

El viaje que terminó en ORO
El triunfo de La teta asustada en Berlín despierta varias interrogantes sobre el quehacer cinematográfico nacional: ¿cuánto cuesta producir una película en el país?, ¿cómo se financian?, ¿de qué depende su éxito? y ¿cuáles son sus posibilidades financieras?
HERRAMIENTAS
Sábado 14 de febrero. Siete y diecisiete de la noche en Berlín, Alemania. Una sorpresa generalizada se ha instalado en el Berlinale Palast, el gran edificio donde se está llevando a cabo la ceremonia de clausura del Festival de Cine de Berlín. El último premio de la ceremonia, el más importante, el trofeo correspondiente a la mejor película, estaba reservado para un filme que pocos tenían en cuenta. El Oso de Oro del festival ha caído en manos de La teta asustada y las exclamaciones de júbilo de los sudamericanos empiezan a escucharse en todo el mundo, mientras el resto del planeta se pregunta, intrigado: “¿de qué país es esta película?”.
Es que suena irreal. “¿Una película peruana ganó la Berlinale? ¿Seguro que es peruana?” Nadie lo cree. Ni siquiera la directora, en sus mejores sueños, imaginó lo logrado.
Y es lógico. El año pasado el premio fue a manos de una súper producción brasileña: Tropa de élite, cuyo costo superaba los US$ 6 millones. ¿Cómo, entonces, una película de presupuesto menor y perfil discreto pudo alcanzar este éxito? ¿No es acaso el Perú un país sin industria cinematográfica, sin tradición ni presencia en los festivales? ¿De dónde se explica que aparezca este filme peruano y se lleve todos los honores?
Si estamos hablando de una película que no contó con los US$ 10 millones de presupuesto que tuvo Mamooth, otro filme en competencia; si se trata de una película que no tenía a Michelle Pfeiffer como protagonista –actriz de Chéri, también en competencia–; entonces, ¿cómo ocurrió?
Aun sin saber claramente la respuesta, algo era seguro: por primera vez en la historia del cine peruano, los grandes productores y distribuidores de cine iban a voltear su mirada hacia el Perú, un país que ahora festejaba semejante victoria, un país que no está acostumbrado a honores de esa magnitud.
Tu país, tu primer aval
Como sucede en casi todo el mundo, también los cines españoles están atestados de películas de Hollywood. Por eso extraña ver cómo, en su segunda semana de cartelera, La teta asustada ingresó al top 20 de la taquilla ibérica, en un ascenso meritorio, aunque muy lejos aún de cintas como El curioso caso de Benjamin Button o Un chihuahua en Beverly Hills.
“Todo lo que no sea norteamericano, debe considerarse cine independiente; lo sabe usted, ¿no?”.
Uno reconoce en la voz de Manuel Pérez Estremera un lejano acento caribeño, consecuencia de los vínculos que don Manuel estableció con el cine cubano desde sus años históricos, los años de Fresa y chocolate o Guantanamera. Pocos saben que este madrileño de sesenta años fue el productor de esas míticas obras.
“Las películas latinoamericanas siempre son recibidas aquí con gran expectativa –señala el ex presidente del Festival de San Sebastián–. En los últimos años se comenta mucho del talento creativo que viene desde su continente. El problema es que son pocas las películas que pueden llegar a una vitrina mundial, como los festivales de cine. Y si llegan, no marcan una presencia continua”.
Pérez Estremera también ha sido presidente de Televisión Española y, además, productor de Canal+ España. Es por ello que habla con autoridad.
“La diferencia con España –apunta don Manuel– es que aquí nadie concibe que una película se financie sin un canal de TV que participe. Y menos aun que no participe ni el Estado ni las empresas privadas”.
“¿Yo no puedo venir únicamente con un buen guión a pedirles que ustedes me lo financien?”, preguntamos.
“Por más brillante que sea tu historia, tienes que tener un financiamiento de tu propio país. Si no tienes ese dinero, ninguna puerta se abrirá. Por el asunto monetario y porque no hay manera de saber que tú, cineasta peruano, tienes aval en tu país. ¿Cómo esperas que los extranjeros te apoyen si es que no has recibido el apoyo de tus propios compatriotas?”, responde Pérez Estremera.
De sus palabras se entiende que el panorama del cine peruano es incierto debido a los muy exiguos premios que existen en el medio. Encima, con la crisis mundial, las subvenciones han empezado a reducirse.
Suena bonito seguir soñando con más películas sudamericanas triunfando en el cine, pero por ahora no basta con la moda del cine latino. El cineasta, entonces, debe construir su edificio con lo que tiene, mirando hacia adentro.
Cine de explotación: una opción rápida
Primero hay que buscar financiamiento local. ¿Dónde encontrarlo? ¿Cómo puede conseguir un cineasta peruano dinero para su película?
Hay opciones, desde luego. La manera más rápida consiste en acogerse al amparo –y a las exigencias– de un productor todopoderoso, al estilo del viejo Hollywood.
No son muchos, pero esos productores existen en el medio. Ellos imponen sus decisiones en el guión, en los actores, en la distribución del filme, pero también ponen su dinero. Así el cineasta podrá tener su película lista, una película que apelará a la comercialidad más evidente, al formato televisivo y a la figuración de vedettes. Luego de dos o tres semanas de relativo impacto publicitario, esa película estará lista para pasar al olvido.
“Estas son las llamadas ‘exploitation movies’ –nos explica Ricardo Bedoya, el analista de cine más importante del país–. Y una cinta ‘exploitation’ en digital, con figuras de la televisión, puede tener un presupuesto de US$ 120.000. Bajo esta tendencia se hicieron Mañana te cuento o La gran sangre”.
Sin embargo, no siempre los chistes fáciles o las recetas de género son garantía de éxito. “La película Mañana te cuento puede seguir las fórmulas de Hollywood –continúa Bedoya–, pero el espectador se ha acostumbrado al estándar audiovisual y rápidamente te das cuenta de que la película tiene problemas técnicos evidentes”.
Quizás sea por eso que, aunque La gran sangre –película basada en una miniserie de TV de gran sintonía– aspiraba a 800.000 espectadores, solo pudo rozar los 200.000.
Igual, esta es una tendencia que va en aumento. Sin el apoyo suficiente del Estado ni de las empresas, esta parece ser la única alternativa de los cineastas para crear.
Claro que existe también otra manera de producir una película: a través de fondos internacionales y apoyos estatales. En el caso peruano, a través de Conacine, la entidad oficial que se encarga de impulsar los proyectos audiovisuales del país.
El factor Conacine
Según la Ley 26370, el gobierno peruano debe asignar S/. 7 millones anuales para la producción de películas. Con esta subvención estaría garantizada –en el papel, al menos– la existencia de una sólida cinematografía nacional. No obstante, durante años se ha venido entregando apenas S/. 800.000 anuales, o ni eso. Es recién desde hace unos meses que el monto gubernamental entregado ha aumentado a S/. 3 millones, gracias a la esforzada labor de la actual presidenta de Conacine, Rosa María Oliart.
“La única dificultad que he encontrado desde que llegué es en el tema presupuestal, tanto para los concursos como para otras actividades fundamentales de fomento”, afirma Oliart, quien también tiene a cargo la misión de repartir ese dinero con buen tino, esquivando cualquier rencilla entre los cineastas.
“Cuando el proyecto de La teta asustada se presentó al concurso de producción de Conacine, muchas voces locales protestaron –recuerda Oliart–. Dijeron ‘no es justo que este proyecto reciba el premio porque esta película no es peruana, tiene mayoritariamente capitales extranjeros’”.




