

Vuelve el PRI
El PRI, fue el gran ganador de las elecciones intermedias. Renunció el presidente del PAN.
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Las encuestas no se equivocaron: el PRI recuperó mucho de su poder en la Cámara de Diputados, y triunfó en cinco de los seis estados en donde se jugaron las gubernaturas, y en plazas tan simbólicas como las de Guadalajara, en Jalisco, y su zona conurbada, en donde el PAN había gobernado durante 18 años.
El presidente del PAN, Germán Martínez, presentó renuncia del cargo una vez conocidos los datos definitivos del IFE.
“La derrota es el momento más claro para demostrar que en Acción Nacional hay dignidad democrática, ética de la responsabilidad y cultura de la responsabilidad", dijo en conferencia de prensa en la sede del partido.
La presidenta del PRI, Beatriz Paredes, dijo que su partido no avalará nuevos impuestos y que decidirá el perfil de reformas pendientes.
La disciplina priista, que algunos pensaban se resquebrajaría luego del estrepitoso fracaso electoral en los comicios federales de 2006, cuando se convirtió en la tercera fuerza congresional, detrás del PAN y el PRD, lo terminaron rescatando y reposicionando.
El voto de castigo a la administración del –paradójicamente– popular presidente Felipe Calderón, a causa de la violencia desatada por el narco y por la insuficiente reacción ante la crisis económica mundial, aunados a la eficiente operación proselitista de la maquinaria priista hace que este partido recobre parte de su fuerza y, lo más relevante para muchos analistas, lo logró sin haber cambiado sus prácticas de forma ni de fondo, sin haber renovado sus cuadros políticos, ni su discurso.
Se dice que el PRI vuelve a su papel protagónico sin haber operado una modernización profunda. A pesar de las actuaciones polémicas de sus gobernadores en Oaxaca, Puebla o Sonora, pero con el empuje de su gobernador actual en el Estado de México –el más claro contendiente de ese instituto a la contienda presidencial de 2012– el PRI tendrá 47% de los miembros de los 500 diputados federales.
Aliado –o no, si no lo considera necesario– con sus socios coyunturales del Partido Verde Ecologista y con el de Nueva Alianza, sumado a los votos nulos y la previsible pérdida de registro del Partido Social Demócrata (PSD), podrían darle al PRI la mayoría absoluta de la Cámara Baja, con más del 50% de las curules.
El PRI tendría los escaños suficientes para inclinar la balanza contra un debilitado presidente Calderón, cuyo partido presumiría, acaso, los triunfos en la capital del país en las delegaciones Miguel Hidalgo –con su candidato no panista Demetrio Sodi– y Benito Juárez, a las que se suma, sorpresivamente, la demarcación Cuajimalpa.
En el resto del Distrito Federal se perfilaba el triunfo de la mayoría de las demás delegaciones el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y la del Partido del Trabajo (PT) –que tuvo el apoyo de Andrés Manuel López Obrador– en la enorme demarcación de Iztapalapa.
El abstencionismo, por cierto, no fue lo que se vaticinaba. Las tendencias marcaban que el desalentador 70% de ciudadanos que prefirieron no asistir a emitir su voto podría haber disminuido a 55%.
Así, en general, el PAN vería disminuida su presencia en varios frentes, en los estados y el Congreso federal.
El PRI recuperaría gubernaturas y la voz cantante en la Cámara de Diputados.
El PRD se aleja de sus principales antagonistas, y como fuerza se aísla de los otros partidos de izquierda, los lopezobrarodistas PT y Convergencia, pero no resultó tan golpeado como se suponía; y conserva buena parte de sus bastiones en el Distrito Federal.
Al cierre de estas elecciones, en las que participaron más de medio millón de ciudadanos que operaron y vigilaron las casillas y la emisión de votos, no se registraron eventos violentos, salvo decenas de irregularidades que por lo pronto no han motivado posibilidades de anulación de votos.




