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marzo de 2009

Todas las memorias de la memoria

La polémica por la negativa del gobierno a la creación del Museo de la Memoria abrió la caja de Pandora que muestra las heridas no cerradas de la guerra.

Por Paola Ugaz

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Construir un Museo de la Memoria no ha sido una tarea fácil en ninguna parte del mundo. El ejemplo más cercano lo tenemos al sur: la presidenta chilena Michelle Bachelet está luchando con denuedo para inaugurar un espacio para la memoria y los derechos humanos antes de que termine su gestión en marzo del 2010.

El ambicioso proyecto, que cubrirá el período de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973 a 1990), se construirá en un espacio de 10.200 metros cuadrados y tendrá un costo de cerca de US$ 18 millones, sin incluir los futuros gastos de mantenimiento.

Desde el inicio de la propuesta, Bachelet enfrentó piedras en el camino: en la misma semana de diciembre pasado que colocó la primera piedra del museo en Santiago, se inauguró un museo dedicado a ensalzar a Augusto Pinochet, en el que se muestran, entre otras cosas, regalos que recibió de los ex presidentes Richard Nixon y Ronald Reagan.

Si bien el museo estará basado en los informes elaborados por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de 1991 y la Comisión sobre Prisión Política y Tortura del 2004 –que determinaron que murieron 3.000 personas y otras 35.000 fueron torturadas–, en Chile no están contentos ni los sectores ligados a Pinochet ni una parte de las asociaciones de familiares de los desaparecidos.

Para acallar el debate, Bachelet ha señalado que “habrá distintas interpretaciones acerca de las causas del quiebre democrático, distintas interpretaciones acerca del legado del régimen autoritario, pero sobre el costo humano que Chile pagó, no debería haber discrepancias”.

¿Por qué en el Perú, donde incluso los sectores más extremos de la derecha se encargan de resaltar permanentemente las exitosas políticas de la coalición chilena en el gobierno, no “debería” haber también un museo de la memoria?

El sociólogo peruano Eduardo Gonzales Cueva, especializado en políticas de justicia en contextos de transición democrática, explica que un conflicto armado como el que vivió el Perú deja profundas heridas en la conciencia de miles de personas, y un legado de desconfianza y miedo. “Tras un conflicto tan brutal, no se puede volver a la normalidad como si nada hubiera pasado”, afirma.

Por su parte, para el director de la Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Católica, Víctor Vich, “el museo es importante para restaurar simbólicamente lo que ha sido una tragedia nacional y convertir el pasado en un arma que neutralice cualquier otra barbaridad en el futuro”. La guerra interna que desató en el país el grupo terrorista Sendero Luminoso causó pérdidas económicas como ningún conflicto anterior: cerca de 70.000 muertos y, según el último conteo del Equipo Peruano de Antropología Forense, unos 15.000 desaparecidos.

En este sentido, el director del Programa de Museos, Memoria y Monumentos del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ, por sus siglas en inglés) a nivel mundial, Louis Bickford, comentó a PODER que un museo forma parte de “un proceso para ver la radiografía del pasado con ojos del futuro”, y que uno de los mejores ejemplos de ello es el Museo del Holocausto en Berlín, que ocupa un espacio de 17.000 metros cuadrados y cuya construcción costó US$ 30 millones.

Entonces, ¿por qué genera tanta controversia construir un museo sobre el tema de la memoria? Para el arquitecto argentino Julián Bonder, que está construyendo en Francia un museo sobre la esclavitud y la trata de personas, “lo normal es que se genere controversia, pues no estamos hablando de un museo de historia natural.

Es un espacio de catarsis al trauma de un conflicto, sea el que fuere”. Para Víctor Vich, quien junto con Juan Carlos Ubilluz y Alexandra Hibbett está por publicar el libro Contra el sueño de los justos: la literatura peruana ante la violencia política, el rechazo se explica “porque en el Perú la verdad es un trauma. Es decir, es algo que nos confronta con lo peor de nosotros mismos. La verdad de Sendero Luminoso la sabíamos todos, pero lo que no sabíamos con tanta fuerza, con tanta verdad, era que el Estado se comportó igual. Ahí están las fosas de Putis, los hornos de Los Cabitos, es una verdad traumática que no se quiere aceptar”.

Mario Vargas Llosa, considerado uno de los escritores más importantes de habla hispana, afirmó recientemente en su columna semanal “Piedra de toque”, que “necesitamos un Museo de la Memoria para combatir esas actitudes intolerantes, ciegas y obtusas que desatan la violencia política. Para que lo ocurrido en los años ochenta y noventa no se vuelva a repetir. Para aprender de una manera vívida adónde conducen la sinrazón delirante de los ideólogos marxistas y maoístas y, asimismo, los métodos fascistas con que Montesinos y Fujimori los combatieron convencidos de que todo vale para lograr el objetivo aunque ello signifique sacrificar a decenas de miles de inocentes”.

Del dicho al hecho

¿La donación de US$ 2 millones sería suficiente para construir un museo de la memoria en el Perú? Bonder explica que los costos de construir un museo se dividen en: planeamiento, construcción y mantenimiento permanente, y que por ello los precios promedio de museos como “lugares de conciencia colectiva” (como también los llaman) superan con creces esa suma.

Al respecto, Bickford comenta que los proyectos de sitios de memoria en el mundo pueden ser de un tamaño espectacular, como el que planea realizar Michelle Bachelet en Chile, o más pequeños, como el museo District 6 en Sudáfrica, donde se muestran las antiguas viviendas de los pobladores negros expulsados durante el apartheid.

Siguiendo esta idea, pero aprovechando la tecnología, el artista Gustavo Buntinx ha presentado en Internet su proyecto “Micromuseo” <www.micromuseo.org.pe>, donde se han colocado en su integridad dos exposiciones de dos hechos de la guerra interna: la bomba que explotó en la calle Tarata, que dejó 25 muertos y 145 heridos (fotografías de Anamaría McCarthy), y el asesinato de nueve estudiantes y un profesor de La Cantuta por el Grupo Colina (intervenciones de Ricardo Wiesse).

La cultura en tiempos violentos


Los tiempos violentos que vivimos han sacado a la luz lo mejor de nuestros creadores en el cine, con películas como La boca del lobo (Francisco Lombardi, 1988), Paloma de papel (Fabrizio Aguilar, 2003), y la premiada con el Oso de Oro del Festival de Berlín, La teta asustada (Claudia Llosa, 2008). En la literatura están La hora azul de Alonso Cueto y Un lugar llamado oreja de perro, de Iván Thays, entre otros.

Pero es sin duda la muestra fotográfica “Yuyanapaq” (un testimonio del horror a través de sus protagonistas) la que se ha llevado las palmas desde que se inauguró en agosto del 2003, y ha sido reconocida por tirios y troyanos. Ubicada en la antigua casona de José de la Riva Agüero en Chorrillos, “Yuyanapaq” fue visitada por 200.000 personas.

Para el ex presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Salomón Lerner, “Yuyanapaq” es un reflejo de lo que somos como sociedad y de nuestras carencias y debilidades; entre otras, ser una sociedad dividida en donde hay muchos excluidos. Entonces, que fueran estos (los excluidos) los que morían “no sacudía la conciencia ni de los políticos ni de los ciudadanos cultivados, como sí pasó en Argentina o Chile, donde además hay más conciencia moral y discernimiento de sus gobernantes (como Bachelet). “Los que murieron allá [no fueron] los Mamani ni los Quispe, que apenas hablaban castellano”, indica Lerner.

Coincidiendo con Lerner, Vargas Llosa ha señalado que “Yuyanapaq” “muestra en fotos, películas, cuadros sinópticos y testimonios diversos la ferocidad demencial con que los terroristas de Sendero Luminoso y del MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), y, también, comandos de las Fuerzas Especiales y grupos de aniquilamiento –como el tristemente célebre Grupo Colina– sembraron el horror segando decenas de millares de vidas humanas inocentes y la impotencia y desesperación de los sectores más humildes y desamparados del país ante ese vendaval que se abatió sobre ellos desencadenado por el fanatismo ideológico y el desprecio generalizado de la moral y de la ley”.

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Manuel Ato
2009-03-17 15:41:47

De este gobierno y sus operadores políticos no se podía esperar otra cosa. No deja de sorprenderme sin embargo la colaboración indolente de Federico Kauffman Doig desde la Embajada del Perú en Alemania... Muy bueno el dato del micro museo de Gustavo Buntix, ¡muchas gracias!

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