

Un salvavidas comprometedor
El préstamo de Slim al diario The New York Times podría afectar su línea editorial.
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Carlos Slim Helú rescata a The New York Times”. Mi primera reacción con el encabezado fue de orgullo, como mexicano y como gran admirador (y ex editorialista) del diario neoyorquino. La familia Sulzberger se apoyó en capital mexicano para mantener su control sobre la empresa, cortesía de un préstamo de Carlos Slim por 250 millones de dólares.
Pero el orgullo no me duró; la nota me dejó un mal sabor de boca luego de una corta reflexión. Después de todo, la asociación Sulzberger-Slim no resalta la importancia de México. Por el contrario, es muestra de que el país sigue sin estar en el radar de las elites del mundo periodístico e intelectual de Estados Unidos, un país en el que los Sulzbergers pueden encontrar pesos gratis. No gratis en el sentido literal –Slim les va cobrar una tasa de interés de 14 por ciento– sino simplemente en el sentido de que pocos críticos van a acusar a The New York Times de haberse enredado en un conflicto de interés complicado, uno que ponga en peligro la famosa independencia del diario.
Eso es lo insultante. It’s México, who cares… and who knows how people make their money down there. Tengan por seguro que The New York Times jamás haría un arreglo parecido con un empresario estadounidense del mismo o similar perfil. Bueno, si hubiera tal empresario. En 2007, cuando Slim fue proclamado el hombre más rico del mundo, por encima de Bill Gates y de Warren Buffett, con una fortuna aproximada a los 60,000 millones de dólares, la revista Forbes puso en contexto la riqueza de Slim: para ser tan ricos en su país como Slim es en el suyo, Gates o Buffett deberían tener fortunas cercanas a los 800,000 millones de dólares. Ningún magnate estadounidense –ni JP Morgan, ni Carnegie, ni Rockefeller– soñó jamás con tener el dominio de la economía nacional que ejerce Slim: cerca de siete por ciento del producto doméstico.
Tengan por seguro, también, que The New York Times jamás haría un arreglo similar con un empresario del mismo perfil de Rusia, Israel, Arabia Saudita, China o cualquier otro país considerado de importancia en el ámbito periodístico estadounidense. Porque, entonces sí, habría preguntas incómodas sobre influencias, conflictos de interés y apariencias problemáticas a la hora de informar.
El diario The New York Times atraviesa por un gran momento periodístico, acompañado por una crisis fatal en su modelo de negocios, al igual que el resto de su industria. Lectores y anunciantes continúan migrando hacia internet, y el diario, sumamente endeudado, no encuentra la forma de cobrarles adecuadamente en el nuevo mundo digital.
El préstamo de Slim, quien ya había adquirido 6.9 por ciento de las acciones de The New York Times en 2008, le da un poco de tiempo y espacio a la familia Sulzberger. Sobre todo, les permite obtener capital sin tener que diluir su control sobre la empresa. Es cierto que Slim adquiere el derecho de quedarse con casi 20 por cierto de las acciones de la compañía, pero de las acciones sin derecho a voto. Slim no exige nada en relación con el control directo de la empresa. La familia dueña mantiene su dominio sobre las acciones preferenciales con derecho a voto, y su control sobre el consejo de administración. El anuncio del diario sobre el préstamo –hecho pública la víspera de la toma de posesión de Barack Obama–, sugiere que a Slim ni siquiera lo dejarían entrar a la nueva torre del Times, sobre la octava avenida de Manhattan, si se aparece por allí algún día.
Para The New York Times, aparentemente, los dólares de Slim son incondicionales. Pero ése es el tipo de suposiciones que el diario critica en otras instituciones. La aparición de un enorme conflicto es inevitable. Si la familia Sulzberger mantiene su independencia y control gracias tan sólo al apoyo de un multimillonario mexicano, ¿no se tratará de una independencia ficticia?
No sugiero que Slim tenga muchas ganas de estorbar en Nueva York. A él, la simple asociación le da un prestigio enorme. Slim invierte en The New York Times por la misma razón por la que se asoció con la fundación Clinton, y por la misma causa que los oligarcas rusos compran equipos de futbol europeos. Son maneras de legitimar fortunas a nivel internacional. Si el New York Times considera que el monopolista mexicano es un socio digno, ¿qué pueden decir de él en México?
Lamentablemente, todo indica que The New York Times seguirá haciéndole poco caso a México, al problema de los monopolios y a la falta de voluntad del gobierno para desarrollar políticas que promuevan una verdadera competencia. En buena medida, la falta de interés va a ser producto de la negligencia tradicional; pero ahora va oler a conspiración, aun en el caso de que ésta no exista. Slim va a ganar, incluso, cuando se le critique en el diario, porque eso le va a permitir presumir sobre su responsabilidad como accionista y decir que en México no tienen porqué quejarse de él. En 2007, antes de la primera inversión de Slim en el diario neoyorquino, el editorialista Eduardo Porter lo describió como un robber baron. A ver si lo describe ahora como un robber savior.
Y si no hay notas críticas sobre Slim en el diario, no será porque las censuren. La realidad periodística es más sutil. De pronto al corresponsal del periódico en México, a quien le sobran ideas de artículos para desarrollar –y sabiendo que sus editores tienen poco apetito por las notas de México–, le parece buena idea borrar de su agenda todo lo relacionado con Calderón administration, business monopolies. Y no porque alguien se lo diga… ¿para qué complicarse la vida, habiendo tantas buenas ideas?
Es más, The New York Times se va a enterar de que el enredo con Slim no sólo le complica la credibilidad respecto a México. No dejará de ser una ironía cuando The New York Times, financiado por ‘Don Telmex’, critique en sus páginas editoriales a ciertos monopolios en la industria estadounidense. Y cuando investigue y juzgue privatizaciones carentes de transparencia en Irak o Afganistán, o cualquier otro tipo de favoritismo donde el Estado les dé ventajas a personas o empresas que han apoyado al gobierno, ¿que dirán los investigados? ¿Que Slim, el salvador del New York Times, es su inspiración?
El prestigio de The New York Times, The Wall Street Journal y The Washington Post siempre ha estado ligado con la independencia de esas instituciones. Eran compañías controladas tradicionalmente por una familia que no tenía otros intereses que manejar los diarios. Es triste que la situación económica ya no les permita mantener tal independencia. Pero, qué, ¿no había otro salvavidas menos comprometedor?
A Slim le van a dar un generoso 14 por ciento por su capital, pero me temo que a largo plazo lo que va pagar el famoso diario en términos de prestigio le resultará aún más costoso.
2010-09-01 20:18:05
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