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13 de enero de 2009

Contra la obesidad

Entró en vigencia el Código de Autorregulación de la Publicidad de Alimentos y Bebidas (Pabi). Si los legisladores no ven cambios en febrero algunos mensajes podrían ser limitados.

Por Rocio Tapia Hernandez


El sobrepeso y la obesidad se han convertido en una preocupación muy seria para autoridades y empresarios. Su costo directo e indirecto, traducido en pérdidas de productividad, se estima en más de 144,000 millones de pesos para el periodo 2000-2008, según datos de la unidad de análisis económico de la Secretaría de Salud contenidos en el estudio Obesidad y consumo en el marco de la publicidad comercial, presentado en el II Foro Iberoamericano de Agencias Gubernamentales de Protección al Consumidor. Según el estudio, entre 1999 y 2006 el consumo de bebidas azucaradas en los niños de edad escolar casi se triplicó.

A contracorriente de lo que ocurre en otros países, el cambio en el patrón de compra de alimentos en México reporta una caída de 29.3 por ciento en frutas y verduras, y de 26.7 en la leche, mientras el refresco creció 37.2. En promedio, las empresas fabricantes de estos productos industrializados gastan hasta siete por ciento de sus ganancias brutas en mercadotecnia y publicidad.

Un análisis de la Dirección de Promoción de la Salud, que tomó como muestra todos los comerciales transmitidos del 28 de julio al 1 de agosto de 2008, de las 14:00 a 19:00 horas de un canal abierto, encontró que 356 anuncios fueron de alimentos y bebidas dirigidos al público infantil; los impactos anuales son más de 20,000.

El reporte Mercadotecnia de alimentos para niños y adolescentes, del Instituto de Medicina de Estados Unidos, sostiene que las presiones del mercado con la saturación de mensajes publicitarios son un factor que fomenta conductas de riesgo para la salud y que los pequeños están mayormente expuestos a los medios masivos de comunicación, principalmente la televisión.

No extraña entonces el desalentador panorama que dibuja la más reciente Encuesta de Salud y Nutrición: 26 por ciento de la población escolar, entre los cinco y 11 años de edad, padece obesidad y sobrepeso. La Organización Mundial de la Salud urge atacar el problema y da recomendaciones al sector público y al privado conforme a la estrategia mundial sobre régimen alimentario.

México cuenta con normas sanitarias sobre comercialización de alimentos y bebidas, como el reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Publicidad, pero sus lineamientos no están focalizados a la niñez, aun cuando el propio secretario de Salud, José Ángel Córdova, reconoció que 40 por ciento de la publicidad que se transmite propicia obesidad.

Este contexto inspiró el trabajo conjunto del gobierno y las principales organizaciones del sector privado asociadas al consumo. Acordaron la firma del Código de Autorregulación de la Publicidad de Alimentos y Bebidas (Pabi) que entró en vigencia el 1 de enero y cuyo cumplimiento estará en manos del Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria (Conar).

BOTANA, NO ALIMENTO

Muchos ven la propuesta con buenos ojos, pero hay cierto escepticismo por la forma de evaluar. La empresa adherente que no respete el código será retirada del Conar y su incumplimiento será exhibido públicamente (aunque sin castigo económico). Habrá revisiones mensuales con base en monitoreos, se harán evaluaciones cuatrimestrales con la Secretaría de Salud y la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco). La primera será en abril, y ahí se tratarán asuntos relacionados con posibles sanciones.

Guillermo Tamborrel, presidente de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables de la Cámara de Senadores, señala que en la protección del sano desarrollo de los mexicanos, un punto crucial es su alimentación y, si esta medida no contribuye, “tendremos que ponerlo en ley, y todos aquellos que dañen a los menores de edad serán sancionados, sus productos no podrán publicitarse”.

Ingeniero químico de profesión, aplaude la iniciativa como un primer paso y opina que debería incluirse los trastornos de anorexia y bulimia. “Espero que los anunciantes estén convencidos de dar una nueva visión a sus productos ya que de no hacerlo nos veríamos forzados a legislar. No necesitamos eliminar los alimentos comúnmente llamados chatarra, pero deben utilizarse [sólo] como una botana”.

Dice que si en febrero no ven cambios en las estrategias publicitarias, en el próximo periodo ordinario se tomarán medidas.

Para Rafael Anzures, subprocurador de servicios de la Profeco, el código Pabi no planea eliminar productos, sino ordenar la publicidad para que no haya tendencias a un consumo excesivo. En términos éticos, afirma, un preanálisis de los anuncios para niños indica que 40 ó 50 por ciento pueden estar infringiendo lo que establece el código, “no son cifras oficiales pero es un primer ejercicio”.

La Profeco, asegura, seguirá ejerciendo su función de análisis y monitoreo para verificar que la publicidad no sea engañosa o abusiva, si encuentran alguna violación a las leyes actuarán al respecto.

EL PABI

El objetivo del código Pabi es claro: establecer lineamientos de verificación de la publicidad dirigida al público infantil con la idea de que sirva como una herramienta que fomente una alimentación correcta e influya hacia una actitud más saludable.

Por lo pronto, 28 empresas de ConMéxico –que representan casi 80 por ciento de la publicidad en la materia– se adhirieron, y durante los últimos tres meses sus áreas vinculadas a la publicidad recibieron capacitación. A la par se realizó un monitoreo para saber qué tipo de prácticas deben ser eliminadas.

Los contenidos de publicidad infantil, dice Lorena Cerdán, de ConMéxico, mismo que agrupa a las mayores empresas procesadoras de alimentos, no intentan enseñar cómo comer; en todo caso, buscan promover estilos de vida saludable. Buena parte del código se retomó de la experiencia en España, país que lleva casi cuatro años con este tipo de regulación.

“Es un código de ética, no pensamos en sanciones económicas porque las empresas estarán sentadas con sus competidores y verán lo que el otro haga. Al adherirse ganan reputación, el incumplimiento se paga con descrédito público”, afirma Cerdán.

Para que el índice de obesidad en los niños deje de avanzar tendrá que transcurrir un lustro. Así lo estima Ana Bertha Pérez, directora del departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana. “Ya no que no bajen de peso, sino que no aumenten las cifras de obesidad, al menos necesitamos cinco años. Esta situación debe entrar en la agenda política de un sexenio a otro”.

Recuerda que de 10 años a la fecha ha aumentado el sobrepeso por cuestiones multifactoriales, pero no se debe olvidar que los niños pasan gran parte del día en casa viendo la televisión. No se trata, subraya, de decirles que algunos alimentos son buenos o malos, sino hacerlos pensar que si consumen de más, ellos subirán de peso.



Tabita
2009-02-09 21:37:26

Me parece muy bien la propuesta, hay que tomar medidas al respecto. La verdad es que en México se consumen demasiados refrescos y, con una comida tradicional tan rica, la gente siempre termina comiendo chatarras envasadas o instantáneas como las sopas estas del vasito de anime.

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