad: http://www.pastoraluc.cl/mam/la%20era%20de%20maria.php

Victoria W
2009-09-04 10:56:18

Como católica observante comencé a leer este artículo un tanto a la defensiva, pero me encontré con excelentes reflexiones, muy atingentes a la situación actual. Reconozco que mi experiencia en la Iglesia ha sido buena, ya que he tenido la oportunidad de conocer a través de ella personas bastante comprensivas y acogedoras que me han permitido tener una imagen de Iglesia muy distinta a la que se plantea en este artículo, pero también sé que existe una parte importante de chilenos que no han tenido mi misma suerte. Como alguna vez alguien me dijo: "La Iglesia debe estar atenta a los signos de los tiempos", creo que existen miembros dentro de la institución que son conscientes de esto y han hecho esfuerzos por lograrlo, pero por lo visto aún falta. Nuevamente, muy buen artículo.

José Domingo Sagüés
2009-09-10 18:15:14

Excelente artículo. Ilustra con maestría la "discreta" opinión que se tiene de la Iglesia Católica. Un dato que apoya la tesis de Peña: según el estudio de valoración de marcas que el autor cita, a pesar de un contar con un grado de desabprobación importante, varias de las instituciones mejor evaluadas pertenecen o adhieren a la Iglesia o movimientos cristianos. Vale la pena preguntarse cómo se explica aquella procupante incoherencia.

patricia contreras melo
2009-09-11 17:10:58

Comparto el hecho de que la iglesia católica cada vez a ido perdiendo poder entre las personas. Actualmente no tiene el poder de seducción que tuvo antes en otras épocas y efectivamente se debe en parte a que cada uno de nosotros se ha formado y especializado mas ampliando su mirada , manteniendo la fe pero no el apego a una Iglesia que se muestra de doble estandar. En lo personal prefiero que mis hijos conozcan y tengan la posibilidad de decidir y no por eso siento que los he dejado de formar en valores y principios claros , Dios para mi existe y tengo con él una relación cercana y personal pero no quiero heredar a mis hijos algo que a mi en lo personal me fue desencantando en el tiempo por la falta de coherencia entre el decir y el hacer. Por lo demás creo que la vida se la forja cada uno si observo a mi alrededor hay un alto porcentaje de católicos que se aferra a la religiosidad , a los ritos en su forma por sus inseguridades personales. es como que necesitaran aferrarse a algoi por su incapacidad de creer en ellos mismos y en lo que son capaces de lograr producto de su esfuerzo y perseverancia.

Rodrigo Silva Montalva
2009-09-11 19:23:20

A partir del Vaticano II la Iglesia está en un proceso de volver a su estado original, a llegar a ser una comunidad de comunidades y no una sola estructura piramidal y jerárquica.Este proceso se ha diluído y vuelto insconciente, debido a las dificultades originadas por la instuaración del regimen militar en nuestro país que desvió el accionar de la Iglesia hacia otras necesidades mas urgentes y apremiantes, pero el proceso no se ha detenido.Esto ha hecho que surjan diferentes formas de vivir y expresar la fe. Me parece que la visión que se da de la Iglesia se hace mirando lo que sucede en Santiago, situación que es muy distinta a lo que acontece en provincias donde la mayoria de los pastores están mucho más cerca del Pueblo de Dios y los fieles tienen mayor influencia en los que les atañe, están tomando conciencia de sus responsabilidades, educandose en la fe, transformandose y dejando atrás a ese creyente ignorante que los Domingos llena nuestro templos. La Iglesia se está re-evangelizando.Puede que este proceso la deje en minoría, lo cual no es malo ya que en este momento,usando un termino un tanto vulgar,pero apropiado, lo que necesita y le hará bien a la Iglesia no es que seamos muchos, sino que pocos, pero buenos.

karina
2009-09-19 17:00:21

exelente reflexion, muy buen material para poder hacer una mirada critica a los acontecimientos de la Iglesia.

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