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Slim Times

¿Qué hay detrás del préstamo por 250 millones de dólares del empresario mexicano a The New York Times?

Por José Fernando López

HERRAMIENTAS

Estaremos asistiendo a una versión corregida y aumentada de la obra de Prokófiev, Pedro y el lobo? El 4 de mayo del año pasado los diarios ingleses reportaron que Carlos Slim había adquirido el uno por ciento de las acciones de la compañía Independent News & Media (INM), propietaria, entre otros, del diario The Independent de Londres. Para esa época, ya los precios de las acciones de INM –como los de la mayoría de las grandes empresas de medios– venían en caída. De 3.67 euros por acción el 15 de junio de 2007, la cotización había disminuido por debajo de los dos dólares a comienzos de mayo de 2008.

La operación –por una valor estimado en 18 millones de euros– dio lugar a varias especulaciones. Una era que Slim había adquirido el paquete de acciones de The Independent como un as a guardar bajo la manga para una posible negociación con Denis O’Brien, propietario de Digicel, el mayor operador de telefonía móvil en el área del Caribe (y competido de Slim en la zona). O‘Brien, quien ha estado tratando de adquirir INM desde hace varios años, ha logrado acumular el 20 por ciento de las acciones y sostiene una pugna por su control con el empresario irlandés Anthony O‘Reilly, que tiene 28 por ciento de las acciones.

La otra es que se trataba de una inversión financiera. Para la época de la compra, el precio de las acciones había caído casi 50 por ciento respecto del pico alcanzado a mediados de 2007, y una de las estrategias seguidas por Slim desde que acumuló su primer capital ha sido comprar activos a la baja para venderlos cuando suban de precio. Dados los cambios en el mercado de medios, sin embargo, es difícil que los títulos recuperen el nivel que llegaron a tener. De hecho, entre mayo de 2008 y finales de enero de este año, el precio de las acciones de INM en la bolsa de Londres ha bajado 86 por ciento más.

No habían pasado ocho días desde el anuncio de la compra de las acciones de The Independent por parte de Slim, cuando el diario en línea El Confidencial, de España, anunció que el Grupo Prisa –propietario, entre otros, del rotativo El País– había entrado en conversaciones con el empresario mexicano para venderle la unidad de televisión por paga Digital Plus. Prisa acababa de adquirir a Sogecable –que además de la plataforma Digital Plus era dueña del Canal Cuatro de televisión abierta– y había incurrido en una costosa deuda.

La información –que no fue confirmada por ninguna de las partes– mencionaba la participación en las conversaciones del ex presidente Felipe González, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), copartidario y amigo de Juan Luis Cebrián –director general del Grupo Prisa–, y consejero y amigo desde hace varios años del empresario mexicano. La negociación, sin embargo, no se materializó y Prisa sacó a concurso la venta de Digital Plus. Al final sólo recibió una oferta de un consorcio compuesto por Vivendi de Francia y Telefónica de España (el mayor competidor de Slim en América Latina), pero apenas llegó a 1,800 millones de euros, según los medios especializados, aunque Prisa dice que no la venderá por menos de 2,500 millones. La operación fue suspendida, al menos por el momento.

Slim, sin embargo, no se quedó quieto, y el 4 de septiembre del año pasado anunció que había comprado un paquete de acciones del diario The New York Times, considerado uno de los periódicos más importantes del mundo. En su declaración ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) dijo haber adquirido, a través de Inmobiliaria Carso (y en beneficio suyo y de sus seis hijos) un total de 9’100,000 acciones de The New York Times Co., empresa dueña de The New York Times y de The Boston Globe, entre otros valiosos activos. El paquete representaba 6.4 por ciento de los títulos de la compañía, lo que convertía a la familia Slim en el tercer accionista más grande de la empresa.

Consultado sobre los motivos de la compra –valorada en unos 128 millones de dólares– Slim aseguró a los reporteros de los medios mexicanos que la misma no tenía ningún valor estratégico, y que se trataba solamente de una apuesta financiera. En el momento de adquirir las acciones, su cotización rondaba los 14 dólares, su precio más bajo en una década, y casi la cuarta parte de la cotización alcanzada en junio de 2002, cuando llegó a 51.50 dólares por unidad. Como en el caso de The Independent, no obstante, la acción siguió bajando y al finalizar enero estaba por debajo de los cinco dólares, lo que quiere decir que el valor de la inversión se había reducido a una tercera parte (hoy esas acciones de Slim están valoradas en 58 millones de dólares).

Los medios escritos están atravesando por una difícil situación en el mundo, y más en Estados Unidos, debido a una fuerte caída en los ingresos por publicidad y a una disminución en sus ventas, provocadas por la creciente competencia de la información online y por la desaceleración de la actividad económica. En diciembre, Tribune Co., una de las mayores empresas editoriales del país –dueña, entre otros, de Los Angeles Times, el Chicago Tribune, el Orlando Sentinel y el Hartofor Courant– se acogió a las leyes de protección contra la bancarrota. Lo mismo pasó hace pocas semanas con el Minneapolis- St. Paul Star Tribune. De acuerdo con una estimación de Barclays Capital, los ingresos por publicidad podrían caer 17 por ciento en 2009 y 7.5 por ciento adicional en 2010.

ALTOS INTERESES

Por eso no dejó de ser una sorpresa cuando a mediados de enero corrió la versión de que Slim estaba de nuevo en negocios con la compañía editora de The New York Times, y más aún cuando se supo de qué se trataba: un préstamo a seis años por 250 millones de dólares, por el cual el empresario mexicano recibiría un interés de 14.053 por ciento anual, más un paquete de opciones (o warrants) para adquirir 15.9 millones de acciones –divididas por partes iguales entre la Inmobiliaria Carso y el Grupo Financiero Inbursa, y en beneficio directo del empresario y sus hijos– antes del 15 de enero del año 2015.

A pesar de que ya para entonces estaba perfectamente claro que la economía de Estados Unidos había entrado en un periodo de recesión y que el crédito bancario se había secado prácticamente después de que estalló la crisis financiera, las condiciones del crédito llamaron la atención de los especialistas. Tres meses antes, cuando Goldman Sachs necesitaba urgentemente 5,000 millones de dólares para sobrevivir, Warren Buffett había conseguido asegurar un dividiendo de 10 por ciento –considerado alto en ese momento– sobre un paquete de acciones preferenciales de la empresa.

La decisión del The New York Times Company de pactar el crédito en esas condiciones –que Gawker, un popular blog de medios de Manhattan, asimiló con los préstamos subprime que llevaron a la crisis inmobiliaria en Estados Unidos– refleja no sólo la situación del mercado, sino la urgencia que tenía el diario de conseguir el dinero. A septiembre del año pasado –últimos datos contables disponibles–, The New York Times Company sólo poseía 46 millones de dólares en efectivo y un total de 1,100 millones de dólares en deuda de corto plazo, de los cuales tenía que pagar 400 millones en mayo de ese año. Y las opciones de conseguir ese dinero parecían escasas.

Si bien la compañía no ha querido hacer grandes recortes, para no afectar la calidad de sus publicaciones –en particular la de The New York Times– en noviembre del año pasado redujo a una cuarta parte los dividendos a sus accionistas –con lo que los miembros de la familia Ochs-Sulzberger, que ha manejado el periódico durante más de 100 años y posee todas las acciones con derecho a voto, dejaron de recibir más de 18 millones de dólares– y ha tratado de vender otros activos –como su participación en el equipo de béisbol las Medias Rojas de Boston, y su propio edificio corporativo en el área de Manhattan–. La situación no permitía espera.

Aunque la directora general de la empresa, Janet Robinson, aseguró en una nota publicada por su propio matutino, que “este acuerdo nos proporciona un aumento en nuestra flexibilidad financiera para continuar ejecutando nuestra estrategia de largo plazo… [y para] continuar explorando otras iniciativas financieras y enfocarnos en reducir nuestra deuda a través de la generación de efectivo de nuestro negocio y otros pasos decisivos”, hay quienes aseguran que si la situación de la publicidad no mejora, la compañía se verá forzada a realizar drásticos recortes para poder cubrir todas sus obligaciones.

De acuerdo con una nota publicada por The Wall Street Journal, los ingresos netos de la compañía en el tercer trimestre del año pasado –todavía no hay datos para el cuarto– cayeron 51 por ciento respecto los de 2007. Y la caída en las ventas se viene acelerando. En noviembre, según el artículo, las ventas cayeron 21 por ciento comparado con las del año anterior. En octubre habían caído 16.2 por ciento y en septiembre habían caído 13 por ciento. No en vano la propia señora Robinson aseEFEguró en diciembre que el año 2009 “será uno de los más difíciles que hemos enfrentado”.

COMPRAS BARATAS

¿Por qué entonces –después de “perder” más de 70 millones de dólares de su primera inversión en menos de tres meses– Carlos Slim insiste en hacer negocios con The New York Times? Como él no lo dice claramente, las interpretaciones han sido muchas: desde la obvia, recogida por Alice Gomstyn de ABC News, de que lo hace porque puede –para eso es el segundo hombre más rico del mundo según la revista Forbes– hasta el deseo de buscar el control de la publicación, pasando por la confianza en los actuales administradores de la compañía.

Pero la más difundida es que se trata, nuevamente, de una inversión puramente financiera. Primero, porque la rentabilidad es alta. Si se tiene en cuenta que al valor del préstamo hay que deducirle el precio intrínseco de los warrants, que la misma empresa valoró en 21’147,000 dólares, el interés es de 15.3 por ciento anual: 35.1 millones de interés nominal (14.053 por ciento de 250 millones) dividido por 228.8 millones (250 millones menos el precio intrínseco de los warrants). Y segundo, porque los warrants le dan la oportunidad de adquirir un paquete de 15.9 millones de acciones a un precio de 6.35 dólares por unidad –menos de la mitad de lo que le costaron las que compró en septiembre–.

No sería la primera vez que Slim hace este tipo de apuestas. A nivel internacional, el caso más mencionado –aunque no el único– es el de MCI. En 2002, Slim aprovechó el derrumbamiento de los bonos de MCI –antigua WorldCom– para convertirse en el principal accionista de la compañía con un 13 por ciento del total de sus títulos. En abril de 2005, vendió su participación a Verizon, por una suma superior a los 1,100 millones de dólares –con una utilidad aproximada a los 1,000 millones de dólares, según se estimó en ese entonces–. La diferencia estriba en que, en esa época, MCI tenía serios problemas financieros, pero la industria de telecomunicaciones estaba en pleno auge. Ahora es todo el sector de periódicos el que está en dificultades.

Más recientemente, y también aprovechando la caída en el precio de las acciones, Slim fortaleció su participación en Sacks –de la que hoy tiene 18 por ciento y es el mayor accionista– y adquirió cerca de uno por ciento de las acciones de Citigroup, con una inversión cercana a los 150 millones de dólares. Pero no siempre le ha ido tan bien. En el año 2000 adquirió la cadena de venta de artículos electrónicos CompUSA por cerca de 800 millones de dólares y la empresa no dejó de perder valor hasta que finalmente decidió cerrarla a finales del año 2007. Y en la que algunos analistas consideraron su mayor muestra de genialidad –la compra de acciones de Apple en 1997– no logró una ganancia significativa por haberla vendido demasiado rápido. Pero en general la fórmula de comprar empresas en problemas a precios de ganga, y después darles la vuelta, le ha dado muy buenos resultados.

La versión según la cual el negocio con The New York Times es una apuesta financiera, fue reforzada por las declaraciones de su yerno y vocero, Arturo Elías Ayub, en el sentido de que Slim no tiene ninguna intención en participar en el manejo del diario. Según él: “Nosotros consideramos cualquier inversión que tenga sentido desde el punto de vista financiero, sea un periódico… o un banco”. Esa declaración, sin embargo, causó un gran malestar en círculos periodísticos estadounidenses. Turku Varadarajan escribió una columna para Forbes donde aseguró que el negocio de la información no se puede comparar con una armadora de carros –por ejemplo–, porque el periodista, a diferencia del obrero en la línea de ensamble, no trabaja sólo para la compañía que paga su salario, sino que trabaja “para su audiencia, para sus lectores, para la sociedad”.

Y ésa no fue la única reacción negativa que generó el anuncio del préstamo a The New York Times. Andrés Martínez, periodista de origen mexicano que fue redactor del periódico neoryorquino y editor de las páginas de opinión de Los Angeles Times considera muy negativa para el diario de Nueva York su asociación con un hombre de negocios como Slim y menciona la posibilidad de que el impreso pudiera incluso perder la independencia de su línea editorial (ver artículo en esta edición).

El periódico The Seattle Post fue todavía más allá y escribió un editorial para cuestionar la operación, considerándola un riesgo para la seguridad nacional. “Se ha dicho que el préstamo por 250 millones de dólares de Carlos Slim a The New York Times no tendrá ninguna influencia en el manejo de las noticias y la opinión en Estados Unidos. Es posible que así sea, pero hubiera sido mejor que la duda nunca se hubiera presentado… La movida es abominable. La propiedad cuenta. Slim es un capitalista con una cercana relación con el Estado mexicano. Está comprando una participación sustancial en el periódico políticamente más influyente de Estados Unidos, y tiene la riqueza necesaria para comprarlo todo”.

¿DUEÑO DEL TIMES?

Al igual que sucedió el año pasado, cuando corrió la noticia de que Slim se había convertido en el hombre más rico del mundo, el anuncio del préstamo a The New York Times Co., prendió las alarmas y puso al empresario mexicano en la mira de todos los medios de comunicación en el mundo. Y como casi siempre que se habla de él, casi todos mencionaron la forma como se apropió de Telmex y el monopolio que mantiene desde entonces en el negocio de la telefonía mexicana. Hay quienes se preguntan, incluso, si ganar unos pesos más justifica todo eso. Según escribió Michael Learmonth en la publicación especializada Advertising Age, “el señor Slim no necesita el dinero y ciertamente no puede querer el escrutinio que una inversión tan grande tiene que traer inevitablemente. ¿Entonces, qué es lo que quiere Slim con el Times?”. O puesto de otra manera, ¿por qué alguien tan hábil para identificar posibilidades de inversión en tiempos de crisis y con miles de millones de dólares en caja, decide meterse en una industria en la que ya ha sufrido grandes pérdidas?

Es de ahí que surgen versiones diferentes a la de la simple apuesta financiera. Comenzando por la más radical –y la que confirmaría las dudas de muchos analistas–: que lo que quiere Slim es quedarse con The New York Times. Muchos han descartado dicha posibilidad por el hecho de que la familia Ochs-Sulzberger mantiene rígidamente controladas las acciones tipo B de la compañía, que son las que dan el derecho a voto y han negado que las quieran vender. Pero ya hay algunos, como Robero MacMillan, de Reuters, que se preguntan “¿cuánto tiempo podrá seguir la familia en el negocio?”, y recuerda que “múltiples reportes y comentaristas de prensa se han preguntado si la familia tendrá el estómago necesario para mantenerse envuelta en el negocio a pesar del desplome en el valor de sus acciones”.

Ejerciendo los warrants que vienen unidos con el préstamo, y una cláusula adicional que permite a The New York Times Co, pagar hasta un tres por ciento de su deuda en especie –léase acciones– Slim estaría en una fuerte posición negociadora en el caso extremo –descartado por muchos, pero no por eso inevitable– de que la empresa tenga que acogerse en algún momento a la ley de bancarrota. Curiosamente, el préstamo tiene otra cláusula, que restringe la venta de activos relacionados directamente con el negocio, lo que, de acuerdo con Greg Bensinger, de Bloomberg, “limita la capacidad de la compañía de fusionarse o consolidar sus operaciones con otra compañía”.

Otros analistas mencionan la insistencia con que los voceros del empresario han dicho que a Slim no le interesa buscar una posición en la junta directiva de la empresa –como sí lo hizo el fondo Harbinger Capital Partners, que después de acumular 20 por ciento de las acciones de la firma presionó hasta lograr dos asientos en la junta– ni inmiscuirse en el manejo de su línea editorial. Pero Slim es un jugador de largo plazo –como lo muestra la constancia con que ha ido acumulando obras de arte a lo largo de los años, hasta convertirse, según la publicación especializada ARTnews en el noveno coleccionista más grande del mundo– y es posible que, en realidad, no le interese la empresa como existe hoy en día. Pero eso no quiere decir que no le importe en general.

En una entrevista con el canal de televisión estadounidense CNBC, concedida después de su primera inversión en la empresa –y citada en un artículo reciente de Andrew Ross Sorkin, periodista del diario neoyorquino– Slim aseguró el año pasado refiriéndose a The New York Times: “Pienso que es un gran periódico, el mejor del mundo. Una gran marca”. Y a renglón seguido explicó su inversión: “No es lo que ustedes piensan. Lo que está declinando es el papel. No las noticias. Las noticias, la información, el contenido… miren el éxito de Google. Y yo pienso que The New York Times está haciendo un gran trabajo en la era de la información digital”.

Lo importante para Slim son los contenidos. Y la razón no podría ser más clara. Según Eduardo García, director de la publicación en línea Sentido Común, “la combinación Slim-The New York Times tiene mucho sentido si se considera que el empresario mexicano cuenta con el expertise y la propiedad de diversas redes de telecomunicaciones que podría utilizar para difundir y vender los contenidos que elabora la casa editorial estadounidense. Aunque nadie hasta ahora ha podido encontrar el modelo de negocio que haga rentable la operación de un periódico como The New York Times por internet, tal vez con la creciente combinación de servicios de telefonía, televisión por cable y acceso a internet, así como el creciente uso de la telefonía móvil, Slim pueda encontrar la forma de explotar esos contenidos”.

Julio Rumbaut, consultor de medios latinos en Estados Unidos y presidente de Rumbaut & Company, dijo a PODER que “Slim se da cuenta de que la forma de distribuir la información en Estados Unidos y en el mundo va a cambiar, y se da cuenta de que hay algunos productores de contenidos de prensa como The New York Times o Los Angeles Times, o El País de España, que tienen una buena marca y una gran infraestructura, y él ve en ese tipo de compañías el futuro de los medios. Yo creo que piensa que para hacer efectivo el contenido es necesario alguien que tenga estructura y marca. Con la proliferación de nuevos medios, los generadores de contenido con marca y estructura serán los que sobrevivan y tendrán más mercado que ahora. The New York Times supongo que estará ahí todavía”.

PRÓXIMA PARADA

No es fácil meterse en la cabeza de un hombre como Slim, pero a estas alturas ya no son muchos los que dudan que su interés por los medios sea genuino –aunque sea tan sólo por ser una extensión natural del negocio que lo ha convertido en el hombre más rico del mundo–. Y eso no deja de ser paradójico en un personaje que ha tenido siempre una relación distante –y poco profesional– con los medios. No sólo suele dar muy pocas entrevistas, sino que el filtro para llegar a ellas es su secretaria personal. “Lo que me extrañó siempre de Slim es que no tenga, hasta donde yo sé, una firma especializada en comunicación detrás. Cómo un hombre tan poderoso como él puede confiar los asuntos de comunicación estratégica con su secretaria, por más leal o capaz que sea”, dijo a PODER un corresponsal estadounidense.

Bien pensado, sin embargo, sí tiene que haber alguien que lo esté asesorando en materia de comunicación estratégica. Y en particular en el tema de los nuevos medios. Poco tolerante –en las escasas reuniones que sostiene con los periodistas– a las preguntas sobre el monopolio que ejercen algunas de sus empresas, decidió montar su propio sitio de internet –con el nombre carlosslim.com, que tuvo que pelear en las cortes con Ahmad Rusli, un indonesio que había reservado el dominio con el fin de vendérselo al magnate por 50 millones de dólares– en el que pretende dar respuesta a todos los interrogantes sobre el origen de su fortuna y la naturaleza del mercado en el que se desenvuelven todas sus actividades.

Ahora, lo que queda es esperar su próximo paso. Y ya son muchos los que apuestan a que esta vez los anuncios se harán en español. El Grupo Prisa es, por decirlo de alguna manera, un objetivo natural para Slim. Si lo que busca son gangas, las acciones del grupo están cotizadas hoy en día en su mínimo histórico. El grupo presidido por Ignacio Polanco ha perdido en un año más de 80 por ciento de su valor en bolsa, con lo que a cierre de finales de enero su capitalización bursátil apenas alcanza los 421 millones de euros. Los inversores están preocupados, no sólo por la difícil situación que atraviesa el sector como consecuencia del desplome de la inversión publicitaria –los ingresos por publicidad de El País, por ejemplo, bajarán en 2008 en torno a 16 por ciento–, sino por el complicado futuro de Prisa como consecuencia de su fuerte endeudamiento.

En marzo, el grupo tendrá que hacer frente al pago de un crédito de 2,000 millones de euros, de una deuda total que asciende a 5,000 millones de euros. Una solución parcial pasaría por conseguir la venta de Digital Plus, pero las negociaciones con Vivendi están detenidas, ya que Juan Luis Cebrián dice que no está dispuesto a realizar una mala venta de su plataforma de televisión digital. Ahora Prisa anda buscando alternativas, como socios para Mediacapital o su editorial Santillana.

El cronómetro sigue corriendo en contra de Prisa y eso hace una situación inmejorable para Slim, porque si lo que busca son medios con infraestructura y con marca, Prisa los tiene todos. En los últimos días ha corrido la versión de que su interés principal estaría en la cadena SER (ver artículo), pero no se descarta que siga interesado en Canal Plus y, por qué no, en el grupo como tal. Pero, además, y esto es quizá lo más importante, en España está su mayor competidor hoy en día y hacia el futuro: Telefónica.

Hay quienes dicen, incluso, que es en España donde estaría el mayor interés del empresario mexicano por los medios. Pero sería también el país donde podría encontrar una mayor resistencia. Por eso, algunos analistas señalan que a pesar de que sus inversiones en The Independent News Media y The New York Times Co. –cerca de 400 millones de dólares en total– representan menos del uno por ciento de toda su fortuna, le permitirán aparecer como un “inversionista de medios” y no solamente como el competidor de Telefónica en el momento en que decida hacer su desembarco en el país ibérico. Cuando lo haga, habrá todavía muchos que digan que lo hizo por la ganga, porque las acciones están por el piso y Slim es un mago para aprovecharse de los mercados en baja. Pero ya pocos les creerán, porque el lobo habrá dado su zarpazo.

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laura portillo
2010-01-16 21:08:39

Ing. Slim, no deja de sorprenderme, me caso con unsted maana. Que bonitos ojos...

laura
2010-01-18 22:06:50

Carlos Slim es el esposo perfecto, porque lo critican tanto ENVIDIOSOS, en lo personal, todos quisieramos paresernos un poquito a el. quiero ser la fundadora de las admiradoras del Ingeniero.

Juan Antonio
2011-02-14 21:33:06

El Ing. Slim es un hombre admirable y un ejemplo a seguir.